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Así Nos Conocimos 26 de Septiembre de 2020

Silvana Borrero y Eduardo Puello: una unión ‘verde’ y aventurera

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Foto: Orlando Amador Rosales

La pareja de casados creó un eco hotel, ubicado en Usiacurí (Atlántico), mediante el cual fomentan el aprovechamiento respetable de los recursos naturales.

Loraine Obregón Donado - Instagram:@soyloraineo
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Las risas de los barranquilleros Silvana Borrero, de 36 años, y Eduardo Puello, de 41, resuenan al otro lado de la bocina del teléfono, justamente cuando intentan ponerse de acuerdo para saber quién inicia con el relato de su historia de amor.

Eduardo toma la palabra. Empieza diciendo que lograron conocerse hace varios años porque Silvana solía ser “muy amiga” de su hermano Manolo.

“Ella y yo empezamos a salir en 2009. Ambos habíamos recién terminado las relaciones que teníamos en ese momento. Yo la veía muy atractiva y su mejor amigo, Jason Meyer, resultó siendo nuestro cupido. Un día cualquiera la llevó a una fiesta a la que yo iría, le pedí el teléfono y la invité a salir”.

A partir de ese momento dieron rienda suelta a sus sentimientos. A los nueve meses de novios —cuenta Silvana— lograron comprometerse y a los tres años (2012) decidieran darse el sí ante el altar de la Parroquia Inmaculada Concepción, en Barranquilla. En 2014 se convirtieron en padres, trayendo al mundo a su primogénito, Salomón; y en 2019, a Emilia.

“Todos estos años de matrimonio podría definirlos como increíbles (...) de Silvana me gusta todo. A la fecha podemos decir que hemos compaginado muy bien”.

Para los dos su relación desvirtúa el título del libro ‘Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus’, del autor John Gray; así como el adagio popular que reza: “Los polos opuestos se atraen”, pues no solo comparten la profesión en Administración de Empresas, sino que también tienen muchas afinidades como, por ejemplo, el amor por la naturaleza y el espíritu aventurero.

Aseguran que las discusiones no tienen lugar en su matrimonio, ya que —en tono coloquial—  Eduardo asegura que “hace caso” a todo lo que Silvana le dice, y porque cualquier diferencia entre los dos lograron solucionarla durante el noviazgo.

Silvana admira de Eduardo su paciencia y serenidad. Destaca que sus hijos han sido el ancla de su relación, así como el deseo de seguir juntos hasta alcanzar la longevidad.

“Somos muy familiares, pero también muy serviciales, pues nos gusta mucho ayudar a las personas”.

Silvana y Eduardo posan junto con algunos miembros del equipo de trabajo de Ankua Ecohotel Usiacurí.

Un emprendimiento juntos. Los dos crearon un sitio de descanso “amigable con el medio ambiente”, llamado Ankua Ecohotel. Eduardo asegura que cuando empezó a salir con Silvana, el terreno de Ankua era una finca ubicada en Usiacurí (Atlántico), que él había adquirido para trabajar tanto en la agricultura como en la ganadería.

Años después, luego de observar cómo la agricultura moderna “perjudicaba los suelos y causaba erosión, así como otros problemas ecológicos”, tomaron la decisión de iniciar en el proyecto Ankua.

Coinciden en que la materialización del hotel, que abrió puertas el 25 de enero de este año,  les demandó algunos retos, pues dentro de sus objetivos estaba materializar un lugar novedoso, que sin duda requería de un “esfuerzo alto”, donde las familias pudieran conectarse con la naturaleza.

“Yo siempre conté con el apoyo de Silvi. Siempre estuvo ahí diciéndome que siguiéramos adelante. Al principio no estaba tan pegada al proyecto, pero luego cuando vio las habitaciones y la infraestructura del hotel, empezó a ayudarme con el tema de los mobiliarios, de las redes sociales y de los diseños”.

A partir de ese momento se dio la vocación en conjunto de recuperar el ecosistema, así que la parte ambiental empezó a cobrar protagonismo tanto en el emprendimiento como en sus vidas. Eduardo asegura que Ankua es ecológico, así que cuentan con cuatro torres, de las cuales cada una contiene 12 paneles que extraen la energía del sol para sus habitaciones. En el área social hay uno más grande, que contiene 36 paneles. Además tienen una planta de tratamiento de aguas residuales, con microorganismos que permiten proporcionarle agua filtrada y limpia a los suelos. Adicionalmente, afirman que las cabañas fueron construidas “con madera 100% de reforestadora certificada”.

“Vivimos del agua lluvia y de pozos profundos. Nuestras piscinas y cascadas funcionan con un sistema de bombeo, impulsado por energía solar. Mantenemos solo fauna doméstica. Contamos con reforestación y la impulsamos en la zona del eco hotel, que está ubicado en una finca de 15 hectáreas, donde hemos logrado la reforestación de especies nativas. En la cocina hay estufas ecoeficientes y hornos a leña, de modo que tenemos nuestro propio espacio de bosque para obtener la leña y así asegurarnos que la obtención de calor es renovable”.

Silvana y Eduardo aseguran que sus hijos Salomón y Emilia son el ‘ancla’ de su relación matrimonial.

Otro de los pluses del hotel es el impulso del tejido social en el municipio de Usiacurí, mediante el cual promueven el desarrollo de los artesanos y del equipo de trabajo conformado por 15 a 18 familias, desde pequeños agricultores, cocineros, encargados de desinfección y aseo, personas de mantenimiento, hasta administradores, recepcionistas, meseros, bartenders y electricistas, todos oriundos de la tierra en la que el poeta Julio Flórez tuvo su deceso.

El nombre del lugar, que surgió en medio de la narrativa del diseño de la marca, hace alusión a la parte ancestral y a la herencia de los indígenas arhuacos, debido a que su enfoque ha sido el aprovechamiento respetable de los recursos naturales. Además, su inspiración fue extraída de “la Ley Universal Kunsamu, propia de los arhuacos, que habla de un niño, el Mamo Niankua, que sustentaba la armonía que debía existir entre las personas y el uso correcto de los recursos naturales”.

“Alcanzamos a operar desde el día que abrimos hasta el 15 de marzo cuando la alcaldía nos dijo que debíamos cerrar por el tema de la pandemia. Ha sido todo un reto unir fuerzas, invertir, crear un hotel y vernos obligados a cerrar; también fue difícil pensar que nuestros trabajadores no llegarían a tener ingresos, pero sorteamos la situación ayudándolos con algo semanalmente; en realidad nos tocó reendeudarnos. Aún no hemos hecho la reapertura porque estamos a la espera de la resolución de la Secretaría de Salud del municipio, aunque ya estuvieron los técnicos, quienes verificaron que cumplimos con el 100% de las normas de bioseguridad, ahora solo estamos en pruebas y a la espera”.

Dentro de esas medidas aseguran que cuentan con cuñetes de alcohol, de amonio cuaternario, de canecas de basura, tapabocas, guantes, termómetro, protocolos de aseo dentro de las habitaciones, avisos y señalizaciones, entre otros.

Silvana y Eduardo puntualizan en que, además de estar concentrados en la reapertura, dentro del eco hotel vienen trabajando en la producción de zapallo orgánico para exportar, y realizando pruebas de estevia orgánica. Simultáneamente se encuentran generando proyectos para la producción de aromáticas y hortalizas bajo un tipo de invernadero de clima tropical, y apuntándole a algunas clases de emprendimiento que tienen como objetivo dictar a los jóvenes usiacureños, que no han iniciado a causa de la pandemia.

Como familia, Silvana —también propietaria de la marca Kahé, que ofrece estevia líquida— asegura que disfrutan visitar nuevos destinos y conocer como si no existiera un mañana.

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