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Así Nos Conocimos 01 de Septiembre de 2018

Trabajar en equipo, la fortaleza de Paola y Andrés

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Foto: Orlando Amador.

Paola, Andrés Felipe y Agustín posaron para el lente de Gente Caribe en su casa, ubicada en el norte de Barranquilla.

Daniela Murillo Pinilla @DanielaMurilloP

Esta pareja barranquillera asegura que ha sido la paciencia y el entendimiento mutuo las bases que les han permitido consolidar su relación. Hoy son padres de Agustín, su primogénito de un año.

Una amiga en común fue el “puente perfecto” para que la diseñadora industrial y maquilladora profesional Paola Bonilla Santiago se conociera con el empresario Andrés Felipe Solano Pineda. Ambos recuerdan como coincidencialmente eran atendidos por la misma odontóloga, por lo que constantemente se cruzaban “en el camino del otro”. Un día Andrés se animó y decidió empezar a “pretenderla”, sin embargo confiesa que en un principio no tuvo mucho éxito. 
 
“Yo no quería salir con él porque sabía que en ese entonces él tenía fama de ser mujeriego, por lo que trataba de evitarlo. Pero recuerdo que en esa época yo estaba recogiendo unos mercados para unos adultos mayores y él se ofreció a donar uno muy grande. Eso me emocionó mucho y decidí mandarle una botella de vino como agradecimiento. Después me invitó a comer, acepté y curiosamente ese día se intoxicó con la comida”, afirmó entre risas Paola. 
 
Luego todo fue cuestión de tiempo. Continuaron hablando y aseguran que disfrutaban compartir tiempo juntos y visitar nuevos restaurantes. En muy poco tiempo formalizaron su relación y se convirtieron en el “principal apoyo del otro” en sus proyectos laborales. Por aquel entonces, Paola se encontraba comenzando su carrera como maquilladora profesional y Andrés Felipe estaba concentrado en liderar el negocio familiar, una empresa de alimentos. 
 
A los cinco meses de relación se fueron a vivir juntos y seis meses después decidieron que había llegado la hora de “ver hacia una misma dirección”. Aunque ya habían hablado de planes de matrimonio, Paola no se esperó que el 4 de julio de 2015 Andrés la sorprendiera con un anillo durante las vacaciones. 
 
“Hicimos un viaje a Disney el año en el que nos conocimos. Todavía me acuerdo que ese día estaba haciendo un calor muy fuerte y después cayó una lluvia impresionante. Al final de la noche, en medio de los juegos pirotécnicos del show, le mostré el anillo de compromiso y le pedí que se casara conmigo”, recordó Andrés. 
 
Un año después se dieron el “sí”. Primero organizaron una ceremonia civil de día el 29 de diciembre de 2015. Allí tuvieron la oportunidad de compartir un almuerzo con sus familiares y amigos más cercanos. Al mes ofrecieron una recepción en una casa en la playa de Salgar. 
 
Juntos esperan continuar trabajando en sus compromisos laborales y en seguir contribuyendo al bienestar de su proyecto más grande: la familia. 
 
 
“Ese fue uno de los mejores días de mi vida. En esta segunda ceremonia me acuerdo que el momento de decir los votos fue muy especial. Con anterioridad yo le venía preguntando que si ya los tenía listos y el solo me decía que sí, pero no me los mostraba. Cuando llegó el momento, él me dice que nunca habrá una mejor manera de decírmelos y enseguida sale de la nada una persona cantando Sorprenderte, la canción de Fonseca. Fue muy lindo”, manifestó Paola. 
 
Lo que Paola nunca esperó es que, justo a la semana de su fiesta de matrimonio, recibiría una sorpresa que terminaría por cambiarle la vida: estaba embarazada. 
 
“Si no es porque Andrés me lo pregunta un día, yo jamás lo hubiera pensado,  porque estaba en ese entonces en un tratamiento ginecológico. Compramos dos pruebas caseras y cuando vi el resultado quedé en shock. Empecé a sentir muchos nervios y remordimiento por todo lo que había saltado, bailado e incluso los tragos que había tomado el día de la boda. Tenía cuatro semanas”, añadió Paola. 
 
Aunque poco a poco se fueron adaptando a la idea de ser papás primerizos de su hijo Agustín, aseguran que durante el embarazo atravesaron por “una época muy fuerte y angustiante” en sus vidas. En una de las consultas médicas, el especialista les informó que el bebé tenía su cabeza pequeña y que estaba “en el límite”. Los remitió a un radiólogo, quien coincidió con el diagnóstico del primer médico. 
 
“El segundo doctor nos dijo que teníamos que esperar al mes siguiente para estar pendientes si la cabeza crecía. Teníamos mucho miedo de que se tratara de un caso de microcefalia, porque justo para esa época estábamos en época del zika, un virus que ocasiona este trastorno. El problema fue que cada vez que íbamos a una nueva consulta nos decían que teníamos que ser pacientes y esperar al siguiente mes. Fue una época en la que no teníamos una respuesta, por lo que era muy angustiante y permanecíamos en oración. Hasta que finalmente un día, durante el octavo mes, nos confirmaron que el bebé era simplemente de cabeza pequeña. Sentimos mucho alivio”, relató Paola. 
 
Finalmente, el 15 de septiembre de 2016 nació Agustín. Ambos padres coinciden que su llegada ha sido de las experiencias más maravillosas de sus vidas. 
 
“Desde un principio él fue nuestra prioridad. Recuerdo que llegó de una manera anticipada y durante una consulta ginecológica. Ese día nos enteramos que la amiga que nos presentó estaba atravesando por una difícil situación de salud. Paola se llenó de tensión y en la cita médica le dijeron que era necesario que el bebé naciera, pues tenía la presión alta”, manifestó Andrés. 
 
Así pues, juntos consideran que ha sido “la paciencia y el entendimiento mutuo” las bases que les han permitido afrontar con optimismo y determinación cada una de las situaciones difíciles con las que se han enfrentado en su camino. 
 
“Siempre trabajamos como equipo. Andrés ha sido como una madre también, me ha acompañado en cada momento. No sufrí de depresión postparto, pero al principio tuve esa angustia de saber si estábamos haciendo las cosas bien. Hemos sido el complemento del otro”, agregó Paola. 

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