EL HERALDO
Facebook Twitter Instagram You Tube Google+
SUSCRÍBETE
El id es:node/142151
Hobbie 31 de Marzo de 2017

Disfrutando el cine con otro sentido

El usuario es:

Foto: Orlando Amador Rosales

La periodista usó un dispositivo de audiodescripción durante la proyección de la película ‘Dioses de Egipto’, en Barranquilla.

Inguel Julieth De La Rosa Vence

Una periodista cuenta su experiencia tras asumir el reto de asistir con los ojos vendados a una función de ‘cine para todos’, dirigida a personas con limitación visual, auditiva y cognitiva.

¿Cómo a una persona que no puede ver le es posible disfrutar del cine? Esa fue la primera pregunta que me hice cuando anuncié, en la edición pasada de esta revista, que habría una función de Cine Para Todos, dirigida a personas con limitación visual, auditiva y cognitiva.

Con la pregunta rondándome en la cabeza, cumplí con divulgar la invitación que extiende el Ministerio de las TIC, en alianza con la Fundación Saldarriaga Concha y Cine Colombia, para los últimos sábados de cada mes.

Pero no podía quedarme con la duda. También quería saber qué tanto podrían entretenerse con una película aquellos que pueden ver, pero no escuchar. ¿Subtítulos son suficientes? Fue así como asumí el reto de tapar mis ojos por una mañana e ir a la función en la que proyectarían Dioses de Egipto, la película que dirige Alex Proyas.

“Apaga el sentido de la vista y activa el de la escucha”, fue lo primero que me dijo mi prima Carmen después de taparme cada ojo con algo de gasa y gafas. “Bueno, eso es lo que he oído que deben hacer”, reconoció, como para no entrar en detalles de cómo yo podría lograrlo. Eran las 8:30 a.m.

La primera prueba fue recibir el desayuno. Atiné a extender la mano en la dirección en la que se encontraba Carmen. “¡Ah!, pero ahí sí sabes dónde estoy”, me dijo. “¡Claro! No solo es hambre, puedo reconocer de dónde viene tu voz”, le respondí. Solo estábamos ella y yo.

Llegó la hora de salir. Mi prima debió guiarme hasta el carro. Por más que estaba parqueado en la puerta de mi casa, donde he vivido por 19 años, dudaba en cada paso que daba. Caminar de la sala al andén me tomó como dos minutos, ni qué decir cuando llegué a Buenavista, me bajé del auto (después de un trayecto que se me hizo más largo de lo normal) y debí andar por el centro comercial hasta llegar a las salas de cine, en el tercer piso: caminaba con la mano izquierda en el pecho y la mano derecha como quien reza el Credo. No era un juramento, andaba con miedo.

“¡Camina rápido!, baja las manos y apúrate, vamos a llegar tarde. Camina con confianza, que aquí no hay nada”, me repetía Carmen, entre risas y desespero, mientras me guiaba abrazándome por el tronco. Claro, fácil es hablar cuando vemos. Darle el control a otro, al menos mientras aprendemos, hace parte del reto.

“¿Qué le pasó en los ojos? ¿La operaron?”, preguntó un hombre en voz alta y a mediana distancia, que no pudo contenerse al verme salir del ascensor con los ojos tapados. A mi alrededor  también sentía cómo otros interrumpían sus conversaciones mientras yo pasaba. “Sí, la gente te queda viendo”, Carmen me confirmó luego. ¿Y si mi limitación visual fuese real y no un ejercicio, cómo me hubiese sentido? Son más los que carecen del sentido de la prudencia, concluyo.

La película. Una vez entré al Multiplex fui acogida por el equipo de colaboradores de la iniciativa de MinTIC. Después de un amable saludo y entregar un documento de identidad, me fue colgado en el cuello un dispositivo de audiodescripción. Ya estaba encendido. Me advirtieron que no debía presionar ninguno de los botones que manoseaba con mi pulgar, solo la perilla para controlar el volumen de los audífonos, que podía palpar en el extremo superior del aparatico. Estaba lista para entrar a la sala.

Con mi mano izquierda en un hombro de Carmen (como nos acababan de enseñar) caminé por la sala de cine hasta ubicarme en una de las 337 sillas que habían sido dispuestas de forma gratuita para los espectadores. Cada quien se ubica en orden de llegada.

Apenas me senté, escuché varios testimonios de personas que no cuentan con el sentido de la vista, como el de un hombre de 52 años que se dedica a la fotografía y el de María Elena Restrepo, la creadora de Fundavé a quien tuve el honor de entrevistar para la revista Gente Caribe, hace tres años.

Después de estos videos, lecciones de vida proyectadas en minutos, empezó puntual el filme: 10:00 a.m. Me puse los audífonos y empecé a escuchar la descripción de cada detalle: personajes, atuendos, paisajes, elementos, colores de fondo, letreros, todo descrito entre un diálogo y otro para no entorpecer lo que conversaban los actores.

Al final, después de los 128 minutos que dura la película, no logré captar la trama. No pude distinguir, en esa guerra de dioses, quién era el bueno ni el malo, menos qué peleaban. Aunque no se cruzaban, la voz femenina con acento español que describía cada escena la confundía con la del doblaje de los diálogos. No tuve la agilidad para imaginar cada descripción de tiempo y espacio y, a la vez, escuchar lo que hablaban entre sí. Ni modo, cuando acabó, me tocó preguntar qué tal. Quiénes mejor para responder que los invitados de honor a la función.

“Fue muy buena la película, me gustó cuando peleaban los dioses por el poder, eso la hacía llamativa”, me comentó Carlos Monsalve, a quien perder la vista al nacer no le ha impedido disfrutar del cine desde niño, ni siquiera dejar de ejercer como abogado. “Cuando estaba pequeño vine a cine como dos veces, pero no existían estas ayudas, ahora con esta tecnología sí vengo siempre, porque funcionan así como un Walkman”, agregó quien su sentido de escucha desarrollado le permite interpretar varios sonidos a la vez e imaginar rápidamente todo lo que sucede “hasta con colores”.

“Uff, la película fue superbuena, impactante. Muy bueno el formato. Me gustaron mucho los efectos visuales”, expresó, en lenguaje de señas, José Niebles, quien perdió la audición a los 8 meses de nacido tras sufrir una fuerte varicela. Le encanta ver películas de acción y comedias, puede interpretar lo que pasa en cada escena leyendo los subtítulos y, si algo no le queda claro, observa la tableta que le es entregada en la entrada, donde un sujeto interpreta en señas sonidos y diálogos.

“No me gusta el sistema Closed Caption, porque a veces no es muy exacta la descripción, se demora mucho y le roba mucha información, como pasa en los noticieros. Pero, aquí los subtítulos y la tableta sí van al tiempo, son muy buenas ambas ayudas”, destacó Niebles, docente en Educación Física.

Y así fue como resolví mis dudas y, aunque no entendí la trama, fui testigo de que en tiempos de inclusión hasta el cine nos entretiene y educa a todos sin excepción. No hay barreras para vivir, solo hay que aprender, desaprender y reaprender: mi lección aprendida.

Cine Para Todos organiza funciones con tecnología de audiodescripción, subtitulado especial y lengua de señas colombiana, que benefician a personas en situación de discapacidad. Desde sus inicios en el 2012, ha congregado a más de 56.500 personas, a través de 457 funciones a nivel nacional y 65 películas audiodescritas. Las proyecciones se hacen, gratis, los últimos sábados de cada mes en Barranquilla y otras ciudades de Colombia.

Etiquetas

Más de revistas