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Cine 10 de Marzo de 2017

‘Moonlight’ y seis filmes del Ficci en la sala Country de la Cinemateca del Caribe

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Foto: Cortesía Cinemateca

Moonlight ganó tres Oscar en la pasada entrega de los Premios.

Redacción revistas

Este fin de semana tiene la oportunidad de ver lo mejor del Festival de Cine de Cartagena en este espacio cultural, en el norte de Barranquilla

Con seis producciones seleccionadas de tres competencias oficiales: Ficción, Documental y Gemas, el Ficci llega a la sala Country de la Cinemateca del Caribe este 10, 11 y 12 de marzo. Los filmes seleccionados son: 

EL AUGE DEL HUMANO. Su historia está Estructurada en tres partes, filmada en tres países (Argentina, Mozambique y Filipinas) y rodada en varios formatos, El auge del humano es una poética y radical aventura cinematográfica que desafía los límites del tiempo y el espacio, para hablar sobre el mundo actual, las relaciones entre las personas y distintos tipos de flujos (laborales, afectivos, sexuales). A partir de experiencias comunes como el trabajo y la búsqueda de placer y dinero de unos personajes en su mayoría jóvenes, Williams, más que desarrollar argumentos evoca sensaciones relacionadas con los vínculos, la conectividad y la soledad. La cámara no reconoce barreras y fluye entre lugares y cuerpos. Las transiciones entre las tres partes del filme son sorprendentes y apuntan a una concepción de lo narrativo que no se subordina a la construcción de personajes estables o psicológicamente definidos y se entrega a mostrar energías que circulan, experiencias que se conectan, intercambios entre fantasía y realidad. Este sorprendente debut sugiere no solo un nuevo cine sino la posibilidad o la existencia de otro ser humano, y el carácter que podrían tener los relatos del porvenir.

LOS NIÑOS. Este documental es dirigido por Maite Alberdi. En su esencia se pregunta “¿Qué somos? Adultos conscientes”. Esa pregunta, y su enfática respuesta, es una especie de hilo conductor del tercer largo documental de Maite Alberdi. Es la afirmación de un grupo de amigos con síndrome de Down que llevan cuarenta años asistiendo a la misma institución. El deseo de valerse por sí mismos, conseguir un mejor trabajo, ganar dinero como cualquier persona y formar una familia, lleva a los personajes de este documental a enfrentar obstáculos que parecen menores vistos desde la frontera de la autonomía y la libertad de elección, pero que son inmensos para quienes, siendo adultos, son tratados como niños por las limitaciones que les impone su condición. Como en La Once, aquí de nuevo Alberdi logra momentos de luminosa sinceridad, fijando su atención y su ternura en el grupo de amigos y sacando de foco a los otros, los que no son como ellos. Con ese pequeño gesto resalta aún más la belleza de lo que es único y la fortaleza de la fragilidad, representada mejor que nadie en el personaje de Anita, quien, al final, nos deja como regalo su imbatible canción.

AUSTERLITZ. El paso del deber de recordar al deber de “conocer”, el trauma histórico convertido en monumento y desplegado para la voracidad del turista. Es lo que Loznitsa filma en este hipnótico documental que se suma a su brillante obra anterior sobre la memoria, el evento y el vaciamiento político de una generación. La cámara del director bielorruso es una más entre las cientos que registran una visita a los campos de concentración donde el exterminio de los judíos fue ejecutado con frialdad y eficiencia. Pero mientras muchos se toman selfies, Loznitsa filma desde un afuera, consciente del peligro de deshonrar algo sagrado. En blanco y negro y con un expresivo uso del sonido ambiente, Austerlitz es una lúcida meditación sobre los límites de la memoria y los efectos del olvido y la banalización. El director evita la voz en off o cualquier tipo de comentario que condicione la interpretación del espectador, pero ofrece los indicios para entenderlo todo a través de sus imágenes. El título proviene de la última novela del escritor alemán W.G. Sebald, que mostraba la toma de conciencia de la identidad judía en su personaje principal y lo imperioso e inevitable de los recuerdos.

ARÁBIA. Desde su potente arranque, Arábia nos presenta un mundo en movimiento en el que la música y los encuentros van a organizar el relato de una utopía y la posibilidad de una nueva comunidad entre los desposeídos. André, un solitario adolescente, es enviado a buscar ropa en casa de Cristiano, un obrero que ha sufrido un accidente. Además de algunas prendas raídas, el joven encuentra por casualidad un cuaderno con algunos escritos que, leídos en conjunto y tras la muerte de este hombre, abren paso a una nueva narración –un cuento dentro del cuento– y se convierten en las modestas memorias de una vida marcada por un éxodo perpetuo, una constante inestabilidad laboral y la reciente pérdida de lo que parece haber sido un único y breve destello de felicidad. Los diferentes episodios se suceden unos a otros, cíclicamente, durante dos décadas de la vida de Cristiano. Lo que resulta de este viaje en el tiempo es un hermoso retrato colectivo de hombres y mujeres que siempre están en pie, atentos a luchar por vivir dignamente. Como otras películas brasileñas recientes, Arábia señala el camino de un nuevo cine político que le hace frente a los desafíos actuales.

RESURRECTING HASSAN. Peggy, Denis y Lauviah son los miembros de una familia de ciegos siempre al borde de la implosión. Una tragedia ha dejado en ellos una profunda herida aún abierta: Hassan, el menor de sus hijos, murió ahogado en un accidente cuando tenía tan solo 6 años de edad. Sin embargo, gracias a las teorías del místico ruso Grigori Grabovoi, esta ausencia, que naturalmente resultaría irreparable, podría tener remedio a través de un proceso insólito: la resurrección. Este íntimo y complejo retrato familiar altera por completo el sentido de normalidad y credibilidad habitual y se sumerge genuínamente en esta aventura sobrenatural, al punto de ofrecer como una posibilidad verosímil la vida después de la muerte. Pero esta vehemente necesidad de recuperar al hijo perdido impide ver al padre las urgentes necesidades afectivas de su otra hija y ha socavado en gran medida la relación con su esposa. Este sorprendente documental, cercano siempre al dolor y la fe de sus personajes, expone las diferentes formas en que estos enfrentan su antiguo duelo y asumen una nueva y dolorosa pérdida: el inminente final de su vida familiar.

BEZBOG (GODLESS). “Si Dios está muerto, entonces todo está permitido” escribía Dostoievski hace más de un siglo. Godless - sin Dios - retrata a una ciudad montañosa de la Bulgaria contemporánea donde esta máxima demuestra su aterradora actualidad. La libertad del sistema poscomunista da rienda suelta a una corrupción que se cierne sobre el paisaje como smog, donde las acciones de todos perpetúan ese estado de cosas. Como Gana, la parca fisioterapeuta que trabaja asistiendo a viejos solitarios, que roba sus documentos de identidad y, junto a su novio, los vende a policías y jueces mafiosos que los usan para cometer fraudes y estafas. Como esos policías y jueces, hijos de antiguos líderes comunistas, que usan esa maquinaría para saldar deudas con mafiosos y ahogan sus conciencias en orgías decadentes y alcohol. El paisaje urbano es aquí una extensión de las emociones de los personajes, y la directora, mediante una cámara inquieta, un uso expresivo del desenfoque y unos colores desaturados, lo muestra en toda su intensidad espiritual. En medio de la oscuridad moral del paisaje, una luz de humanidad se enciende cuando Gana conoce a Yoan, un viejo director del coro al que ella asiste. La relación que construyen poco a poco va permitiendo que asome la verdad de las cicatrices espirituales que ambos comparten, y hace que en Gana aparezca una decisión ética y la posibilidad de redención.

También se exhibirá durante este fin de semana la cinta ganadora de tres Premios Oscar, Moonlight.

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