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El diván virtual 11 de Marzo de 2011

¿Estamos viviendo para no morir?

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Reconocer lo que causa malestar en la cultura a veces no es tan sencillo porque vivimos inmersos en ella, por lo tanto reflexionar sobre algunos de sus temas puede ser saludable, especialmente ese tan recurrente: la salud. Para abordarlo, una recomendación escrita en un periódico nos puede ayudar, decía: “Si va a tomar un traguito, primero consulte a su médico”. Es importante aclarar que no se refería a alguien enfermo, sólo era un aparte resaltado que daba consejos para vivir mejor. Y aquí uno podría empezar a preguntarse: ¿Dónde está el sujeto que decide? ¿Está desapareciendo?

Es innegable que en la actualidad gozamos de beneficios en salud que nos permiten mayor calidad de vida y muchas enfermedades son más fácilmente curables. También es verdad que las recomendaciones de los especialistas en prevención son muy necesarias, pero igualmente es notable cierta exageración. Lo que podríamos llamar un Discurso Amo que nos dice qué sí y qué no debemos comer o hacer, en el cual, con frecuencia, se encuentra que alimentos que consumieron nuestros abuelos llegando a edades longevas, se vuelven sospechosos. Un discurso del que cada vez estamos más presos, de una inversión que se podría plantear así: ¿vivimos para tener salud? o ¿por tener salud vivimos?

Una duda que las generaciones anteriores probablemente no tuvieron, de lo que si no dudaban era que todo exceso enferma, además, algo que no necesita ser enseñado porque se siente, y la mayoría lo aprendemos muy temprano en las travesuras infantiles, en las que el cuerpo nos dio el castigo y la respuesta. ¿Sería inapropiado decir que antes el cuerpo nos hablaba, nos orientaba, y ahora no sólo vivimos hablando de él, sino por él?

Alguien definió la salud como: “El silencio de los órganos”, y es verdad, nos sentimos bien cuando no los sentimos. Claro que también hoy sabemos que hay enfermedades silenciosas, lo cual nos puede llevar a una cierta paranoia, a vivir auscultándonos, radiografiándonos y cualquier malestar común que hace parte de estar vivos, nos puede llevar a la angustia que todos llevamos dentro porque sabemos de la muerte.

Un saber que ahora parece exacerbado y por lo cual se vive en una carrera loca por ganarle la partida con prevenciones, prohibiciones y teorías que limitan los goces mínimos que la vida nos ofrece. Y lo más importante que encabeza la pregunta inicial, esa sensación de que el cuerpo propio no es propio sino de otro, de aquel que detenta un conocimiento que, obviamente si se está realmente enfermo cumple toda su función, pero que en ocasiones lleva a una falta de libertad en la que se pierde el propio deseo.

¿Estamos viviendo para vivir o estamos viviendo para no morir? Creo que es una pregunta pertinente en nuestra época, porque con tanta información de lo que debemos hacer para estar sanos, parece que estamos perdiendo el norte de lo que significa la vida.

¿Podemos arriesgar la tesis de que nuestra época es hipocondríaca? Para no afirmar que sí, digamos que tiene muchos visos, seguramente producto de tanto adelanto tecnológico que permite detectar lo que antes era imposible pero también por eso, nos crea la fantasía de inmortalidad. Una fantasía que también alarga agonías en cuidados tan intensivos, que ahora para morir se necesita de permisos que agregan a los dolientes del enfermo dudas y culpas, antes impensables.

Son consecuencias de vivir la época que nos tocó en suerte y de lo cual no se puede culpar a nadie, pero que nos incita a reflexionar para tomar de ella lo mejor, y en lo posible, tener la capacidad de hacernos cargo, con responsabilidad, de nuestro cuerpo y de nuestras propias decisiones. GC

Por Isabel Prado Misas
Psicoanalista
isaprami@hotmail.com

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