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El diván virtual 22 de Agosto de 2015

¡Cómo sufren las madres!

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Isabel Prado Misas
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Los padres sufren, pero puedo asegurar que en las madres esto es más acentuado por un chip que se carga para siempre, incluso antes del nacimiento del hijo. Ese sentimiento no se apaga y está presto a  toda  alarma si llega a verlo en peligro o, a suponerlo.

Y podemos también afirmar que las madres de ahora padecen más debido a la velocidad de las comunicaciones, que hacen que una respuesta tardía a un mensaje sea motivo de angustia y de   asociación de pensamientos en los que se suponen toda suerte de calamidades. Su imaginación, de por sí es bastante dramática y se acrecienta con el silencio de los medios electrónicos que también fallan, no tanto por su tecnología sino porque son manejados por humanos, además jóvenes, que responden a su antojo.

Seguramente un tormento novedoso para todos los padres del mundo, pero nosotros sufrimos de algo más. Vivimos en un Estado que no nos protege, en el que se han sobrepasado los límites y los peligros que pudieran estar en la mente de unos padres sobreprotectores que no distinguen las amenazas de la realidad. Difícil situación, pues nuestra  sociedad profundamente deteriorada, con una criminalidad que se desborda, nos ha llevado a criar a los hijos en medio del desasosiego, en el cual ya es difícil encontrar quienes son los sobreprotectores y cuáles no.

Un entorno que hace dudar a aquellos que con una mente abierta y sin aprehensiones, quieren ofrecerles a los hijos cierta libertad para que conozcan y se puedan relacionar mejor con el mundo. Y que acrecienta el temor de aquellos que por su disposición, tienden a dominarlos y a reprimirlos por temores infundados que limitan sus habilidades y su desarrollo. Para estos, es la excusa perfecta, para los otros, una limitación triste.

Porque realmente es doloroso saber que la felicidad de ver crecer a los hijos, de acompañarlos en su descubrimiento de la sexualidad, del amor, de la diversión, del trabajo, sea empañada por una paranoia colectiva que no tiene nada de delirante, porque obedece a que ya no nos sentimos seguros ni en la propia casa.

Y es que la inseguridad no solo está afuera, ella entra a la intimidad del hogar y genera conflictos en su interior, por eso los padres y las madres tenemos que ser más fuertes a pesar de nuestros temores. Porque, cómo prohibirles que vivan si apenas están empezando, cómo impedirles que salgan si no es con sus pares, cómo entenderlos con las letras de sus canciones que nos asombran, cómo no temerle a la droga. Además.

Definitivamente los padres, aquí y ahora, deben llenarse de valentía para poder ser condescendientes. Especialmente en nuestro país en el cual las amenazas que pueden tener no son las de una madre desbocada, sobreprotectora o demandante. Son peligros reales.

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