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Invitado 29 de Febrero de 2020

Los contrastes de la cultura wayuu en las pinturas de Yei Durán

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Foto: Archivo particular.

Empezó estudiando Administración de Empresas. Un día se fue a Estados Unidos, donde se casó, nacieron sus hijas y estudió Arte en la Universidad Internacional de Florida. El tema de sus pinturas lo encontró en su tierra y familia.

Kirvin Larios
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Lo colorido no es solo expresión de felicidad. En los tonos cálidos, intensos o “alegres”, anida también la tristeza, el dolor, el lamento... Yei Durán, pintora guajira radicada en Miami, aprovecha esta ambigüedad y expresividad del color para crear un discurso plástico que tiene como centro la cultura y el pueblo wayuu.

En sus pinturas al óleo y acrílicos hace un reclamo sobre el abandono y la pobreza de una comunidad olvidada por el país. Desde la mirada retratada de algunos de sus miembros —los más desprotegidos o amenazados—, lanza “un grito al mundo” que consigue transmitir tantas emociones como colores.

Durán empezó estudiando administración de empresas, pero su vocación empezó a demandarle tiempo, y con una maleta decidió, un día, irse a aprender lo que más quería.

Pregunta: ¿Por qué Administración de Empresas y no Arte?

Respuesta: Siempre quise estudiar arte, pero cuando terminé mi escuela y tenía que escoger una carrera universitaria, no escuché la voz de mi talento, sino las voces que me decían “¿Por qué arte? El arte no sirve para nada”. Y así fue como me decidí a estudiar algo más normal, digámoslo así. Pero cuando tú tienes talento, esas voces te persiguen, me lo llevé sin darme cuenta a Miami y lo fui sacando poco a poco de mi maleta.

P: ¿Desde qué momento sintió interés por la pintura?

R: Tengo recuerdos de niña dibujando por horas en mi cuarto y haciendo reinados de muñecas dibujadas por mí. Creo que dibujar fue algo innato, no recuerdo tener ningún mentor ni alguien en la familia que me enseñara específicamente a hacerlo.

P: ¿Cómo ha sido vivir de cerca la cultura wayuu?

R: La cultura wayuu hace parte de mi esencia, de mi identidad. Mi abuela es una mujer wayuu muy aferrada a sus costumbres y tradiciones. A través de ella empecé a amar y valorar la cultura del pueblo al cual pertenezco.

P: ¿Cuándo se trasladó a Miami?

R: En el 2001 mi espíritu aventurero me llevó a Estados Unidos buscando aprender sobre otras culturas. La vida se encargó de que echara raíces en ese hermoso país donde me casé, nacieron mis niñas y luego estudié.

P: ¿Hace cuánto se dedica a la pintura?

R: Al emigrar, y al hacer mi vida de familia me distraje por mucho tiempo del arte, hasta que hace unos 8 años empecé a pintar retratos. Cuando volví donde mi familia y la casa de la abuela, quedé maravillada con la cultura wayuu.

Yei empezó pintando niños. Ese sigue siendo uno de los temas y preocupaciones más frecuentes de su trabajo pictórico.

P: ¿Por qué sus pinturas muestran rostros de niños con tanta expresividad?

R: En mi regreso a La Guajira vi mucho arte y color en sus trabajos manuales, pero también mucha pobreza, mucha desnutrición, cada niño que veía me impactaba. Empecé a tomarles fotos y a convivir con ellos.

P: ¿Qué busca mostrar a través de su obra?

R: Quiero ser una voz para el pueblo wayuu, para esa mujeres indígenas cabeza de familia que trabajan día a día, para esos niños olvidados que literalmente mueren de hambre y sed.

P: ¿A qué se debe la tristeza en sus cuadros?

R: No es que quiera pintar niños tristes, estos son niños wayuus reales, pero cuando los pinto esa es la mirada que percibo de ellos.

P: ¿Hace una crítica al Gobierno en sus composiciones?

R: Sí, pero no solo es para el Gobierno sino a todos los colombianos, que no debemos olvidar a nuestros indígenas. El 2018 se habló de una cifra de 4.770 niños muertos en La Guajira. Es una realidad alarmante y debemos hacer algo.

P: ¿Cuándo será su próxima exposición?

R: Tengo proyectos para participar en el mes de junio en Nueva York y Ecuador.

P: ¿El arte ha sido su canal para expresar algún descontento o inconformidad por la situación de las rancherías en la Alta Guajira?

R: Mi arte es un grito al mundo sobre la cultura wayuu. Es una forma de expresar mi descontento, pero también es un grito de identidad, mostrarle al mundo que debemos estar orgullosas de nuestros raíces, saber de dónde venimos y quiénes somos.

P: ¿Qué le preocupa más de la comunidad wayuu?

R: Que desaparezca como consecuencia del abandono, el olvido y la muerte

P: ¿Un pasatiempo?

R: El arte, sin duda.

P: ¿Qué extraña de La Guajira?

R: La Guajira es hermosa, llena de contrates y paisajes maravillosos. Siempre la extraño porque es el lugar de mi familia, tiene un olor especial para mí y un sabor a pueblo, a cultura, a historias insólitas y únicas.

P: ¿Qué haría usted si el arte se extinguiera en el siglo XXI?

R: No creo que el arte se extinga porque el ser humano siempre está en una continua búsqueda de expresarse; pero si sucede yo buscaría la forma de realizarlo porque es algo innato, como comer o dormir.

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