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Así Nos Conocimos 14 de Septiembre de 2019

Natalia y Ricardo viven una historia que ‘respira’ números y carnaval

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Foto: Orlando Amador Rosales

Los dos barranquilleros aseguran que tienen claridad de todo lo que implica el matrimonio. Agregan que aman compartir momentos juntos y vibrar durante los cuatro días del Carnaval de Barranquilla, bailando con el disfraz de marimonda.

Loraine Obregón Donado - Instagram:@soyloraineo
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Existen misterios en la humanidad. En la vida de Ricardo Márceles, de 35 años, y Natalia Hernández, de 31, lo más enigmático ha sido el día en el que se conocieron. Los dos aseguran que no tienen claridad de cuál fue el punto cero, de hecho, se han puesto a la tarea de hacer una investigación de datos exhaustiva, a través de correos y diarios.

“Lo más cercano lo encontramos en un correo que le envié a una amiga que vivía en Alemania, en el que le decía que había ido a cine con dos amigos y un primo X de uno de mis amigos, o sea, Ricardo. Entonces creo que por esto podríamos suponer que fue en 2006”, cuenta Natalia, entre risas.

Ricardo, quien es ingeniero de sistemas, especialista en Seguridad de la Información y magister en Gobierno de T.I., da a conocer que desde un principio sabía quién era Natalia. Incluso, desde la época del colegio, en el que su primo era compañero de Natalia, tenía claro que sentía una fuerte atracción por ella. Al enterarse de que se iría para Alemania a estudiar la carrera profesional, Ricardo pensó en que todo tipo de esperanza se había perdido.

“Un ocho de diciembre volvimos a tener una cercanía, en una discoteca de acá de Barranquilla. Allí bailamos normal y uno de los presentes tenía una cámara con la que estaba haciendo videos. En el momento alcanzaron a grabarme con Ricardo y yo me molesté porque, aunque solo era un baile, yo tenía novio y no quería que se malinterpretara nada. Ese día terminé molesta”.

 Luego de este suceso, pasaron los días y Natalia emprendió viaje hacia Alemania. En épocas de vacaciones tenía la oportunidad de regresar a la ciudad a visitar a su familia. Uno de sus medios de comunicación con sus amigos, a través de la distancia, era Messenger.

“En un momento de mi carrera, Ricardo apareció saludándome por Messenger. Recuerdo que sucedió porque en una de mis materias tuve que presentar una práctica de robótica con una compañera, realicé un video para Facebook y lo publiqué. Luego pasó a ser un concurso, participamos y gané, él se enteró y me empezó a escribir. Luego me propuso que nos viéramos por cámara y hablamos normal”.

El 6 de septiembre de 2009, Ricardo se encontraba en Bogotá por temas de estudio, así que Natalia decidió llamarlo para comentarle que llegaría a la capital, a renovar la visa gringa. Ese día lograron coincidir y las atenciones no se hicieron esperar.

Hospedados en un hostal, sentados en un sofá, viendo Los Simpson, Ricardo le propuso iniciar un noviazgo. Aunque la duda embargó la mente de Natalia, su corazón habló y siendo obediente a este,  su respuesta fue “vamos a ver qué pasa”.

La relación empezó a distancias, pero los dos lograron sortearla. Natalia recuerda que en todo este proceso supieron esperar e hicieron muchos sacrificios que a la larga fueron esenciales para hacer realidad lo que hoy día sostienen: un matrimonio de cuatro años.

Ricardo, por su parte, hace memoria de que en noviembre de 2013 tomó la decisión de proponerle a Natalia que ‘unieran  sus vidas’. Este compromiso pasó a materializarse en diciembre de 2014. 

El balance que hacen los dos sobre el camino que han recorrido es positivo. Natalia manifiesta que, aunque hay quienes ven el matrimonio como un requisito social, para los dos significa la entrega absoluta.

Ricardo y Natalia posan junto con Emma, su hija de cuatro patas.

“Ya no tenemos planes separados, sino que todos armonizan. En diciembre cumplimos cinco años de casados y creo que nada de esto es trivial (...) quien se casa tiene que aprender a convivir”.

Natalia, quien es matemática diplom, expresa que lo más importante de la experiencia es que cada una de las palabras que se juran ante el altar se cumplan.

“Estar firme en los malos momentos es la prueba de que un matrimonio es sólido porque en este punto alguna de las dos partes tiene que saber ceder. Nosotros hemos pasado pruebas fuertes, con las que hemos pensado que si a raíz de eso no se ha venido abajo nuestra relación, pues nada ni nadie puede acabarla”.

Ricardo señala que en una relación es esencial tener paciencia. Casarse —según explica— es tener el compromiso de no salir corriendo a la primera adversidad y de consultarse todas las decisiones.

“Cuando Ricardo me dijo que quería hacer la maestría, yo sabía que no íbamos a salir como antes y se trata de eso, de que podamos estar dispuestos a ceder para que el otro tome las oportunidades que desee, siempre alternándonos (...) dentro de nuestros proyectos está tener hijos”.

Gustos. Los números no son lo único que comparten. Los dos disfrutan por igual del Carnaval de Barranquilla, recorriendo la Vía 40 con vestiduras de Las Marimondas de Barrio Abajo.

“Aunque apenas llevamos dos años en la comparsa, sentimos que hacemos parte de esta desde hace mucho tiempo (...) hoy sacamos pecho de que, antes de que falleciera Paragüitas, fuimos la última inscripción que él alcanzó a hacer”.

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