EL HERALDO SUSCRÍBETESuscríbete a EL HERALDO
El id es:node/135356
El diván virtual 03 de Octubre de 2015

Lo que tú quieras…

El usuario es:
Isabel Prado Misas
Compartir:

Una frase que a todos nos gusta oír, que denota complacencia, generalmente producida por el afecto y que aparentemente hace que se lleve la fiesta en paz.

Pero también una frase que si se profundiza, algo que poco nos gusta hacer, puede tener otros matices, que aún para aquel que es tan complaciente o precisamente por serlo, son desconocidos.

Creemos que lo más claro que tenemos es el deseo, sin embargo esto no es tan sencillo como parece. Solo hay que pensar en esas decisiones simples que muchas veces se tornan en un dilema, como escoger el color de una pared o decidir qué ropa llevar.

Decidir, elegir, asumir posiciones de manera clara, rápida y coherente no parece ser lo que nos caracteriza. Sabemos que en ese momento nos asaltan dudas, titubeos e inseguridades, razón por la cual, para muchos, es más cómodo que sea otro quien decida, quien se arriesgue y más que todo, que asuma las consecuencias. De ahí se desprenden esas discusiones tan comunes e insistentes, muchas banales, que enferman la vida. En las que aquel que optó por tomar la decisión resulta acusado sin consideración por parte del otro involucrado que, en su momento,lo que hizo fue callar.

Seguramente en ocasiones: “lo que tú quieras”, es un reconocimiento al otro por su capacidad para resolver una situación específica, también un gesto de cortesía o una manifestación de cariño y complacencia. Pero cuando se vuelve repetitivo pasa a ser una condición, que el elegido para hacer lo que quiera empieza a sentir como un peso, además real, porque si no es fácil tomar decisiones para uno mismo, más difícil será tomarlas por y sin ayuda del otro.

Una situación que produce cierta incomodidad porque no se cuenta con alguien que aporte, que piense, que asuma a la par los riesgos mínimos de una decisión. A veces tan mínima como elegir qué, o a dónde ir a comer, porque a estos extremos de imposibilidad de participación se puede llegar.

Son realidades que parecen simples, que de simples tiene poco, porque lo que muestran es que debajo de una gran bondad, de una sumisión, de un acatamiento sin límites, lo que puede haber es una gran comodidad y un miedo a expresar lo que se quiere. A veces entendible, su deseo puede estar tan perdido que no lo sabe. Otras, porque aun sabiéndolo, no se quiere correr el riesgo de equivocarse, por lo cual es mejor dejar que sea el otro quien lo haga.

Además sin benevolencia, porque no podemos negar que la queja del obediente siempre va dirigida a un amo, a ese que él mismo ha elegido. Y lo que siente es que está subyugado.

Mensaje enviado Satisfactoriamente!
REPORTAR UN ERROR O SUGERENCIA