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Ambientes 12 de Abril de 2013

Un pedacito de edén escondido en Turbaco

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Las ciudades capitales, con sus afanes y bullicios, deberían siempre contar con una antítesis que represente paz y esté a corto camino. Y aunque no todas las ciudades pueden contar con ese lujoso rincón, Cartagena sí cuenta con el privilegio de tener un sitio donde se respira aire puro y naturaleza. Un pequeño pedazo de Edén ubicado en Turbaco, a tan solo treinta minutos de La Heroica.

Conocido como Jardín Botánico de Turbaco o Jardín Botánico Guillermo Piñeres, esta reserva natural está ubicada en este municipio de Bolívar y cuenta con 12 hectáreas dedicadas a la conservación de la diversidad en flora y algunas especies de animales.

Antes de ser el sitio que es hoy, el jardín funcionaba como una hacienda de propiedad de doña Maruja de Piñeres, en 1976. “Debido a la insistencia de su sobrino para poder preservar el sitio como una reserva natural lo convirtieron en la Fundación Jardín Botánico Guillermo Piñeres, en honor al esposo de la señora Maruja”, contó un guía del lugar.

Esto ocurrió en 1978, y el sitio fue tomado en comodato por el Banco de la República, que se encargaría de su preservación. En esos primeros años, el terreno constaba de cinco hectáreas y luego se amplió a nueve. En 2004, la labor administrativa fue cedida a Fenalco, que aportó la compra de tres hectáreas más, completando las 12 que lo componen actualmente.

El sendero hacia el bosque, donde se encuentran gran número de plantas y diversidad de animales, comienza en el punto donde se erige una capilla, que tiene más de 20 años de haber si do construida.

“Aquí funcionaba anteriormente el Colegio Cartagena de Indias, y esta área hace parte del terreno adquirido en 2004”.

El Jardín, creado para el estudio y conservación de la fauna y flora del Caribe, tiene una colección de más de 12.600 especies de plantas, que se dividen entre medicinales, palmas y árboles de varios tipos.

Entre los animales, también pueden hallarse ardillas, iguanas, osos perezosos y una gran cantidad de serpientes de varias especies. Mariposas y una rara clase de rana venenosa que pocas veces se deja ver.

Al interior de los terrenos también se ubica el nacimiento del Arroyo Matute, que en el año 1902 se tomó como lugar de abastecimiento para lo que fue el primer acueducto de Cartagena.

Además de su entorno natural, el sitio cuenta también con salón de conferencias e infraestructura para eventos y capacitaciones. También es posible obtener tarifas especiales para colegios.

De acuerdo con datos suministrados por el Jardín Botánico, lo más buscado por los visitantes que llegan hasta aquí es la tranquilidad de estar cerca de la más pura expresión de la naturaleza. Como consejo para los interesados en llegar hasta allí, recomendaron hacerlo mayormente en los meses de marzo y abril, pues es posible observar los tucanes que llegan en esta época en su camino hacia las selvas tropicales del sur del continente.

Conocer lugares como este es evidenciar que el contacto con la tierra, lo más básico (pero a veces más complejo) de la creación está cerca aunque se sienta cada vez más lejos de las urbes. gc

Texto: Jeniffer Varela Rodríguez
jeniffer.varela@elheraldo.co

 

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