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El diván virtual 18 de Marzo de 2011

¿Insomnio?

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El insomnio, mal de muchos, a veces esporádico, a veces constante. Una dificultad para descansar, para perderse en el sueño, ese aliado oscuro y grato que nos permite desentendernos del mundo para luego volverlo a encontrar.

Una necesidad del cuerpo, natural y placentera que a veces se vuelve esquiva, y lo peor es que no sabemos por qué, sólo lo padecemos.

Lo conocemos en el silencio que alarga las horas, que al pasar, también las acorta porque sabemos que la noche se acaba y no se podrán recuperar.

Un tiempo para pensar, que seguramente no da lugar a cavilaciones serenas sino a la reiteración de lo que no se ha hecho y hay que hacer, de lo que se dijo y no se debió decir, de lo que se debe y no se ha pagado. También exacerba las penas, lo que dolió y todavía no tiene cura.

El insomnio aunque frecuente no es algo natural, es una anomalía de una de las necesidades básicas del ser humano, es la razón de que se cuente con recursos artificiales para superarlo, pastillas que cumplen su función y permiten cierto reposo. Pero intuimos que nos pueden aliviar sólo por un tiempo, porque algo nos dice que lo que anda mal va más allá del cuerpo.

A veces sabemos a qué se debe, como en aquellos que no pueden dormir porque esperan al que no ha llegado, en la ilusión de que por estar despiertos aparecerá más pronto o, velando la seguridad del que no está, una forma de sufrir sin justa causa y una imposibilidad para desprenderse del otro con el cual creen hacer uno.

Especialmente de otro del que suponen le acaecerán todos los males si no está a su lado, lo que da lugar a un vértigo asociativo, o sea, asociar pensamiento tras pensamiento en lo que todo lo que aparece es trágico. Al parecer tenemos unas formas muy particulares de llenar la mente.

El insomnio tiene la particularidad de que en la noche, y en la cama, nos visite lo que dejamos inconcluso, y en la ingenuidad de suponer que allí, a esas horas y en ese lugar, nos fuera dado ejecutar acciones imposibles, nos dedicamos a un rumiar improductivo y lacerante que si pudiéramos estar al tanto de su inutilidad, seguramente guardaríamos esas fuerzas para poner en acto al otro día, lo tan urgentemente pensado.

El insomnio se puede definir como no poder conciliar el sueño y, conciliar se refiere a acordar, a transigir, a permitir. Sabemos que hay algo que no nos lo permite, y muchas veces la respuesta es el estrés, palabra que nos sirve para acomodarla a cualquier anomalía que se padece, pero que si lo pensamos bien, no resuelve nada, sólo es una forma de darle un nombre a lo que nos hace sufrir y no conocemos.

También podríamos llamarlo angustia: una incomodidad, un desasosiego, una desazón que tiene que ver con todo y con nada, malestar que habla pero no nos dice. Señales en jeroglífico que el cuerpo nos envía, ante la sordera de lo que no estamos escuchando cuando hemos pasado por alto lo que debemos enfrentar o, no estamos contentos con nosotros mismos. A veces, pérdidas olvidadas pero no elaboradas que tocan nuestra puerta a deshoras.

El insomnio, pesadilla despierta. ¿Será también un miedo a soñar? O, ¿un excesivo control? Pueden ser muchas sus razones, puede tener muchas causas, para cada uno particulares pues todas tendrán que ver con los propios miedos y angustias. Las respuestas serán del uno por uno y para cada uno, sólo queda averiguarlo. GC

POR
Isabel Prado Misas

Psicoanalista
isaprami@hotmail.com

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