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Millennials 04 de Agosto de 2018

La alegría del trópico en el diseño de Tatiana Robles

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Foto: Orlando Amador.

Tatiana posó para el lente de Gente Caribe en compañía de su mascota, Tokyo.

Daniela Murillo Pinilla @DanielaMurilloP

Cuando era una niña, Tatiana Robles no jugaba “a la cocinita” ni a “imaginar largas historias” con sus muñecas en su habitación. Lo suyo siempre fue entretenerse haciendo ropa, buscar las nuevas tendencias y descubrir nuevos colores que pudiera combinar en cada uno de sus atuendos. Es por ello que apenas se graduó del colegio en Barranquilla —su ciudad natal— partió a España para estudiar Moda durante tres años. 
 
“A mi regreso a Colombia hice unas prácticas profesionales, pero volví a viajar a Buenos Aires (Argentina) para estudiar Producción de Moda. Luego trabajé para una compañía internacional de distribución de prendas durante nueve meses hasta que decidí a los 26 años que era el momento de lanzarme a lo mío y crear mi propio proyecto. En mi familia no hay nadie orientado al arte y mi gusto por la moda no fue por tradición. Simplemente sentí que el diseño es lo que verdaderamente me apasiona”, afirmó Tatiana. 
 
Así fue como esta barranquillera empezó a crear desde cero su emprendimiento: una marca de ropa de prendas exclusivas y de diseñador que fuese asequible y que pudiese llegarle “al mayor número de mujeres”. Llamó a este proyecto Laetitia, que en latín significa “la que trae felicidad”, pues está inspirado en la figura de Ceres, una diosa romana. 
 
“Siempre he pensado que el camino del emprendedor es muy solitario. Te enfrentas a la soledad a la hora de empezar las propuestas creativas y tampoco tienes a alguien cerca para preguntarle opiniones de tu trabajo. Pero para mí era divertido levantarme todos los días a hacer lo que me gusta y cuando tienes claro quién eres y hasta dónde quieres llegar todo es más sencillo”, agregó la barranquillera. 
 
Comenzó vendiéndoles sus prendas a su círculo de amigas en la ciudad y con el “voz a voz” logró darle popularidad a su empresa. Asegura que su mayor reto fue enfrentar la parte administrativa y financiera de su proyecto, por lo que decidió estudiar una Maestría en Administración de Empresas para fortalecer su idea de negocio. 
 
“En el camino de la creación de mi empresa me di cuenta que no quiero ser percibida como solo una diseñadora de modas, no me interesa ser reconocida por esto. Yo quiero ser vista como una excelente empresaria de moda y ese siempre ha sido mi norte”, manifestó.
 
Poco a poco le fue agregando el concepto de slow fast fashion (moda rápida sostenible) a su marca de ropa. Manifiesta que lo llama de este modo pues si bien cada semana presenta una nueva colección limitada en sus tiendas, cada una de las prendas están concebidas “bajo un riguroso proceso creativo” con su equipo de diseño en el que incluyen algunos insumos y procesos ecológicos. 
 
En su tiempo libre, la barranquillera suele disfrutar de un vino en compañía de amigos y leer sobre diseño de interiores.
 
Así pues, frente al tema de la moda con conciencia ambiental, Tatiana considera que es “una responsabilidad de todos los confeccionistas y diseñadores” empezar a involucrar materiales y acciones que contribuyan al bienestar del medio ambiente. 
 
“Me encantaría algún día poder decir que mi empresa es totalmente sostenible y que mi modelo de negocio es circular. Aunque siento que todavía falta desarrollar este tema a profundidad en Colombia, creo que todos podemos empezar a contribuir poco a poco en pequeños detalles. Por ejemplo, en mis últimos diseños hicimos una estampación de telas sin necesidad de usar agua y a las prendas les agregamos unos botones de madera reciclada. También hacemos patrones digitales e implementamos un sistema en el que le enviamos al cliente la factura vía correo electrónico para evitar el uso en exceso de papel”, afirmó. 
 
Recientemente la barranquillera presentó en Colombiamoda 2018 su colección ‘Mito Trópico 2019’, una propuesta resort en la que incluyó “la magia y alegría del Caribe” como su inspiración más grande, pues agrega que cada vez que se sienta a diseñar piensa en una “mujer citadina, pero apasionada por el mar y lo tropical”. Materiales frescos y fríos como la seda y los estampados exclusivos se han convertido en el ADN de su emprendimiento. 
En cuanto al panorama de la industria de la moda y las confecciones en la Costa Caribe y, particularmente en Barranquilla, asegura que cada día se sorprende más con las nuevas propuestas de jóvenes diseñadores. 
 
“Creo que tenemos industria en nuestra Región. Sin embargo, considero que falta más apoyo y capacitaciones por parte del estado en este sector. Todo lo que logramos los nuevos talentos es con nuestro pulso, sudor y recursos. Las personas en el exterior y de las distintas ciudades del país nos reconocen por nuestro talento en el diseño, pero necesitamos desarrollar más este potencial”, puntualizó. 

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