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Rumba 02 de Febrero de 2018

Rueda de cumbia, una fiesta para todos

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Foto: Rafael Polo.

En la intersección de la calle 52 con carrera 50 se lleva a cabo esta rueda de cumbia, en el Barrio Abajo.

Daniela Fernández Comas @danielaferco

Sea portando flores, velas y polleras, o sin ellas, bailar cumbia en Barranquilla está a la orden del día. Y no es únicamente en Carnaval. En esta ocasión describimos la celebración de una rueda en el tradicional Barrio Abajo.

¡Ay!, al sonar los tambores, esta negra se amaña, y al sonar de la caña, van brindando sus amores. Es la negra Soledad, la que goza mi cumbia, esa negra salamuña qué caramba, con su pollera colorá...
 
La pollera colorá, como otras letras, marcan las vidas de los cumbiamberos barranquilleros que aprendieron a bailar primero que caminar. También de esos que, así no sepan los pasos básicos, la música los hace vibrar. Es que ¿a quien que escucha el sonar de la cumbia no lo pone gozar?
 
Como dice Juan David Armesto, “es algo especial. Es dejarte contagiar de la cultura y la esencia barranquillera”.
 
Desde el tradicional Barrio Abajo de la Arenosa, en medio de una rueda de cumbia, a este comunicador social y periodista no le apena bailar.
 
“Viví un tiempo en Alemania y cuando volví dije que quería conocer más mi cultura, mis raíces, así que me dejé empapar de esto y al final me quedé amañado”.
 
Él, como los demás, se mueve el son de la tambora, la flauta de millo, el llamador, el alegre y las maracas, de manera natural. Instrumentos que, sobre una improvisada tarima circular, en la intersección de la calle 52 con carrera 50, invitan a todo el que está listo para carnavalear. 
 
Juan David no es barrioabajero, él nació en el norte de la ciudad. Pero eso no impide que se mezcle con los que allí llegan a tirar pase, como Keren Vitola.
 
Es amante de la danza, oriunda del barrio el Silencio, y afirma sin chistar: “a donde suena el tambor ¡pa’ allá voy!”.
 
Para ella las ruedas de cumbia son las manifestaciones que más se deben respetar. Es la fiesta del pueblo, la que no tiene “clases sociales, razas o religión, todo el mundo viene a disfrutar por igual”.
 
“El Carnaval es de todos, y eso es lo bueno de la rueda, que reúne a las personas sin distinción”, Keren Vitola, asistente a la rueda.
 
No se necesita dinero ni indumentaria de cumbiambero. Tampoco saber bailar como tal. Solo hay que dejarse llevar, entrar a la rueda, dar una vuelta y salir contento luego de bailar. 
 
Así mismo hice yo. No lo pensé dos veces. Hasta allá fui y me metí. No era necesario ir con parejo. En ese mar de gente, compañeros salen como pan caliente. Y, sin duda, Checo Acosta tenía razón. “Muchachos, bailen la cumbia porque la cumbia emociona”. 
 
Es que, definitivamente, “quien lo vive es quien lo goza”. Una cosa es verla desde afuera y otra vivirla desde adentro. La sensación es indescriptible. Los pies comienzan a bailar solos y las caderas, como las de Shakira, hacen su vaivén cadencioso.
 
Keren Vitola lo dijo: “el ambiente que se vive y la cantidad de gente que viene de todas lados te hace quedar. Es vivir de lleno nuestra tradición”.
 
La rueda de cumbia es una rumba de verdad, verdad. Es la callejera, la original, la que no necesita pinta especial. Solo con ganas y alegría se rumbea hasta el fin; o hasta que el Código de Policía diga: “llegó hasta aquí”. 

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