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Testimonio 08 de Noviembre de 2017

La tragedia detrás de la voz de Miriam Negrete

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Foto: Orlando Amador Rosales

Miriam Negrete posó para M!ércoles en los jardines de EL HERALDO.

Alejandro Rosales Mantilla

Un mes después de que Patricia Teherán muriera trágicamente, en enero de 1995, Miriam Negrete llegó a Cartagena para integrar la agrupación Las Guerreras del Vallenato. Procedente del corregimiento El Campano de los Indios, en Santa Cruz de Lorica, la jovencita agraciada y sonriente de esos días tenía el firme propósito de hacer su propia carrera musical y seguir con el legado que había dejado la líder de las desaparecidas Musas del Vallenato.
 
Las Guerreras del Vallenato fue un proyecto que creó y produjo Luz Romero, madre de Patricia. Esa primera experiencia en el mundo de la música, de manera formal, no pudo ser peor para Miriam. Lidiar con los constantes acosos sexuales de los hombres en los pocos conciertos y parrandas que alcanzó amenizar, sumada a políticas en el manejo de su imagen que ella no compartía, y la rivalidad entre las integrantes por ocupar el puesto de Patricia Teherán frustró el arranque de su sueño musical.
 
“Teníamos que utilizar shorts muy cortos, entonces yo le decía a la mamá de Patricia que nosotras comercializábamos música, no nuestros cuerpos. Para equilibrar las cargas nos ponían camisas manga larga, sin embargo, varias veces nos manoseaban en los conciertos. Una vez hasta me rompieron el short que traía puesto”, recuerda Miriam, reconocida actualmente en la música vallenata femenina como “la voz que enamora”.
 
A esto se le suma el contacto que ella empezó a tener con el bebé que había dejado Patricia, Yuris Alexander, que en ese entonces, según sus palabras, tenía apenas cuatro meses. Dice que al visitar la casa de “la señora Luz” todos los días, empezó a sentir una fuerte conexión emocional con el niño y por eso se apropió de su cuidado. 
 
“Era la que lo cambiaba, lo llevaba a los controles médicos y una vez que estuvo hospitalizado lo acompañé a Medellín (…) La señora Luz también sufría mucho y se escondía en el cigarrillo. Después de la muerte de Patricia surgieron muchas cosas negativas para esa familia”.
 
El periplo dentro de Las Guerreras del Vallenato llegó a su fin y Miriam decidió regresar a Lorica, para desde allí relanzar su aventura musical.
 
 
‘La tragedia tocó su puerta’. 
Ya en Lorica, y con un contrato firmado con Sonolux Miriam sintió que la suerte le empezaba a sonreír. Sin embargo, las cosas no se dieron y la promesa solo quedó en papel. Nunca se dio.
 
En ese momento decidió regresar a Cartagena para buscar mejor fortuna. Era el año 2000 y es ahí cuando conoce al que se convertiría en su esposo un año después, Edwin Martínez Mendoza. Bajista por afición e ingeniero civil de profesión, “Edwin se convirtió” en el “todo” en su vida.
 
En medio de su relación y apenas con un año de casada, Miriam volvió a la música con acordeón, caja y guacharaca, para cantar con Las Divas del Vallenato. Su crecimiento fue notorio, profesional y emocionalmente. 
 
Pero llegó el año 2006 y con él la tragedia, como ella lo explica y lo registran varias notas de prensa. 
 
“Eso fue un 30 de agosto, a mi esposo lo mandó asesinar su supuesto mejor amigo, el arquitecto de la obra en la que Edwin también trabajaba en ese momento. Se llama Tirson Martínez”, señala la mujer. Recalca que el homicida, quien “fue condenado a 32 años de prisión”, burló a las autoridades y se fugó. Las otras cinco personas con las que planeó el cruel asesinato, en el corregimiento de Pasacaballos, recibieron su pena.
 
“Lo engañaron. Él tenía una especialización en manejo de suelos, y su supuesto amigo le dijo que quería comprar un terreno para hacer una camaronería, entonces le pidió el favor de que lo inspeccionara para ver si servía, eso fue en Pasacaballos. Lo sacó a las 11 de la mañana y a las 6 de la tarde lo mataron seis hombres con un tiro de gracia. Una de las personas que participó en el homicidio, después de casi un mes de búsquedas (un 5 de septiembre) y oraciones confirmó lo que le habían hecho. En ese mes perdí 25 kilos, fue una angustia tremenda. Le dieron un tiro de gracia y lo enterraron en una fosa común”.
 
En ese momento Miriam tenía dos hijos fruto de la unión con Edwin. “Samuel cumplía dos años y medio y Elizabeth nueve meses”.
 
Miriam se retiró de la música y se dedicó a sostener a sus hijos. Vendía comida a los choferes de buses que pasaban por su casa, hacía fritos y en las noche empezó a estudiar Derecho en la Universidad Libre de Cartagena. “Fueron días duros en los que las jornadas comenzaban a la 3 de la mañana y terminaban bien entrada la noche”.
 
 
‘El regreso a la música’. 
A Miriam Negrete, “la voz que enamora”, con 43 años de edad, el vallenato la transporta a un espacio intangible de paz y tranquilidad en el que todos sus problemas y recuerdos amargos se esfuman entre las notas que suena el acordeón.
 
“Para mí el vallenato es pasión, me quita las dolencias, me hace olvidar los problemas. En casa mi madre dice que le gustaría tener un acordeón y una tarima en el patio, porque cuando me ve afligida sabe que lo único que me puede curar es eso. Muy a pesar de que interpreto otros géneros, en el vallenato he encontrado ese reencuentro interior con mi ser”, comenta con su voz melodiosa y entonación musical.
 
Desde el 2010 Miriam volvió a pararse en frente del micrófono, sin embargo, hace apenas dos años retomó el vallenato y fundó su propia agrupación junto a Maribel Cortina, acordeonera de la gran Patricia Teherán. La acompañan en los demás instrumentos solo mujeres, con excepción de su hijo, Samuel Martínez, quien toca el bajo como su padre y es el director de melodía. En este momento se encuentra promocionando su sencillo Más no te perdono y se alista para volver por segundo año consecutivo a la Plaza Alfonso Lopez, en el Evafe, Encuentro de Vallenato Femenino, en Valledupar.
 
Miriam no baja la guardia, es una guerrera de la vida que a ritmo de vallenato enamora con su voz.

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