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El diván virtual 18 de Noviembre de 2011

¿Nos repetimos en lo que no queremos?

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La tierra se mueve, el sol y el universo todo, también nosotros. La diferencia está en que los movimientos de los astros son perfectos en una alineación que persiste por siglos.

Nosotros, al contrario, carecemos de esa sincronía, por lo cual somos más libres, un albedrío que nos permite elegir y también equivocarnos. Algo que sabemos y frecuentemente olvidamos, haciendo que no apreciemos en lo que valen tantos momentos en los cuales acertamos, dándole mayor importancia a aquellos en los que hemos incurrido en el error.

Tantas acciones que realizamos a diario, que por ser rutinarias pierden su valor y sólo lo adquieren cuando una omisión nos muestra su importancia. Levantarnos a tiempo cuando podríamos, sin querer, habernos quedado dormidos. O, abandonarnos al placer, como dice el grafiti: “hoy me levanté con ganas de acostarme”.

Recordamos el compromiso laboral para no perder de vista su realización, además de tener presentes infinidad de detalles que nos reclaman, que enumerarlos llenaría este espacio. Y qué decir de la obligación que sentimos, en su mayoría bien lograda, cuando nos comprometemos a velar por el cuidado de otros, a sabiendas que dependen de nosotros y cualquier descuido traería graves consecuencias.

Salir de casa y volver sin contratiempos ya es todo un intento, porque en el camino pueden pasar muchas cosas, y no precisamente porque el afuera sea amenazante sino impredecible.

Podemos contar con la suerte de olvidar las llaves, dejar en otro lugar lo que más deberíamos traer, o perder en el camino los objetos más valiosos, aquellos que nos hacen volver a empezar para comunicarnos con los demás o demostrar la identidad.

Estamos expuestos continuamente a tantas circunstancias simples y, en ocasiones graves, por lo cual podemos concluir que el ser humano, además de ser inteligente, también es muy de buenas, porque esa infinidad de variables, al parecer tan sencillas, no controlarlas nos pueden hacer la vida invivible.

Salir airosos en una entrevista o en un examen, o, en ese momento en que se pisó el freno a tiempo evitando lo que parecía inevitable. Así como la idea que pudo ser pensada después, nos llegó en el momento apropiado. Allí donde una decisión difícil, tomarla nos salvó de seguir sufriendo.

Es que a diferencia de los astros donde no hay posibilidad del azar, el nuestro librado a él, hace que la vida llena de imprevistos nos rete a tratar de vivirla de la mejor manera, y lo logramos, salvo en aquello que también por azar, en la infancia, un destino adverso nos hizo padecer, lo que se nombra como Trauma, que al quedar grabado en la memoria, tan antiguo que no podemos recordar, insiste, para negarnos muchas posibilidades.

Es lo reprimido, un pasado inerte, irremediable, además inexistente, sin embargo lo hacemos existir, reviviéndolo como un ahora en el inconsciente, que nos explica por qué, en ocasiones, nuestras emociones nos desbordan haciendo que actuemos como no queremos, y lo que queda es la culpa.

Es eso olvidado que se hace presente, y no en un pensamiento, sino en actos en que nos repetimos, evidente en que lo más importante siempre se escabulle, no nos auxilia la idea porque invariablemente llega a destiempo, lo que debía ser más presenta constantemente se olvida y nos desborda la emoción queriendo estar serenos.

Así como la fuerza para tomar decisiones, como el pie que no alcanza freno, nuestra mente es más diestra con el acelerador para elegir lo que nos hace sufrir. Es allí cuando nos preguntamos: ¿Por qué, si por la razón sé lo que debería hacer, no lo hago?

Es que así como los astros en su precisión no permiten el azar, la repetición inconsciente tampoco, y en una sincronía perfecta insiste, poniendo en acto lo que conscientemente no podemos recordar. GC

POR
Isabel Prado Misas
Psicoanalista
isaprami@hotmail.com

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