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Millennials 07 de Diciembre de 2019

“Don’t give papaya”, la consigna de Alejandra Martínez

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Foto: Orlando Amador Rosales

Con 20 años, esta barranquillera creó su marca Awa Coco. Hoy, con 22, ve su emprendimiento como un sueño cumplido al que le falta tela por cortar.

José Cantillo Ferrer - @josecantillof
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Uno podría pasar horas hablando sobre cualquier tema con Alejandra Martínez, ya que posee una habilidad extraordinaria para conversar con una alegría tan espontánea que hace vibrar a su interlocutor.

Tiene 22 años, está a punto de terminar sus estudios de Comunicación Social y Periodismo en la Universidad del Norte y es, además, creadora de la marca de vestuario y complementos Awa Coco, un proyecto materializado que dice “es un sueño cumplido”.

Su emprendimiento nació hace aproximadamente dos años como una marca de salidas de baño que buscaba conectar a la mujer colombiana con el agua y la naturaleza, y aunque poco a poco ha ido explorando nuevos universos de vestuario como los complementos y las camisetas, no ha perdido su esencia original.

A través de su negocio ha logrado impulsar al mismo tiempo el talento de otras personas, resaltando la exquisitez del trabajo hecho a mano. Es por eso que inicialmente decidió emprender un recorrido por el departamento en búsqueda de artesanías, en el que se dejó encantar por las creaciones de los artesanos de Usiacurí, que plasman sus costumbres en objetos tangibles como bolsos, aretes y carteras de mano. 

Así fue como empezó con las carteras elaboradas en palma de iraca, a las cuales le imprimía su sello y vendió como pan caliente. Fue en medio de ese auge cuando decidió mudarse a Barcelona durante una temporada para hacer un semestre de intercambio universitario.

Mientras estuvo en España logró manejar la parte comercial de su negocio a la distancia, mientras que su madre, a quien considera como su “apoyo infinito”, se encargaba de la producción en Barranquilla.

A su regreso decidió enfocarse en otro tipo de producto a raíz de la saturación en el mercado que había en ese entonces con respecto a las carteras que solía vender. De allí nació el propósito de crear sus camisetas bordadas, las cuales en estos momentos son el estandarte de la marca.

Ya en febrero de este año logró materializar esa idea justo a tiempo para las carnestolendas, lanzando su primera colección de camisetas con mensajes que hacían alusión a algunas de las tantas expresiones caribeñas como “Don’t give papaya” (no dé papaya) y “Relájate, cómete un raspao”. Con ellas, dice, pudo atraer tanto al mercado femenino, como al masculino.

La calidad del producto y el sello propio para Alejandra significan todo al momento de llevar a cabo sus diseños. Sus prendas son elaboradas de manera artesanal con insumos como el algodón peruano. A través de sus creaciones busca reflejar el positivismo, la alegría, el romanticismo y el amor por la familia, cualidades que terminan definiendo su esencia propia, lo que es ella como persona.

Cuenta que todos los días se encuentra con obstáculos por el camino del emprendimiento, pero que logra superarlos con “actitud y fe”, puesto que es muy creyente y considera que sus dos más grandes aliados son su familia y Dios. 

“Obviamente en este camino vas a tener desgastes y sacrificios que hacer, pero esto para mi vale la pena”, señala.

Las obras sociales también han sido parte fundamental en su vida. 

En cada iniciativa que llega a sus oídos se mete de lleno de manera espontánea a raíz de su amor por la labor social. Sin especificar lo que ha hecho en este campo, Alejandra ha participado en distintas acciones tanto autónomas como a través de fundaciones.

De vuelta al diseño de la mano de la Comunicación. Alejandra creció en un entorno rodeado de diseño gracias a las amistades que su madre mantiene. Inclusive trabajó con varias de ellas por el mero gusto. 

Por eso, cuando se le pregunta el por qué alguien con tanta sensibilidad hacia la moda terminó estudiando una carrera distinta (Comunicación Social), ella explica que la veía como un puente que le permitiría conectarse con las relaciones públicas para la creación y gestión de grandes eventos.

Ahora sabe y entiende qué es exactamente lo que quiere.  “Mi idea es poder conectar lo que estudié con la moda”.

Alejandra ha ido creciendo poco a poco en países fuera de Colombia como México, Estados Unidos, Puerto Rico, Costa Rica e Italia y planea seguir creciendo con su marca en todo el mundo.

Recientemente creó junto con otra diseñadora una tienda temporal que está ubicada en un centro comercial en el norte de Barranquilla. Allí se le podrá encontrar hasta finales de este mes de diciembre.

Al terminar la conversación me confesó, con cierta dosis de picardía, su amor por el Carnaval de Barranquilla y su influencia en su vida. En ese momento entendí finalmente de dónde venía todo su entusiasmo.

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