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Testimonio 24 de Agosto de 2016

"Soy uno de los pocos que le ha ganado a la muerte"

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Foto: Orlando Amador Rosales y archivo particular

Óscar Tobón junto a una compañera en uno de los torneos represen-tando al Atlántico, el año pasado.

Sara Hernández C.

Óscar Tobón Palacio es una persona determinada. Sabe lo que quiere y lucha cada día para ganarse los espacios que ahora lo acogen. Él no traga entero, pregunta, cuestiona y analiza cada evento o circunstancia que llama su atención. 
 
Lo anterior cobra valor al conocer su condición física que cambió desde su nacimiento. “Yo venía perfecto, aunque no sé si por falta de pericia del médico al extraerme se limitó el oxígeno que recibía y, por ende, provocó una parálisis que afectó todos mis músculos”, explica Óscar sobre los problemas de motricidad fina que padece en sus extremidades. En el momento de su nacimiento, el 2 de enero de 1982, su pronóstico de vida no fue de más de media hora.
 
Desde ahí las cosas no fueron fáciles. “Aun así yo iba pa’ lante”, señala.
 
Agrega que su estado psicológico también se vio afectado. “Uno se encierra en uno mismo como mecanismo de defensa, en ese punto traté de buscar gente que se sintiera bien conmigo”, cuenta Óscar, de 34 años, quien destaca el acompañamiento de sus mejores amigos en esos momentos.
 
Antes de practicar el tenis, su deporte favorito, tenía ciclos de terapias todos los días y, luego, tres veces a la semana. Hoy no las hace porque el tenis es su mejor tratamiento. Recuerda que el apoyo de sus padres, Mayra y Óscar (quien ya falleció), siempre estuvieron allí para tenderle una mano. “Ellos son parte fundamental; sin ellos nada de esto hubiese sido posible”.
 
Su formación. A él le enseñaron que debía dar las cosas sin esperar nada a cambio. Es más, él creció con el lema de “todo se puede”, por eso no tuvo impedimentos para desarrollarse profesionalmente. De allí que estudiara Ingeniería en Costa Rica por un cuatrimestre y luego pasara a Diseño Web Macromedia en el Instituto de Didáctica Computacional. En ese lugar trabajó y estudió con profesores con el objetivo central de ayudar a personas con similares condiciones a la suya.
 
Óscar y su madre, Mayra.
 
Luego volvió a Barranquilla ante la insistencia de su padre. Al llegar a La Arenosa siguió con sus estudios en Sistemas, del 2003 al 2006,  donde se graduó como tecnólogo en el Politécnico. En ese mismo lapso de tiempo retomó su gusto por las letras que adquirió durante las épocas de invierno en Costa Rica. Cuenta que intenta “imitar a escritores como Gabriel García Márquez”. De ahí que, en el 2005, empezara a mandar textos “como loco” a la sección Lectores Escriben de EL HERALDO. Afirma que muchos de esos artículos fueron publicados.
 
Atraído por esa afinidad ingresó en el 2007 a un curso de crónicas en el CEC, en la Universidad del Norte, donde varias personas, como el profesor Alberto Martínez, le tendieron sus manos al ingresar a ese ente educativo. Al final del curso, una crónica con la historia de su vida fue el garante para abrir la puerta, en ese entonces, a su sueño más preciado: ser estudiante de Comunicación Social y Periodismo.
 
Sus días transcurren entre la Liga de Tenis del Atlántico, donde actualmente es parte del equipo de comunicaciones y trabaja por las tardes. Cuando no es así, entrena en silla lunes, viernes y sábado y, de pie, martes y  jueves, lo que en especial ha contribuido a la movilidad de sus extremidades y es su “mejor terapia”.
 
Todo se trata de ponerle a las cosas “un poco de intriga”. Es más, menciona casos como el de Stephen Hawking, quien solo mueve uno solo de sus dedos y es “una de las mentes más prodigiosas del mundo”. 
 
Óscar hace un llamado a la aceptación e inclusión de personas en condición de discapacidad en la ciudad. Un tema que más allá del tamaño o el grosor de la dificultad que se enfrente,  indica que “todo puede superarse”. 
 
Mientras, lo único que espera es que sus escritos sean vistos por miles de personas y poder compartir con ellos su modo de ver la realidad.
 
“La gente ve a la persona en condición de discapa-cidad como un animal extraño y no es así”.
 
Su historia en el tenis... Se enteró del deporte en una cita dermatológica y luego se le dio por hacer una nota del tema. Al llegar a la cancha, las personas presentes lo invitaron a jugar pero él preguntó si tenían un jefe de prensa y al ser negativa la respuesta se ofreció al cargo. De eso, ya han pasado tres años. Hoy día es uno de los tres jugadores certificados en el Atlántico en la categoría Quads (movilidad limitada) de la ITF (Federación Internacional de Tenis). “Juego tenis convencional en silla de rueda pero nunca pensé poder hacerlo. Le debo gran parte de lo que soy como periodista a la Liga de Tenis, en especial a Alberto Martínez, mi maestro, Antonio Cordonier por su insistencia, Margarita por su confianza y Carlos Hernández por su ejemplo”.

 

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