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El diván virtual 19 de Septiembre de 2015

El dinero y la felicidad

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Isabel Prado Misas
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Por estos días ha sido muy publicitado un estudio de una universidad del primer mundo, en el que el objetivo era saber si el dinero trae felicidad. Y descubrieron que sí. Una investigación que hace que uno se pregunte si será que no hay misterios de la condición humana más complejos para resolver.

Porque cualquiera que viva en este mundo, desde que apareció el cauri, ese primer objeto primitivo que muchos años antes de Cristo se utilizó para negociar, que representaba un valor de cambio, ¿no se ha vivido siempre en pos de él? Y no precisamente por la moneda en sí, sino porque con ella se obtiene lo que da satisfacción. Y la satisfacción tiene que ver con la felicidad.

Sabemos que el dinero cada vez tiene mayor importancia porque vivimos en un mundo capitalista, donde lo trascendente es el capital, o sea, con lo que se cuenta. Y hoy no contar con él es de vida o muerte.

¿No mueren de hambre o de enfermedad aquellos que no lo tienen? Y los gobiernos que no saben manejarlo, ¿no llevan a la penuria y al desamparo? ¿Cómo podríamos pensar a alguien feliz cuando le falta la comida, el abrigo, la salud, que se consiguen con dinero?

¡Claro que da felicidad! O, acaso el que no tenía con qué comer y encuentra unas monedas, ¿no se siente feliz? El padre que no tenía con que pagar el colegio del hijo y consigue el dinero, ¿no se le dibuja una sonrisa? Al empresario al que le avisan del banco que le aprobaron el préstamo para salir de la quiebra, ¿no lo asalta la dicha? Que también siente aquel que culminó el gran negocio que le va a permitir recorrer el mundo sin afanes. O la señora, a quien el marido le regaló lo suficiente para comprarse lo que deseaba. Cada cual con sus necesidades, pero felicidad al fin y al cabo.

Lo que sí no da el dinero es La felicidad con L mayúscula. Creerlo puede llevar al descontento, a la frustración, a veces a la agresión, cuando ese supuesto se encuentra defraudado. Más aún en nuestros días en lo que todo parece estar a la mano, haciéndonos creer que basta con comprar eso que nos dará satisfacción o nos curará los males. ¿Acaso no lo pregonan así los comerciales?

Por eso de lo que nos debemos cuidar es de la fantasía de que somos iguales en la búsqueda del objeto del deseo, de esa carrera loca por tener lo que todos tienen y de la angustia por no tenerlo. Algo que  siempre ha existido, que ahora exacerbado en una sociedad en la que hay mucho para consumir, genera una nueva infelicidad porque aunque se pueda comprar todo, siempre habrá algo que no anda.  

Hay estudios que descubren lo que ya sabemos, porque: ¿quién podría dudar que el dinero da felicidad? Que no la da toda es otra cosa, y parece que averiguarlo en estos tiempos en los que con él todo pareciera ser posible, requiere de grandes investigaciones.

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