EL HERALDO
Facebook Twitter Instagram You Tube Google+
SUSCRÍBETE
El id es:node/142793
Así Nos Conocimos 06 de Mayo de 2017

“El matrimonio es una escuela de humanismo”

El usuario es:

Foto: Orlando Amador Rosales

Mauricio y Jana posan en la parroquia Espíritu Santo, lugar donde él tiene su oficina de sicología y orientación a parejas.

Sajira Aduen Jiménez

Mauricio Pareja y Jana Galindo fueron profesor y alumna. “El costeño y la cachaca” hoy dicen tener una relación madura y aseguran que la clave para permanecer 22 años juntos, hasta el momento, ha sido la paciencia y la espiritualidad.

“Sí, una escuela donde uno aprende a ser un mejor ser humano. Puede sonar algo académico y no muy fácil de comprender”. Así lo comparte este matrimonio conformado por el sicólogo de parejas Mauricio Pareja Bayter y la docente de literatura Jana Galindo Váchová, que este año completan 22 años casados. Ellos conciben la relación como un ser humano que, al igual que una persona, vive la etapa de niñez, adolescencia, juventud y adultez.

Según ellos, llegar a esta última etapa no es nada sencillo. Para gozar a plenitud la adultez de la relación, hay que pasar por la aceptación de las diferencias, discusiones y debates que parecieran interminables.

Cuando se conocieron en 1993, Mauricio era profesor de Cristología, y Jana, una de las alumnas más inquietas de la clase en la universidad Javeriana.  Para entonces, ella era una joven bogotana de 22 años y él, cartagenero, docente y estudiante de Derecho de 26.

“Ella estudiaba literatura y le hacían falta tres materias religiosas. Un mes después de haber iniciado mi cátedra de Cristología, la secretaria de la universidad la incluye en mi clase y ahí inició nuestra historia”, cuenta Pareja, quien a esa edad ya tenía estudios en Teología y se pagaba su carrera en la universidad con la docencia. “A mí, por ejemplo, me impactó que alguien tan joven diera esa clase, uno se imagina es a un viejito hablando de temas religiosos”.

Transcurrían las jornadas académicas y el feeling del profesor y la alumna se acrecentaba. Luego de las clases se encontraban casualmente en los pasillos y hablaban de temas varios. En una de esas conversaciones, Jana le pregunta que a dónde se dirigía. Él solía ir todos los jueves a cine. Pero ese día fue la excepción, “era 13 de mayo”. Ella dijo que iba para su casa, él, que aprovecharía la cercanía para visitar a unos amigos. En el camino los planes cambiaron y se bajaron en el centro comercial Unicentro. Con escasez de dinero “se comieron una milhojas y un vaso de agua”. Esa noche,  según ellos, “hubo magia”. Caminaron hasta la casa de Jana y se dieron el primer beso.

El profesor contrariado, “se enfermó de conciencia” y no fue a la siguiente clase. En el examen final no le permitió exponer. “¡¿Cómo la miraba a la cara?!”, relata. Finalizó el curso de quien era su docente en ese período y la estudiante no supo más de él. “Fue tan corto que no hubo tiempo de aferrarme emocionalmente a eso. Me dio pesar y seguí la vida”, añade Jana.

Se encontraron el semestre siguiente y volvieron a contactarse, ya no como alumna y profesor, sino como dos personas que se atraían y les gustaba la compañía del otro. En octubre de ese mismo año se formalizó su noviazgo y dos años después decidieron unir sus vidas en una ceremonia católica.

El matrimonio. “Debemos decir que tenemos dos aniversarios, el del 13 de mayo que fue nuestro primer beso, y el del 8 de diciembre, nuestro matrimonio”, cuentan los dos con picardía.

La pareja se casó en Bogotá rodeada de familiares cercanos. Tienen dos hijos, Sofía, de 18 años, y José Alejandro, de 15. En 2002 se mudaron a Cartagena y hace siete años viven en Barranquilla.

“Después de tantos años comprendimos que sí nos podemos volver a enamorar de la misma persona muchas veces, y de una mejor manera. No solo el enamoramiento emocional, sino más racional”, afirma el sicólogo de parejas.

Las parejas. Ambos coinciden en que nunca se está listo para el matrimonio. Las peleas al comienzo son como discusiones de niños. “No te hablo y no te hablo, a ver quién aguanta más. Tratamos de imitar a nuestros hogares de origen”.

Ellos recomiendan manejar la personalidad de cada quien.  “Yo no puedo salir con la excusa que si soy explosivo, tengo que ser explosivo toda la vida, nadie lo hace explotar a uno, solos decidimos explotar”.

La pareja de esposos junto a sus hijos Sofía y José Alejandro, de 19 y 15 años, respectivamente.

Por su parte, Jana invita a reflexionar “¿qué pesa más: que el cuadro esté aquí, que la silla esté allá o que nos sonriamos? Uno va a prendiendo a dejar las cosas que no valen la pena”.

Y continúa con un ejemplo particular: “una vez alguien me preguntó para qué me había casado, no tenía mucho tiempo de esposa y respondí que para recibir amor. Después de que la relación pasara por todas las etapas, el  sentido de ahora es otro, comprendí que me casé para dar amor”.

Finalizan con que es importante aliviar los momentos de tensión con amor y ternura. En vez de desgastarse en una pelea donde los dos van a terminar con dolor de cabeza, se debe hacer un chiste que demuestre que no vale la pena pelear. “Hay que trancar la reactividad”.GC

Mensaje enviado Satisfactoriamente!
Más de Así Nos Conocimos Más de revistas