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Millennials 20 de Junio de 2020

Brandong Franco, un emprendedor de buena cepa

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Foto: John Robledo

El soledeño, de 23 años, materializó en medio de la pandemia una empresa de vinos en asocio con su amigo Jiress Flores Santiago. Su meta es internacionalizar su marca.

Loraine Obregón Donado - Instagram:@soyloraineo
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El abogado soledeño Brandong Franco Mejía, de 23 años, es de metas claras. Es osado cuando de arriesgarse a cumplir sus sueños se refiere.

Y aunque las circunstancias nublen el panorama de sus metas, persiste sin mirar atrás. Prueba de ello es la creación, en plena pandemia, de su empresa barranquillera de vino artesanal llamada Tierradentro, cuyo nombre —dice— el conquistador erspañol Pedro de Heredia se lo otorgó al territorio Norte de Tierradentro.

Sabe ver las oportunidades en los momentos difíciles, así que, a pesar de la crisis sanitaria provocada por el coronavirus, tiene la plena certeza de que el agro colombiano demarcará un hito histórico fortaleciendo la economía del país, sobre todo la del departamento atlanticense y la de la Región Caribe.

“Cuando nos arriesgamos, aunque estamos dentro de las excepciones como cadena de producción de bebidas y alimentos, sentimos un poco de miedo porque nos tocaba viajar al campo y nosotros nos encontrábamos en la ciudad, justo donde se concentra mayormente el virus y al viajar era probable que lleváramos el virus hasta el lugar, pero ese temor se fue porque cumplimos con todos los protocolos”.

Su emprendimiento, que creó en asocio con Jiress Flores Santiago, legalmente fue constituido el pasado mes de abril, ante la Cámara de Comercio, cuando mucha otras pequeñas empresas se estaban declarando en quiebra. Sin embargo, hace tres años empezaron a visualizar la idea, investigando todo lo concerniente al vino con el apoyo de la universidades del Atlántico y Simón Bolívar.

El joven, que creció en el campo junto a sus abuelos y quienes compartieron con él sus saberes de la siembra, explica que su vino de frutas busca compartir con la gente una historia en su proceso de elaboración, haciendo memoria al hábito que tenían los aborígenes del Caribe colombiano al momento de crear sus bebidas para los rituales.

Dice que el primer paso que dio para la creación de su vino fue acudir al campo. Allí pudo percatarse de que la fruta fuera desprendida del árbol justo en el momento de su visita, ya que usar la fruta que llevaba varios días en canasta hacía que el producto final perdiera los nutrientes y sus cualidades, restándole puntos al sabor.

“Básicamente escogimos los mangos que íbamos a utilizar, los bajaron del árbol, se pasaron por un lavado especial, se maceraron con cáscara, semilla y pulpa. Luego la sustancia obtenida se pasó a los tanques plásticos herméticos, se llevó a la planta de producción, donde se hizo la preparación con la levadura, el azúcar, el agua potabilizada y estéril, y se dejó reposar para que hiciera su proceso de fermentación. Normalmente la levadura se come el azúcar y la convierte en alcohol, así que después de eso lo pasamos por filtros para empezar a eliminar las impurezas y finalmente obtuvimos el vino”.

Al terminar el anterior proceso obtuvieron el desperdicio de la fruta, que llevaron al sol y luego limpiaron para que se convirtiera en abono. Este fertilizante natural fue cedido a los campesinos que les comercializaron las frutas, con el fin de que abonaran sus tierras y se mantuviera la carga orgánica de la fruta.

Ahora, rescata que no toda la tierra tiene la misma carga orgánica, por tanto, los mangos fueron recogidos en el Magdalena, cerca de los termales de Ciénaga. Respecto a las naranjas y las cerezas silvestres, estas fueron conseguidas en el municipio de Sabanalarga (Atlántico).

Afirma que en la actualidad, en el corregimiento de Algodonal, trabajan para llevar a cabo algunas siembras, ya que cuentan con un proyecto social con plantas aromáticas y medicinales. Otra de las materias primas de sus vinos es la piña y, de momento, se encuentran en la siembra de maracuyá para realizar un vino de este sabor.

Estudiar para la elaboración de la bebida alcohólica lo llevó a él, junto a su socio y equipo de 10 personas, a dejar de lado las máquinas.

“Descubrimos que las frutas se oxidan cuando tienen contacto con el metal, así que esto tergiversa su sabor. Por tanto optamos por hacer la bebida con las manos, para ello contamos con un grupo de personas certificado en manipulación de alimentos. Este equipo maceró la fruta y la preparó en los tanques, además de hacerle el seguimiento a la fermentación. Cuando el líquido de los tanques se fermentó, se enviaron las muestras a la Universidad del Atlántico, con el fin de que los laboratorios realizaran la revisión de las mismas”.

Luego del respectivo estudio, Brandong asegura que una parte del producto pasó a ser envasado en botellas de 750 ml con la ayuda de algunas máquinas industriales, y otra quedó depositada en barriles. Agrega que su producto ha llegado a ser usado con fines académicos para la realización de estudios en el pH, en el nivel de alcohol y en el tema sanitario.

 “Por contar con un producto artesanal, la ley es mucho más flexible, de ahí que no nos exijan tantos trámites en el Invima. Sin embargo estamos en el proceso para presentarlo ante esta institución para que desde allí nos den nuestro registro sanitario, así como los documentos de impuestos en la Gobernación del Atlántico y en la Dian”.

Brandong y Jiress buscan que su producto llegue a ser comercializado en cualquier centro comercial, incluso, llegue a ser exportado. Si bien hoy día trabajan a menor escala y cuentan con una primera reserva de 2.000 botellas, que deberán comercializar en tres meses, su visión como empresarios es que Tierradentro se convierta en una fábrica que importe en toda Colombia, pero antes saben que “es vital organizar la empresa internamente para lograrlo”.

Advierten que lo más difícil al momento de crear empresa es tener una idea para generar un emprendimiento. Luego de la idea lo que viene más adelante es la voluntad y las convicciones. Brandong recalca que en el camino se pueden presentar muchos obstáculos que al final, si se persiste, se pueden superar.

Sus plazas para vender el producto son los restaurantes, los hoteles y hostales ubicados en Tubará, Santa Marta y Taganga. En cuanto a Barranquilla hacen envíos (con domicilio gratis), con el fin de que todo aquel que desee degustar su producto reciba una botella en la puerta de su casa (el pedido es tomado desde la cuenta de Facebook o Instagram Vinostierradentro o a través de los números 3216989156-3046031655).

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