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La Cita Positiva 19 de Mayo de 2018

Sanción social

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Sandra Leventhal

En la vida dentro de una sociedad es muy importante tener claro que como colectivo debemos respetar ciertas normas mínimas de convivencia, que nos permitan a todos desarrollarnos con un mínimo de dignidad y en un orden fundamental.
Frente a la corrupción de nuestro país, se ha vuelto casi cotidiano escuchar un nuevo escándalo de esta clase, es como si ya fueses parte del paisaje cultural de Colombia. Poco a poco nos vamos inmunizando frente a lo que significa el daño profundo en el tejido social, que causa la corrupción.
No se trata simplemente del deterioro institucional, la dilapidación y el robo de los recursos del estado, se trata del robo de los aportes de todo un pueblo y de las oportunidades para los más frágiles y necesitados.
Lo peor es que el sistema de justicia, parecería completamente ineficaz frente a esta realidad y lo que es más triste, la herramienta por excelencia de la que goza la sociedad no estaría siendo utilizada. Esta herramienta es el rechazo de la sociedad a estas prácticas y a estos actores.
Sin embargo, es desconocida por muchos, y permitimos que estos corruptos, ladrones de nuestros recursos sigan incluyéndose en nuestras reuniones sociales, en nuestras instituciones, en nuestra vida cotidiana, nuestros lugares de encuentro e incluso los aceptamos como amigos. A veces los miramos con admiración y una parte de nuestra juventud los considera modelos a seguir.
¿Es esa realmente la sociedad que queremos construir? ¿Dónde el vivo vive del bobo? Cómo se dice coloquialmente. ¿Qué pasó con la ética y los valores?, ¿En qué momento la decencia y la honra dejaron de ser pilares de la sociedad?, ¿Cuándo se volvió respetable ser egresado de una cárcel con varios bultos de dinero mal habidos por el robo a las instituciones?.
¿Desde cuándo es prestigioso estar rodeados de criminales y personas cuestionadas ante la ley? Recuerdo una época en donde la sociedad como colectivo no estaba dispuesta a mirar con buenos ojos aquellos individuos que se mantenían al margen de la conducta social aceptable, ¿cómo es que hoy en día si tiene dinero, es inmediatamente aceptado y admirado?
¿Que pasó con el origen de esa prestancia?, ¿Que pasó con los valores de la educación y las buenas maneras?, ¿Dónde quedaron los méritos de la decencia y el respeto frente a la sociedad y las instituciones?, ¿Cómo es que caímos en un país donde todo por dinero se vale?
Colombia no puede convertirse en un país donde todo se vale y caer en la construcción de una cuna para los malandros.  Si las instituciones y la justicia carecen de la fortaleza necesaria para imponer el orden, entonces la sociedad tiene la potestad y el derecho de ejercer el rechazo social con esos seres que amenazan con el buen nombre de nuestra patria.

sandraleventhal@gmail.com
 

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Sanción social

Sábado, Mayo 19, 2018 - 00:00
Sandra Leventhal

En la vida dentro de una sociedad es muy importante tener claro que como colectivo debemos respetar ciertas normas mínimas de convivencia, que nos permitan a todos desarrollarnos con un mínimo de dignidad y en un orden fundamental.
Frente a la corrupción de nuestro país, se ha vuelto casi cotidiano escuchar un nuevo escándalo de esta clase, es como si ya fueses parte del paisaje cultural de Colombia. Poco a poco nos vamos inmunizando frente a lo que significa el daño profundo en el tejido social, que causa la corrupción.
No se trata simplemente del deterioro institucional, la dilapidación y el robo de los recursos del estado, se trata del robo de los aportes de todo un pueblo y de las oportunidades para los más frágiles y necesitados.
Lo peor es que el sistema de justicia, parecería completamente ineficaz frente a esta realidad y lo que es más triste, la herramienta por excelencia de la que goza la sociedad no estaría siendo utilizada. Esta herramienta es el rechazo de la sociedad a estas prácticas y a estos actores.
Sin embargo, es desconocida por muchos, y permitimos que estos corruptos, ladrones de nuestros recursos sigan incluyéndose en nuestras reuniones sociales, en nuestras instituciones, en nuestra vida cotidiana, nuestros lugares de encuentro e incluso los aceptamos como amigos. A veces los miramos con admiración y una parte de nuestra juventud los considera modelos a seguir.
¿Es esa realmente la sociedad que queremos construir? ¿Dónde el vivo vive del bobo? Cómo se dice coloquialmente. ¿Qué pasó con la ética y los valores?, ¿En qué momento la decencia y la honra dejaron de ser pilares de la sociedad?, ¿Cuándo se volvió respetable ser egresado de una cárcel con varios bultos de dinero mal habidos por el robo a las instituciones?.
¿Desde cuándo es prestigioso estar rodeados de criminales y personas cuestionadas ante la ley? Recuerdo una época en donde la sociedad como colectivo no estaba dispuesta a mirar con buenos ojos aquellos individuos que se mantenían al margen de la conducta social aceptable, ¿cómo es que hoy en día si tiene dinero, es inmediatamente aceptado y admirado?
¿Que pasó con el origen de esa prestancia?, ¿Que pasó con los valores de la educación y las buenas maneras?, ¿Dónde quedaron los méritos de la decencia y el respeto frente a la sociedad y las instituciones?, ¿Cómo es que caímos en un país donde todo por dinero se vale?
Colombia no puede convertirse en un país donde todo se vale y caer en la construcción de una cuna para los malandros.  Si las instituciones y la justicia carecen de la fortaleza necesaria para imponer el orden, entonces la sociedad tiene la potestad y el derecho de ejercer el rechazo social con esos seres que amenazan con el buen nombre de nuestra patria.

sandraleventhal@gmail.com
 

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