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El diván virtual 08 de Agosto de 2015

Pobre pero honrado

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Isabel Prado Misas
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Esta es una frase muy usada que deberíamos analizar, porque tenemos la tendencia a repetir y aplicar sin reflexión lo que siempre hemos escuchado. ¿Qué significa? Especialmente ese “pero” atravesado que deja algo implícito.

Se refiere acaso a que para obtener lo deseado, ¿habría que dejar de ser honrado?, ¿será un prejuicio?, claro que no. Se puede pecar de ingenuo y desconocer que muchos adquieren sus bienes de manera ilícita, y que el poder del dinero lleva a cometer abusos pero,                          ¿podríamos decir que son todos?, así como podríamos creer que: ¿por ser pobres todos son honrados?

Esta es una reflexión que llevaría a una discusión interminable, pero aquí no se trata de eso, se trata de la propuesta de una premisa que la clínica enseña. Y lo hace porque es el arte de escuchar el dolor y la angustia del que luchando por tener una vida mejor, se encuentra siempre con los mismos impedimentos y los mismos resultados.

Lo que Nietzsche llamó el eterno retorno y Freud  nombró como compulsión a la repetición.

Sucede que ese retorno o esa repetición están ancladas en lo que pensamos, en lo que creemos, en ese mundo de palabras en el que nos construimos, que hace parte de lo que somos pero lo desconocemos. Que responde el hecho de que en las mismas circunstancias algunos salen airosos y otros quedan rezagados.

Frases como la anterior pueden ser motivo para muchos de permanecer invariablemente en la retaguardia, aunque hagan todos los esfuerzos para avanzar y sin que la digan con el orgullo que otros se atreven a proclamarla. “Pobre pero honrado”, se puede volver una consigna, no para seguir siendo honrado, sino para no salir de pobre. Sin alcanzar siquiera una mediana calidad de vida, como si eso le estuviera vedado.

Un decir que parece haber calado tan hondo en nuestra sociedad, que hoy dando una vuelta pasó a convertirse en: “Rico pero pícaro”, lógico además, sería su reverso. Y es lo que vemos a diario en la corrupción rampante del Estado y en la criminalidad desbordada, como si esa fuera la única salida.

Y es la única si creemos a pie juntillas la primera, que la única forma de ser honrado es siendo pobre, una relación sin fundamento ya que obtener lo que se quiere tiene que ver con el trabajo, la creación, el esfuerzo y la convicción profunda de saberse merecedor de lo mejor que la vida ofrece. Pero este es un deseo que puede volverse irremediablemente esquivo cuando la culpa inconsciente navega en dichos indudables, en consignas aprendidas que por haber estado siempre no sabemos que cargamos.

Es lo que explica la famosa frase de Pambelé tan vilipendiada, sin darnos cuenta que cuando honestamente la dijo fue porque hasta ese momento cayó en cuenta de que había creído siempre, que era mejor ser pobre que rico. Es que a veces creemos cosas que nos dañan. 

isaprami@hotmail.com

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