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Así Nos Conocimos 04 de Enero de 2020

Un matrimonio que busca ayudar a otros

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Luego de 20 años juntos, Liliana Duncan y Alejandro Correa cuentan cómo han podido ayudar desde hace más de una década a alrededor de 300 familias en Barranquilla.

Jandy Aponte Leguízamo
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Alejandro Correa y Liliana Duncan siguen tan enamorados como hace 20 años. Durante este tiempo, han construido juntos una sólida historia que ha llevado a que su matrimonio sea especial, pues por medio de la unión, el trabajo y la formación han podido ayudar a muchos hogares.

Esta pareja se conoció hace más de 20 año.  Alejandro accidentalmente difundió a todos sus contactos un mensaje personal de una amiga que le contaba un problema por correo electrónico, lo que hizo que uno de sus compañeros se conmoviera por la historia y se interesara por la chica, quien también es amiga de Liliana: “Le dijo que quería conocerla, así que ella me pidió que la acompañara a su primera cita. Alejandro, por su parte, acompañó a su amigo” expresa entre risas Duncan.

Ambos estudiaron en el colegio Aspaen, algo que hace sentir muy orgullosa a Liliana: “Cada día agradezco a mis padres por haber escogido la mejor educación que se podría encontrar en nuestra ciudad, donde se forman familias, donde se valora a cada ser humano con su identidad propia”.

Posteriormente, cada uno se graduó como Administrador de Empresas en la Universidad del Norte.

En 1999 empezaron a trabajar en equipo para crear su empresa en diseño de sitios web. En ese entonces Colombia no había acogido completamente este tipo de escenarios virtuales. Con el tiempo obtuvieron reconocimiento, hasta que tomaron la decisión de vender su proyecto en el 2010. 

Luego de cuatro años de noviazgo decidieron ser esposos. “¡Qué emoción se vive en esos días previos, ya no recuerdo casi los detalles, solo lo que sentía!”, manifiesta con entusiasmo la administradora. 
Después de un tiempo, estos esposos decidieron seguir formándose no solo para fortalecer su hogar —que actualmente cuenta con tres hijos—, sino también para ayudar a otras familias que estuvieran pasando momentos difíciles.

Fue entonces que en el 2007 realizaron el diplomado “Ser Persona, Construir Familia”. Con base en las enseñanzas, experiencias y una serie de herramientas, ayudan hoy día a muchas personas por medio de la junta Famof (familias que ayudan a otras familias), que busca enriquecer la vida de las parejas en la ciudad, a través de distintos cursos. 

“En el diplomado encontramos que la formación es uno de los temas más necesitados hoy en la familia. Luego, por los vínculos de formación que tenemos los dos, encontramos esta Fundación, nos invitaron a participar, y con el tiempo terminamos liderándolo”, aclara Alejandro.

En síntesis, los esposos que hagan parte de esto realizan cursos de enriquecimiento familiar que sirven para consultar de qué manera pueden abordar un tema específico, desarrollando diferentes alternativas que pueden aplicar otros hogares. 

Gracias a la participación de Liliana y Alejandro, y de otras parejas, más de 300 familias han sido beneficiadas. 

Sus hijos Andrés, Gabriela y Javier respaldan el trabajo que sus padres realizan, o al menos así lo expresa la madre de familia. “Para nuestros hijos y los de nuestros amigos es un plan fantástico asistir los sábados a los cursos y saber que sus papás están estudiando para ser mejores”. 

Otras de las funciones que cumple la pareja, es estar presente en los comités financieros de comunicaciones y en algunos casos, ser moderadores y jefes de equipo guiando a los nuevos participantes, quienes asisten a reuniones que de vez en cuando se realizan en su apartamento.

También procuran hacer presencia en congresos internacionales como el organizado por el Instituto de la Familia de la Universidad de la Sabana, ya que, por medio de estos, se capacitan sobre los temas de interés para las familias actuales. 

Entre tanto, estos esposos buscan siempre enseñarles a sus hijos la importancia del respeto y el valor de la familia por medio de las buenas prácticas. “Nos llevamos a nuestros hijos a hacer nuestras vueltas, así practicamos la paciencia y como transmitirla. Le enseñamos a respetar el turno, y que las cosas no siempre salen como se espera”, expone ‘Lili’, como le gusta que la llamen. 

Hoy día, Alejandro labora en una empresa familiar del sector metal-mecánico que presta servicios a importantes industrias Barranquilleras, mientras que Liliana es coordinadora de comunicaciones en el colegio donde se gradúo. 

Sus tres pequeños hijos también  estudian en el colegio que alguna vez vio a sus padres crecer y educarse, y esperan que ellos también tomen la iniciativa de ayudar a otras personas en el futuro y que esto les sea recompensado por medio de sus familias. 

Sobre las problemáticas de los que muchos hogares son víctimas, reconocen que hace parte del proceso para la unión “los problemas inagotables son los que nos hacen sentirnos satisfechos al ver que los hemos resuelto hombro a hombro”. 

Para Alejandro Correa, “la educación y la formación son claves para que una pareja o un hogar se mantenga”, ya que para él, los ejemplos desde la casa son primordiales.

“Por eso es que le estamos apuntando a la familia, en este tipos de espacio aprenden a conocerse, y  ver las diferencias ¡No somos iguales! Las mujeres necesitan un trato especial, al igual que los hombres. Es aprender a reconocernos como somos”, concluye Liliana. 

Los Correa Duncan sigue trabajando para ser un ejemplo frente a las demás, y por medio de las virtudes adquiridas y la formación, siguen fortaleciendo la unión, el amor y el respeto. 

Liliana Duncan...
“Para nuestros hijos es fantástico saber que sus papás están estudiando para ser mejores”.

Alejandro Correa...
“La educación y la formación son claves para que una pareja o un hogar se mantenga”.

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