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El diván virtual 13 de Enero de 2012

Nuestras verdades escondidas

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La poesía nos lleva a comprender con pocas palabras, con un punto, una coma, puestos en el lugar correcto, que nuestro mundo interior, ese en el que nos creemos únicos con nuestros dolores y pasiones, también es el de todos. No nos cura pero nos alivia porque nos sentimos acompañados, es la labor del arte, poder decir lo indecible para apaciguarnos, de ahí que nos guste ver muchas veces la misma película, leer el mismo libro, recordar siempre un verso, o se nos vuelve especial una canción porque habla de nosotros, y lo intuimos, muchas veces desconociendo el por qué.

De otra manera el chiste, la ocurrencia, permite la salida de emociones que seguramente no tendrían posibilidad de expresarse sino de esta forma tan atinada. Se da en un momento, un instante fugaz en el que las palabras y los afectos se juntan para fotografiar una verdad, que aún para el mismo que lo hace hasta ese momento no era conocida.

Los sueños también nos delatan, aunque siendo tan escurridizos y disfrazados poco nos ayudan, sin embargo sabemos de su importancia, hablamos de ellos, los contamos, siempre con la secreta pero inútil esperanza de que aquel que escucha, algo nos pueda decir.

Y nada más elocuente que nuestros olvidos y equivocaciones que nos dejan en evidencia, nos hacen sonrojar, nos obligan a disculparnos. Incontrolables, dicen mucho, efecto de lo inconsciente que allí se refleja y que por lo mismo somos los últimos en saberlo, aún después de ese momento azaroso en que nos sentimos cogidos en falta, una falta no tanto para el otro sino para nosotros mismos, allí donde nos jugamos una mala pasada, que si supiéramos leerla ya no sería tan mala porque nos enseñaría mucho de lo que realmente deseamos.

También el sentido común es sabio al recoger en una frase lo que a la teoría científica le cuesta tanto elaborar. Pensamientos y máximas que repetimos sin saber de dónde proceden ni a quien se le ocurrieron, que al hacerlas propias, también hablan de lo que somos o lo que vemos en los otros. Sabiduría popular que al ser usada en el momento apropiado tiene efecto, como en el siguiente dicho que apaga la queja del que insiste en no darse cuenta de que es el artífice de lo que le pasa: “Come de tu propio cocinado”.

Nuestra verdad es esquiva pero siempre nos ronda, se muestra y se escabulle ahí donde menos miramos por considerar que son palabras o hechos sin importancia. Esos actos, a veces fallidos, en los que el psicoanálisis encuentra la razón del dolor que no cesa, del insomnio perenne, de la duda imparable, de los celos incontrolables, de no encontrar lo que se quiere o la reincidencia en lo que no se quiere. En fin, de tantas y tantas razones que conocemos porque nos hacen la vida invivible, cuando ya sabemos que ese algo que nos atormenta no se cura con pastillas, consejos ni recomendaciones. Allí dónde, como en la poesía, en nuestras propias palabras, el punto y la coma en el lugar correcto no sólo nos dan alivio sino que permiten la cura. GC

Por Isabel Prado Misas
Psicoanalista
isaprami@hotmail.com

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