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El diván virtual 28 de Noviembre de 2015

Higienismo moderno

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Isabel Prado Misas
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No hace mucho, a mediados del siglo XIX apareció este término, una corriente que se conformó cuando los líderes de las ciudades, advertidos por la medicina, empezaron a darse cuenta de la necesidad de mantener ciertos hábitos de higiene para tener buena  salud y  evitar enfermedades tan terribles como las epidemias que en esos tiempos azotaban. Una nueva forma de relacionarse con el entorno asociada a lo que atentaba contra la salud y a la prevención.

Esta forma de pensar, que podríamos decir tardía, nos muestra que el ser humano se lleva su tiempo para entender ciertas cosas que parecen obvias y mucho más tiempo para ponerlas en práctica. Porque hoy en día parece inconcebible que no se les hubiera ocurrido que era necesario vivir lejos de las cloacas, que el buen aseo de los utensilios era imprescindible, que no recoger las basuras hacía daño, que atender un parto sin lavarse las manos después de diseccionar un cadáver podría traer consecuencias mortíferas.

Eran tiempos muy diferentes que no se pueden juzgar con la mirada actual. Lo que sí se puede ver es que la salud empezó a hacer parte de algo social, que involucraba ciertas medidas que se debían tomar referentes a la habitación, a las comidas, al descanso, a la higiene del cuerpo y a los hábitos generales.

Normas y mandatos que hoy conocemos muy bien, además de tantos otros que ahora nos desbordan. Porque si antes poco se decía sobre qué hacer para vivir mejor, actualmente estamos totalmente dominados porque todo nos lo dice. Por ejemplo: si debemos o no tender la cama, porque por aquello de los ácaros, según un reciente estudio de una prestigiosa universidad, no debe ser tendida. También hace poco, otro nos decía en qué lugar del cuerpo deberíamos tocar a una persona a la que nos acercamos casualmente y daba los puntos exactos de contacto. Y qué decir de los que deciden qué debemos comer. Hace unos años por una investigación seguramente similar a la última que hicieron sobre las carnes rojas, el huevo salió culpable, para que años después otra prestigiosa investigación viniera a demostrar su inocencia frente a los muchos males que se le achacaban.

Podríamos concluir entonces que hoy estamos ante el higienismo del siglo XXI, acompañado además por lo que lo caracteriza: su capitalismo, su Internet y redes sociales, sus luchas farmacéuticas y, la imagen.

Entonces ya esos consejos y órdenes bienintencionadas del siglo XIX sufren ciertas fracturitas, para decirlo benévolamente, que tienen que ver con otros intereses. Un higienismo que, aunque necesario, hay que acogerlo con pinzas, porque al paso que vamos llegará un momento en que no sabremos ni quiénes somos ni qué queremos, pues ya las prestigiosas investigaciones lo decidieron todo por nosotros.  GC

isaprami@gmail.com

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