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El diván virtual 24 de Junio de 2011

¿Un padre?

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En una entrevista a un personaje de tantos de nuestro entorno nacional le preguntaron si se consideraba un buen padre, respondió que eso lo diría su hijo cuando estuviera grande. Parece una respuesta simple, pero a veces las respuestas simples están cargadas de verdad. Sobre todo porque definiciones de buen padre hay muchas, dónde seguramente algunos sienten que no cumplen con todos los requisitos que allí se exigen. Y de pronto aquellos que están convencidos de cumplirlos todos, quien sabe si lo sean tanto.

Es que ser un padre no es tarea fácil, no olvidemos que un padre es un hombre, un ser como cualquiera lleno de carencias, errores, dudas y dificultades. También, según lo que se observa en la cultura, pareciera un poco más fácil para ellas aceptar la maternidad que para ellos asumir la paternidad, evidente en que la aparición del deseo de un hijo es más frecuente  primero del lado de la mujer, quien siente que  a partir de él consolida la relación. No es salirse de la verdad, reconocer que hay algo en ellos que, por estructura, los hace más resbaladizos frente a este compromiso, y que muchos, cuando lo logran, tiene que ver con cómo aquella que han elegido como objeto de su amor y su deseo, sabe mostrarles un camino para ellos no  muy claro.

También, hay que tener en cuenta que el hijo se gesta en el cuerpo de la madre, la cual siente su presencia en cada cambio y más tarde en el momento del parto, es ella la que está en juego. Luego, en los primeros tiempos, debido a los cuidados que siguen involucrando ambos cuerpos la relación se hace no sólo más posible sino cada vez más estrecha.

¿Y el padre? Él estará allí como un espectador, y en el mejor de los casos, un colaborador. Además no lo podemos culpar porque su cuerpo no se deforme, ni sienta ningún malestar o dolor físico, es así como lo decidió la madre naturaleza de manera sabia, porque si los dos estuvieran en igualdad de condiciones la situación sería un poco más difícil. Al hacerlo, privó al hombre de las maravillosas sensaciones de la maternidad, cosa que seguramente muy pocos se pelearían porque le fueran dadas. ¿Y por qué? Porque son padres. Porque ese es su lugar, no solamente en los primeros tiempos sino para toda la vida. Un lugar privilegiado donde esos dos que todavía se creen uno, encuentran un tercero que en otra posición podrá sancionar de diferente forma lo que para ellos puede ser igual.

Un padre, para engrosar la gran lista de definiciones, sería entonces aquel que no rehúsa ese lugar, y para hacerlo, como en muchos casos sucede, no necesariamente siempre debe estar presente, sabemos que hay muchos que estándolo no ejercen su función. Un padre es el que responde al llamado del hijo cuando lo necesita, le da su nombre, su protección, su amor y le muestra que en el camino de la vida no todo le será dado sin esfuerzo.

Hay una historia en la Biblia que no hace necesario ser creyente para entender su enseñanza, el Antiguo Testamento cuenta que Adán y Eva vivían felices en el paraíso y el maná les caía del cielo, pero llega un momento en que prueban el fruto que les estaba prohibido, el árbol del saber, y empiezan a saber, lo primero que estaban desnudos, un saber sobre el sexo. Entonces ese padre que les daba todo, con todo el poder que le da ley los saca del paraíso, enterando a Adán que de ahora en adelante ganará el sustento con el sudor de su frente y a Eva que parirá con dolor. Es la imagen de un padre que advierte a sus hijos de la realidad de la vida, que corrige y enseña. Una función no muy sencilla de ejercer porque siendo humanos son muchos los errores que se pueden cometer, todos perdonables. Menos su ausencia cuando más debe estar presente, su falta de amor y su falta de ley.

Por Isabel Prado Misas, Psicoanalista
isaprami@hotmail.com

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