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Temas del Padre 30 de Diciembre de 2017

Año sabático

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Padre Alberto Linero

Nos han enseñado, y casi que programado, para hacer, hacer y hacer cosas. Para sospechar del que por algún momento se detiene y es capaz de no hacer nada y así logra entender qué tiene dentro, hacia dónde va su vida, cómo puede mejorar y estar listo para seguir produciendo y gestando su proyecto de vida. Creemos que aquel que no es esclavo de la trepidante rutina de producción y consumo en la que vivimos es un flojo, un vividor y seguro alguien que podemos despreciar. Sin embargo nada más sano que poder hacer una pausa y revisar todo lo que se está viviendo y haciendo. Más bien deberíamos sospechar del que no sabe detenerse para llenarse y ser más consciente de lo que está viviendo.

En el libro del Levítico 25,3.8 se deja constancia de una práctica propia del pueblo de Dios, en la que cada cierto tiempo se dejaba descansar la tierra -cada siete y cada cincuenta años– para que ésta se recuperara y pudiera seguir dando los frutos esperados. Es lo que se conoce como año sabático. En la experiencia de Dios, es también un espacio para descansar, para interiorizar, para tratar de contrastar si todo se está haciendo bien.

Todos debiéramos aprender a tener esos espacios. Seguro no podrá ser todo el tiempo que uno quisiera pero se tiene que sacar un momento para poder viajar hacia dentro y recuperarse. No todo puede ser producir, no todo puede ser dar. Se necesita un momento para saber recibir. Ese tiempo se puede asumir como un tiempo para la familia, para recuperar las relaciones afectivas, para vivirlas en profundidad, también para recuperarse de heridas recibidas y purificarse de tantas realidades tóxicas de la vida; pero sobre todo un tiempo para estar con Dios y escuchar su susurro en el corazón y saber qué nos invita a hacer.

En 2018 cumpliré 25 años de ser presbítero de la iglesia Católica, don inmerecido que he disfrutado y vivido apasionadamente. Han sido años de presidir los sacramentos, predicar, acompañar a muchos fieles, hablar por radio o televisión, escribir, dar clases, también de estudiar con atención, viajar por las ciudades más lindas y desarrolladas anunciando la propuesta de Jesús pero también visitar pueblos olvidados en los que no llega casi nadie a decirles que el Dios del amor está con ellos y los anima a resistir y a vencer las dificultades. Creo que es un buen momento para tener un tiempo sabático. Un tiempo para estar con Él y descubrir que más quiere para y de mí, para cuestionarme y hacer los cambios que Él quiera. Estoy emocionado porque en el seguimiento de Jesús siempre hay aventuras, aprendizajes, bellas rupturas, nuevas opciones que emocionan. Estaré concentrado en terminar los capítulos de la tesis doctoral en la que estoy trabajando hace un tiempo y tratando de prepararme mejor para poder servir de la manera que Dios quiera.

Me gusta compartir estas decisiones con ustedes porque los creo mis hermanos en la fe y sé que aunque algunas veces no estén de acuerdo con mis ideas o mis maneras, quieren lo mejor para mí como yo para ustedes. Estamos unidos en la oración.  

@Plinero 
www.elmanestavivo.com
www.yoestoycontigo.com
 

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Año sabático

Sábado, Diciembre 30, 2017 - 00:00
Padre Alberto Linero

Nos han enseñado, y casi que programado, para hacer, hacer y hacer cosas. Para sospechar del que por algún momento se detiene y es capaz de no hacer nada y así logra entender qué tiene dentro, hacia dónde va su vida, cómo puede mejorar y estar listo para seguir produciendo y gestando su proyecto de vida. Creemos que aquel que no es esclavo de la trepidante rutina de producción y consumo en la que vivimos es un flojo, un vividor y seguro alguien que podemos despreciar. Sin embargo nada más sano que poder hacer una pausa y revisar todo lo que se está viviendo y haciendo. Más bien deberíamos sospechar del que no sabe detenerse para llenarse y ser más consciente de lo que está viviendo.

En el libro del Levítico 25,3.8 se deja constancia de una práctica propia del pueblo de Dios, en la que cada cierto tiempo se dejaba descansar la tierra -cada siete y cada cincuenta años– para que ésta se recuperara y pudiera seguir dando los frutos esperados. Es lo que se conoce como año sabático. En la experiencia de Dios, es también un espacio para descansar, para interiorizar, para tratar de contrastar si todo se está haciendo bien.

Todos debiéramos aprender a tener esos espacios. Seguro no podrá ser todo el tiempo que uno quisiera pero se tiene que sacar un momento para poder viajar hacia dentro y recuperarse. No todo puede ser producir, no todo puede ser dar. Se necesita un momento para saber recibir. Ese tiempo se puede asumir como un tiempo para la familia, para recuperar las relaciones afectivas, para vivirlas en profundidad, también para recuperarse de heridas recibidas y purificarse de tantas realidades tóxicas de la vida; pero sobre todo un tiempo para estar con Dios y escuchar su susurro en el corazón y saber qué nos invita a hacer.

En 2018 cumpliré 25 años de ser presbítero de la iglesia Católica, don inmerecido que he disfrutado y vivido apasionadamente. Han sido años de presidir los sacramentos, predicar, acompañar a muchos fieles, hablar por radio o televisión, escribir, dar clases, también de estudiar con atención, viajar por las ciudades más lindas y desarrolladas anunciando la propuesta de Jesús pero también visitar pueblos olvidados en los que no llega casi nadie a decirles que el Dios del amor está con ellos y los anima a resistir y a vencer las dificultades. Creo que es un buen momento para tener un tiempo sabático. Un tiempo para estar con Él y descubrir que más quiere para y de mí, para cuestionarme y hacer los cambios que Él quiera. Estoy emocionado porque en el seguimiento de Jesús siempre hay aventuras, aprendizajes, bellas rupturas, nuevas opciones que emocionan. Estaré concentrado en terminar los capítulos de la tesis doctoral en la que estoy trabajando hace un tiempo y tratando de prepararme mejor para poder servir de la manera que Dios quiera.

Me gusta compartir estas decisiones con ustedes porque los creo mis hermanos en la fe y sé que aunque algunas veces no estén de acuerdo con mis ideas o mis maneras, quieren lo mejor para mí como yo para ustedes. Estamos unidos en la oración.  

@Plinero 
 
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