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Testimonio 06 de Septiembre de 2017

Monseñor Víctor Tamayo y su recuerdo de Juan Pablo II en Barranquilla

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Foto: Archivo EL HERALDO y Orlando Amador

Monseñor Víctor Tamayo posa en el interior de la capilla de la Catedral Metropolitana María Reina.

Loraine Obregón Donado - Instagram:@lore013

Una gestión en Bogotá con el presidente de la República, Belisario Betancur, liderada por Monseñor Víctor Tamayo, el alcalde de Barranquilla de 1986 junto al gobernador del Atlántico de ese entonces, Fuad Char, fue suficiente para que el Papa Juan Pablo II aterrizara en la ciudad el 7 de julio del mismo año.
 
Esto fue posible, según cuenta el sacerdote Víctor Tamayo, gracias a que él y el Presidente sostenían una gran amistad. Resalta que el último ‘empujoncito’ para que fuera realidad, lo dio su comentario que decía “Barranquilla es la única ciudad en la costa en la que el avión papal puede salir con mucho combustible”.
 
Agrega que un piloto presente en la reunión ratificó su idea. “Y dijo que si hacían la ruta que habían planteado anteriormente, les tocaría llegar a Santo Domingo y de San Juan voltear, porque no podían salir de Bogotá o de Cartagena así como así. Ante esto, la comisión dio la aprobación de la salida del Papa a Barranquilla. Así que ya era un hecho, Juan Pablo II llegaría a la ciudad”.
 
Preparativos. El sacerdote manifiesta que por la llegada del Papa, de nombre secular Karol Józef Wojtyla, fue necesario comprar cinco casas ubicadas detrás de la Catedral Metropolitana María Reina (lo que es ahora el parqueadero de la iglesia), con el fin de derrumbarlas y adecuar el espacio donde saldría el helicóptero que transportaría al sumo pontífice, el día de su partida, hacia el aeropuerto internacional Ernesto Cortissoz. 
 
El plan estaba pensado, pero ejecutarlo resultaba complicado. Rememora que convencer a los dueños de las viviendas no fue sencillo. Incluso, uno de ellos se opuso a la venta y mencionó que “no entregaría la casa de sus padres por la llegada de alguien que no tenía nada que ver con Barranquilla”.
 
Señala que fue necesario quitar líneas eléctricas y telefónicas, además de talar árboles que entorpecían la vista hacia el santo padre en su presentación. 
 
“Cuando tumbamos los árboles una persona me hizo una crítica muy dura. Frente a esto dije que las plantas volverían a crecer, pero la llegada del Papa sería una vez”, relata monseñor Tamayo como si hubiera sucedido ayer.
Continúa hablando y asegura que fueron muchas barreras las que se atravesaron en el camino, pero al final pudo ‘saltarlas’ y encontrar una buena solución. La compra de los predios sumó cerca de 129 millones de pesos, valor que suministró el Presidente de la época. En primera instancia, “Fuad Char se encargó de prestar el dinero”, con el compromiso de que le sería devuelto al finalizar el período del mandato presidencial.
 
La llegada. Desde las ocho de la mañana, el padre Tamayo indica que el Papa llegó a la capital del Atlántico en su papamóvil. El vehículo se transportó por la 30, subió por la 8 hasta la 45, de ahí llegó a la 44, subió hasta la 54 y llegó detrás de la Catedral. Al desembarcar se acercó a la Capilla del Santísimo donde estaban algunos sacerdotes y enfermos, a quienes bendijo. El padre Tamayo enfatiza en que se le acercó para manifestarle un deseo.
 
Monseñor Víctor Tamayo junto al Papa Juan Pablo II y los sacerdotes de la Costa Caribe, en la ciudad.
 
“Yo le dije: su santidad, aquí están los sacerdotes de varias partes de la Costa Caribe, quienes de seguro les quedará difícil viajar a Roma y la única oportunidad que tienen de conocer a un Papa es en este momento. Entonces, lo que yo quiero es que usted suba y tenga contacto con ellos. Él subió y le pidió a un señor que lo acompañaba, que les regalara a los presentes un rosario y un cristo. A todos les estrechó la mano”.
 
Después –asegura- subió al balcón a las 9:00 a.m., y se dirigió al pueblo barranquillero. Caminó y saludó desde este escenario. A las 12 del mediodía llegó al lugar donde lo estaría esperando el helicóptero y desde ahí emprendió viaje directo a la ciudad de Roma. 
El Papa Juan Pablo II, en el balcón de la Catedral Metropolitana María Reina.
 
“En la sacristía le teníamos un desayuno muy bueno, pero él solo se tomó el jugo y se fue. Tener al jefe de la iglesia cerca fue muy grande para mí. Antes de irse me dio la bendición (...) Él hizo todo lo que nos habíamos trazado al pie de la letra y estuvo hasta el final cumpliendo”, puntualiza.
 
En este relicario reposan los elementos que usó el Papa en Barranquilla.
 
Karol Józef Wojtyla
Fue soberano de la Ciudad del Vaticano desde el 16 de octubre de 1978 hasta su muerte en 2005. Luego de haber sido obispo auxiliar (desde 1958) y arzobispo de Cracovia (desde 1962), se convirtió en el primer Papa polaco de la historia, y en el primero no italiano desde 1523. Su canonización se dio en el año 2014, durante el pontificado de Francisco. Es el Papa número 264 de la Iglesia católica. 
 
 

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