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El diván virtual 29 de Abril de 2011

¿Es mejor ser rico que pobre?

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Esta es una frase expresada por un personaje nacional que ha dado mucho de que hablar, y si ha sido así es porque algo debe estar diciendo. Podríamos concluir que si lo afirmó es porque en algún momento pudo haber pensado lo contrario, que era mejor:

“Ser pobre que rico”. ¿No será este un pensamiento que está arraigado en nuestro medio, por lo cual hacemos parte de un país subdesarrollado o tercer mundista, cuya característica es ser pobre? ¿No tendrá que ver con cierta manera de pensar?
Hay algo innegable que queda oscurecido cuando se explican las causas de la pobreza, atribuida siempre a que la generan los poderosos, razón que no es falsa, pero tampoco es la única. Lo que queda oscurecido es que no se trata solamente del otro que avasalla, también se trata de una posición frente a la vida, de una pobreza interior. De un malentendido transmitido y padecido en el que se cree que sólo se puede salir de ella, si logra ser un campeón mundial o, robando, estafando, traficando y hasta matando.

“Es un hijo de papi”, decimos para referirnos a los hijos de los ricos que habitan nuestro país. Y de ellos suponemos que tienen todas las ventajas y los contactos para lograr sus aspiraciones, lo que no podemos negar y en muchos casos es cierto. Pero también es cierto que en hogares en que abunda la pobreza también encontramos muchos hijos de papi, dónde son los padres los que sostienen grandes familias, a sus hijos con sus hijos y en los cuales, la consideración por el que solventa todo es casi inexistente. Una postura cómoda de creer que todo les debe ser dado y donde asumir sus propias responsabilidades, está lejos de lograrse.

Seguramente la razón, muy inconsciente, que se pueda creer que es mejor ser pobre que rico, porque al pobre le dan y al rico siempre le están pidiendo. Una realidad común que podemos ver fácilmente en muchas familias, en las cuales, cuando alguno logra descollar y ganar un poco más que el resto, pasa al lugar del Super tío, del Super hermano, del que no solamente no se sigue el ejemplo, sino que se espera debe repartir con los demás lo que con su esfuerzo se ha ganado, pasando a ser, si no lo hace, el mezquino que se cree de mejor familia. Una circunstancia difícil de superar porque el progreso que se pudo conseguir, se ve acompañado de una sensación de culpa por estar en una posición que los otros no han podido alcanzar.

También reina la idea de que al rico le ocurren más desgracias y que son menos buenos que los pobres. Y, al parecer, ser pobre también tiene sus ventajas porque en la calamidad siempre es asistido y considerado por su situación y como no tiene para dar, nada se espera de él, por lo cual nunca podría ser tildado de mezquino. No siente culpa por no poder ayudar y siendo su situación realmente precaria, ver que los demás si tienen, le permite más fácilmente creer que lo que le falta, no es porque no ha hecho el esfuerzo para buscarlo, sino que es el otro quien no lo ha querido proveer.

Estar en una situación de pobreza es entendible, pero estarlo siempre llama a sospecha, algo más debe estarla sosteniendo.

Sabemos que progresar no es fácil, y menos si se ha vivido en situaciones extremas, asimismo, es verdad que todas las posibilidades no están dadas en un estado con tantas falencias.

Pero también es cierto que somos nosotros los que conformamos el estado, como integrantes de un pensamiento colectivo que tendríamos que reflexionar, porque si logramos tener claro que “Es mejor ser rico que pobre”, como muy sabiamente lo dijo Pambelé, empezaremos a dejar los caminos que nos llevan siempre a la misma pobreza. Donde la auto conmiseración, la victimización, la comodidad y la culpa, no sea lo que nos guie, sino la pujanza y las ganas de trabajar y producir, no necesariamente para ser rico, sino para salir de ella.

Por :Isabel Prado Misas

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