EL HERALDO
Facebook Twitter Instagram You Tube Google+
SUSCRÍBETE
El id es:node/149094
Así Nos Conocimos 16 de Junio de 2018

Rosa y Oswaldo, cómplices por amor y una obra social

El usuario es:

Foto: Orlando Amador Rosales

Oswaldo y Rosa disfrutan compartir tiempo de calidad y realizar obras sociales con las personas necesitadas.

Loraine Obregón Donado - Instagram:@soyloraineo

En 1999 esta pareja unió sus vidas, desde entonces aseguran que la base de su hogar es el amor, la igualdad y el respeto. Hace más de 10 años trabajan juntos para regalarles sonrisas y apoyo a pacientes con cáncer.

Era Día de Amor y Amistad de 1997. Todo estuvo listo para que Rosa Barvo celebrara al lado de algunos amigos de su especialización de gastroenterología y endoscopia, y para que Oswaldo Barrero, quien en ese momento era viudo y padre de dos adolescentes, asistiera al lugar y la conociera.
 
“Ese día vi por primera vez a Oswaldo porque una prima de él, que hacía parte del grupo, se puso de acuerdo con otra amiga para llevarme una pareja que se encargaría, al culminar la fiesta, de llevarme a casa porque yo no sabía manejar”.
 
Conocerlo aquella vez no generó en la barranquillera mucho interés. De hecho al estar en casa y despedirse le oyó pedirle el número de teléfono, pero  sin concretar nada. Transcurrieron los meses y en época de Carnaval, motivada por disfrutar la fiesta en compañía, decidió llamar a Oswaldo, no obstante  la comunicación fue imposible.
 
Pasaron 15 días y el cienaguero llegó hasta el consultorio donde laboraba Rosa para invitarle un café, ella aceptó y a partir de ahí surgieron otros encuentros entre los dos. 
 
A los seis meses Oswaldo manifestó el deseo de proponerle matrimonio, pero Rosa creyó que no era el momento, ella solo quería ir paso a paso, tener un espacio en el que pudieran conocerse el uno al otro e interactuar con sus familiares. Iniciaron un noviazgo y más tarde, en el cumpleaños de Rosa (20 de febrero), la propuesta volvió a salir a flote, esta vez recibiendo como respuesta un “sí”.
 
En abril 17 de 1999, el ingeniero civil Oswaldo y la médico Rosa unieron sus vidas en una ceremonia íntima, celebrada en Nena Lela y oficiada por un notario. 
 
“No tuve hijos con Oswaldo porque así lo decidí. Una de las principales razones fue porque mi familia es portadora del cáncer hereditario, de hecho mi mamá, uno de mis hermanos y mi papá murieron de cáncer. También por mi profesión, la atención a mi familia y el servicio social que me gusta hacer”.
 
Los dos confiesan disfrutar de los pequeños detalles, de lo humano y lo espiritual. Dentro de sus planes favoritos está el de visitar un buen restaurante y contemplar juntos el mar. Comparten el placer de regalarles sonrisas y una mano amiga a pacientes oncológicos. De hecho, como trabajo sin ánimo de lucro, emprendieron desde hace más de 10 años una labor que hoy día apoya a un gran número de familias que no cuentan con el sustento financiero para solventar sus necesidades en medio de un tratamiento oncológico. 
 
“Todo inició porque mi papá tenía cáncer renal y en medio de sus quimioterapias y radioterapias conocí a un niño llamado Leonardo, él tenía un tumor en la cabeza. Un día cualquiera le pidió agua a su mamá, pero ella no podía darle porque no tenía para comprarla y tampoco para regresar a casa. Esta imagen se me quedó en la memoria, pensé que tenía que hacer algo y empecé a darle el dinero de los transportes, el desayuno y el agua. Luego seguí haciéndolo con otros niños de escasos recursos”, manifiesta Rosa con voz quebrantada.
 
Después decidió llevarles rosarios  “con el fin de que los pacientes tuvieran una fortaleza espiritual”. 
 
Observar las fotografías de algunas actividades con los niños que ayudan les arrebata sonrisas a la pareja de esposos.
 
“Después de esto me di cuenta que me faltaba algo. Empecé a analizar que cuando los pacientes tenían una actitud positiva evolucionaban diferente. Así que creé El día feliz en mi tratamiento, yo tenía 39 años y Oswaldo 52, aún no nos habíamos casado. Con este hacíamos realidad algún sueño que tuviera el paciente o le brindábamos apoyo. Después de casados hicimos la primera celebración lúdica, él me apoyó y se disfrazó de Papá Noél para darle felicidad a los pacientes que iban a radio y quimio en la Asunción (...) El recurso siempre ha salido de nosotros y de todos los amigos que aportan un granito de arena con sus donaciones”.
 
Luego de que el centro de cáncer en la Asunción cerrara por tres años, esta pareja continuó con las fundaciones Milagro de vida, Paula Andrea Velásquez y, Andrea y Vanessa. Hoy día siguen en esta obra social y desde el año pasado se unieron a una de las hermanas franciscanas de la Asunción, quien aceptó acoger El día feliz en mi tratamiento, bajo el nombre Fundación Madre Bernarda voluntariado oncológico. La tarea de esta fundación, dirigidas a adolescentes, adultos y adultos mayores con cáncer, está basada en ofrecer talleres de maquillaje a mujeres con cáncer, cómo hacer turbantes, manillas y collares. Además de actividades médicas preventivas y talleres para mejorar la motricidad. También organizan fiestas temáticas con juegos, eucaristía y concursos donde el protagonista siempre serán las sonrisas de los pacientes con cáncer.
 
Oswaldo Barrero posa junto algunos voluntarios de la fundación.
 
Sobre la esencia de su relación, Oswaldo dice que es la unión, la igualdad, el amor y el respeto. La fortaleza aseguran recibirla a través de la Virgen María y de Dios. También señalan que emana de la alegría de cada paciente y de la gente que cada vez más se suma como voluntaria en este proyecto que catalogan como una labor de esperanza y fe.
 
Para Oswaldo...
“Rosita es una mujer guerrera, sincera, alegre y muy especial. Con ella soy muy feliz”.
 
Para Rosa...
“Oswaldo es mi apoyo y cómplice en cada actividad que realizamos con los pacientes con cáncer”.
 
 

Etiquetas

Más de revistas