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El diván virtual 11 de Noviembre de 2011

¿Educación sexual?

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Nuestro país está entre los que presentan mayor tasa de embarazos en la población adolescente, lo que nos hace pensar, porque se esperaba que implementar políticas nuevas como la educación sexual en los colegios, llevaría a mejorar la calidad de vida de las nuevas generaciones. Al parecer no han sido así los resultados.

Lo anterior lleva a reconocer que lo que se planea con las mejores intenciones, no necesariamente lleva a obtener lo deseado, razón que llevó a Freud a decir que para el hombre existen tres imposibles: educar, gobernar y analizar. Entendiendo que su imposibilidad no implica que no se traten de llevar a cabo, solo que hay que estar al tanto de su dificultad porque muchas veces habrá que remontar lo mismo, de otra manera.

En tiempos pasados era usual que las mujeres tuvieran hijos muy temprano, si nos remitimos al tiempo de las abuelas y bisabuelas, encontramos que muchas a los dieciséis años ya habían tenido su primer hijo, pero esto sucedía en una época de costumbres diferentes, donde los jóvenes se casaban muy temprano, el hijo hacía parte de una constelación familiar y los padres asumían sus deberes para conformar familias que duraban años.

Hoy la sociedad ha cambiado y muchas libertades anheladas se lograron trayendo múltiples beneficios, también formas de relacionarnos en las que, por ser nuevas, no se encuentra el equilibrio.

Es así que la sexualidad ya no es tabú, la virginidad ya es un mito, y los medios propagan lo que está a la orden del día: una incitación al desborde del goce donde las moralejas se desdibujan o han cambiado de tal manera que, la frase: “Pórtate mal para que la pases bien”, ha hecho carrera.

Una tendencia a asumir la libertad sin compromiso, sin responsabilidad, por lo cual la reflexión no atañe sólo a lo sexual sino a una ética, a una forma de vivir y entender el mundo. Hoy en día hay mayor dificultad en acotar el placer para asumir posiciones que traigan mayor beneficio, y los jóvenes llevados de libertades apenas estrenadas, tampoco encuentran en los padres límites claros, pues para ellos también todo parece nuevo.

Una época de preguntas en la cual no se sabe qué prohibir y qué acatar, y los adolescentes, librados a tantas formas de comunicación que, en muchas ocasiones, no están al alcance de los padres porque son ellos quienes detentan el poder para manipular tanto medio novedoso, deben resignar su autoridad a lo que esté a su alcance.

Sabemos que esta es una situación universal, lo que es particular es el alto índice de embarazos en púberes y adolescentes, una circunstancia en la que es fácil predecir las pocas oportunidades para esos hijos, no sólo por el factor económico, también por la dudosa capacidad de esas niñas para ser madres y además solteras.

Es un imposible educar, podemos creerle a Freud, además, si se trata de sexualidad, que tiene que ver más con la piel que con el racionamiento, sin embargo, podríamos plantearnos una reflexión.

Una interrogación por el sujeto, por ese que sabe que existe, que reconoce que sus actos tienen consecuencias y que debe estar advertido de que de las decisiones que tome depende su futuro y el de los otros. ¿Será que en este punto se carece de una posición frente a sí mismo, que si no está en los padres, no puede ser transmitida a los hijos?

Perspectiva que va más allá de los saberes sobre la sexualidad pero que tienen que ver con ella, cuando aquel que en su construcción de vida no ha tenido la opción, desde muy pequeño, de saber que sus actos tienen importancia, para que más tarde pueda incluir en ellos, sus actos sexuales .GC

Por
Isabel Prado Misas

isaprami@hotmail.com

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