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Hobbie 13 de Enero de 2017

El ‘éxito’ de jugar ajedrez

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Foto: Shutterstock y archivo particular

Los tableros y las fichas que utilizan son traídos por algunos de los practicantes, quienes juegan desde hace varias décadas.

Daniela Fernández Comas @danielaferco

Durante las tardes, propios y turistas se reúnen en Barranquilla a compartir mientras ejercitan la mente con ajedrez. Lo curioso es que se les ve diario en una cafetería del norte de la ciudad, donde el único requisito es jugar con mucha tranquilidad.

Eran las 5 de la tarde de un martes cuando caminaba por el sector de frutas de un almacén de cadena, en un reconocido centro comercial de Barranquilla. De las frutas pasé a las neveras y en todo el frente estaban unas mesas y sillas, denotando que esa era la cafetería del lugar. Armando Arévalo llevaba ya tres horas de estar ahí. Y no se iría, por el momento.
Para mi sorpresa, Armando se encontraba con un grupo de señores que doblaba (y hasta terciaba) mi edad, y que veían con fervor cómo otros dos movían fichas blancas y negras sobre un papel de cuadros. Jugaban ajedrez, tal y como si estuvieran en el patio de alguna de sus casas. 
 
“Llegamos desde las 2 de la tarde a jugar, y como consumimos que la avena, que el agua o el buñuelo, nunca nos han molestado ni tampoco nos han interrumpido”, explica Arévalo. 
Él es un barranquillero aficionado a este deporte “de inteligencia”, el mismo que desde hace casi cuatro años disfruta jugar en esta cafetería.
Arnulfo Ruiz también lo disfruta y mientras Armando sigue observando una partida llevándose a cabo, Ruiz cuenta que “desde 1964” juega. A sus 76 años ocupa la mayor parte de su tiempo libre viendo jugar o jugando ajedrez. “Hemos hecho hasta torneos con trofeo y todo. Ahora lo hacemos recreacional”, cuenta el hombre.
 
Sobre un tablero de papel y con piezas que llevan los jugadores, ellos demuestran sus habilidades para el ajedrez.
 
Cerca de 15 personas suelen reunirse a diario a tomarse un café, un jugo o una avena, al mismo tiempo en que demuestran su habilidad en la práctica. Siempre están a partir de las 2 de la tarde y hasta las nueve de la noche, pues esa es la hora en que “hay mayor espacio”, afirma Armando Arévalo. “Cuando llegamos a las 2 hay menos gente. Pero hay momentos como en Navidad que está más lleno, aunque siempre nos sacan un espacio”, asegura.
 
Por su parte, Álvaro Gutiérrez se desempeña en su labor diaria con agrado. Este joven es una de las personas que, mientras trabaja, ve a estos señores “hacer que no se pierda la cultura”; y aunque en ocasiones le gustaría sentarse y jugar con ellos, los ve desde su puesto de trabajo. Considera que “es una buena iniciativa” y antes de seguir en sus labores, comenta que “curiosos se acercan y juegan con ellos también”.
 
Un ambiente tranquilo. ¿Por qué jugar en este espacio público y no en otros, tal como los parques o las tiendas de barrio? La respuesta es sencilla, y la da José María Cabello. “Simplemente es un ambiente agradable, muy tranquilo”. Él se sumó al grupo a través de su esposa que vio este movimiento deportivo un día “haciendo compras” y le dijo lo que pasaba. Así ocurrió con Ernesto Gutiérrez, quien llegó a comprar, los vio jugar y lo invitaron a participar. Hoy ambos han logrado un mejor nivel en el juego.
 
Desde las 2 p.m. se reúnen estas personas a compartir a través de este juego.
 
En contados segundos se acaba un partido, y los que solo veían pasan a jugar el siguiente. Unos se paran de la silla, otros se acomodan para empezar una nueva ronda. No hacen ruido, todos están concentrados, en silencio. 
“Hay gente que se acerca y nos pregunta si apostamos, pero no es así. Esto es un juego de ciencia. Aquí hay que saber jugar, esto no es de suerte”, comenta Arévalo mientras comienza la nueva partida.
 
Media o una hora, la duración del juego no es por competición. Es solo para pasar el rato. Muchos de los jugadores ya se encuentran pensionados; sin embargo, no le dicen que no al que desee jugar con ellos. “Han venido mujeres, jóvenes y hasta niños”, dice Ernesto. A lo que José María responde: “así es, el único requisito es que se juegue con mucha tranquilidad”. 

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