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El diván virtual 25 de Julio de 2015

Un sueño

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Isabel Prado Misas
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¿Quién no ha soñado que se le cae uno o todos los dientes? Un sueño que aquel que lo ha tenido sabe que se siente real y produce mucha angustia.

Para abordar este tema  es importante aclarar que de los sueños solo tiene la clave el soñante, por eso cuando alguien le interpreta a otro lo soñado, está pecando de cierto atrevimiento ya que esa interpretación obedece a su propio imaginario. O de ingenuo, por suponer que lo que el otro simboliza en su sueño es fácilmente descifrable.

Porque no lo es, ya Freud lo decía cuando comparaba los sueños con un jeroglífico, que además, al tratar de esclarecerlo estaba en otro idioma. Lo anterior no quiere decir que no se puedan descifrar, tampoco que no podamos entender algunos elementos que portan como en el nombrado, tan común, que parece que revelara algo estructural. Tan estructural como la pérdida.

Estamos advertidos de que nos construimos a partir de ella, también de que es lo más difícil de soportar. Lo podemos repetir y compartir en los mensajes, aun en los más light que ahora con los nuevos medios pululan, en los que se acepta que desde que nacemos estamos perdiendo: el vientre materno, el seno, la juventud y al final la vida.

Una forma de decirlo que en el sueño de los dientes perdidos, caídos, ya no es un decir, es un sentir. Por eso ese sueño nos hace sufrir, nos entristece, nos angustia.

Es la caída de algo en la fachada que deja un vació, un orificio que no queremos ver representado en los dientes que valoramos tanto, por eso no soñamos que son de leche, esos vuelven a salir. Por eso nos despertamos en la mitad de la angustia, sin solución, sin caja ni prótesis y menos implante o corona. Despertamos angustiados de frente ante lo que queremos esquivar, seguramente porque algo nos ronda, porque algo de verdad se ha perdido y apenas lo vislumbramos.

Y lo que se ha perdido o se puede perder no es un objeto, no es un amor, aunque se relacione con eso. Es una pérdida más íntima, es la pérdida de algo propio, algo que desestabilizó al Yo, a ese ser que creemos ser. Es una herida narcisista, la caída de un pedestal y la angustia de sospechar que lo que habíamos creído ya no es.

Por eso no es posible que otro pueda interpretar lo que para el que sueña significa lo soñado, porque ni él mismo lo sabe, no sabe qué perdió. Pero el sueño le da una pista, un regalo que lo inconsciente entrega para descubrir lo que no sabemos de nosotros mismos pero sí intuimos. Porque además, y creo que es innegable, es el sueño más contado.

Un sueño que deja una pregunta: ¿Por qué no una oreja? ¿La nariz?, ¿Un ojo? Será porque los dientes ya los perdimos una vez y porque son más fáciles de caer, al igual que mucho de lo que en nuestra imaginación creemos ser pero que el paso de la vida nos va demostrando que no somos. 

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