EL HERALDO
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Testimonio
01 de Noviembre de 2017

El reto de ser modelo por un día

Seguridad y carisma es lo que debe reflejar una modelo en pasarela.
Las tonalidades tierra y pasteles fueron las elegidas por la ‘make-up artist’ Paola Bonilla.
Minutos antes de la pasarela, la diseñadora Rosiris Miranda evaluó detalladamente cada ‘look’.
La colección Susurros del Alma de Rosiris Miranda estuvo inspirada en el romanticismo y la elegancia.
Colores como el azul, rojo y paleta de rosas estuvieron presentes en los vestidos de novias.
Daniela Murillo Pinilla
Pose, paso derecho, paso izquierdo, pose, giro, paso izquierdo, paso derecho, pose”. Como si se tratase de una lección que aprendemos en el colegio, así estuve repitiendo esta frase en mi cabeza durante una semana. 
 
Una nueva edición del Wedding Fest, plataforma que reunió en un solo espacio a pioneros y exponentes en la organización de bodas, fue la oportunidad que me llevó a arriesgarme a pasar de periodista a modelo por un día. Sin embargo,  al principio, cuando acepté gratamente la invitación que me hizo la diseñadora Rosiris Miranda de hacer parte de la pasarela de su más reciente colección de novias, no dimensioné la magnitud del reto al cual me estaba enfrentando.
 
Y no es que me encuentre menospreciando esta labor, porque de hecho he sido testigo  del  éxito que  han logrado  amigas gracias  al modelaje. Sin embargo, de esta industria, es común escuchar en las calles que se trata de una profesión rodeada de cánones y estereotipos de belleza. En efecto, es difícil pensar lo contrario cuando uno se limita a observar únicamente la labor del modelo profesional cuando se exhibe en la pasarela vistiendo ropa de las últimas colecciones de diseñadores o marcas reconocidas, luciendo los mejores productos de maquillaje y estética, y sonriendo constantemente para las cámaras en sesiones de fotografía o ‘showrooms’. 
 
Unas cuantas horas pasaron desde que decidí ponerme en los zapatos de una modelo en Barranquilla hasta mi primer ‘fitting’, término que indica el momento en el cual el diseñador cita al modelo con días u horas de anterioridad al desfile, para que se pruebe las prendas que lucirá posteriormente en pasarela. 
 
En Colombia, las modelos de pasarela deben medir más de 1,75 m y los hombres, más de 1,80 m. Evidentemente, son medidas que poco se ajustan a mis 1.60 m de altura, por lo que una de las primeras preocupaciones que vinieron a mi cabeza fue si las prendas que modelaría se iban a ajustar a las características de mi cuerpo. Afortunadamente, la diseñadora tenía preparado para mí una serie de vestidos de novia que les habían quedado al resto de modelos cortos y que, para mi sorpresa, me quedaban perfectos. 
 
Una semana antes del ‘show’, comencé a practicar mi forma de caminar antes del primer ensayo general. Debo confesar que al principio asumí esta tarea como un reto que podría superar con facilidad. Sin embargo, mi actitud cambió por completo cuando observé al resto de modelos desenvolverse sin problemas en el ensayo y empecé a pensar que era prácticamente imposible aprender la técnica de modelar en tan solo dos días. 
 
Pese a esta angustia, el día del desfile decidí llenarme de valentía y dejar mis temores a un lado. La jornada comenzó con mi turno de maquillaje y peinado  a las 10 de la mañana. Al principio, me pareció un poco exagerado empezar la preparación 11 horas antes del show, pero en el transcurso del día fui entendiendo la importancia de planear todo con tiempo para evitar imprevistos. 
 
En las largas horas de espera, disfruté conversar con el resto de modelos sobre su estilo de vida. Entre soportar cantidades exuberantes de laca, jalones constantes y exponer el pelo a las altas temperaturas de planchas y onduladoras que siempre terminan por destruir el brillo, suavidad y textura del cabello, hasta trabajar en la autoestima frente a los constantes “no” que se reciben en el medio, fui comprendiendo como los modelos deben mantener la frente en alto, si desean continuar perseverando por sus metas. 
 
“Al ser modelo, tienes que dejar a un lado tus gustos para asumir el rol que desea un diseñador o una marca. Hay que dejar de comer porciones grandes, grasas, dulces y harinas refinadas y entrenar constantemente porque es un sector muy competitivo. Incluso, ha pasado que frente a trabajos en vestidos de baño, uno deja de tomar agua 48 horas antes para tener un abdomen más plano”, explicó la modelo cartagenera Yanni Mejía. 
 
El momento más tensionante del día es cuando falta solo una hora para iniciar el desfile. El camerino estaba lleno de vestidos colgados y de modistas corriendo detrás de las modelos con agujas e hilos en mano, con el fin de ultimar detalles. 
 
Pensé que era la única que sería víctima de los nervios, pero al voltear a ver al resto de modelos, vi que no era así. Les pregunté por qué sentían esa sensación de incertidumbre —siendo esta una actividad muy frecuente en su trabajo— y la respuesta fue una sola: “si no hay angustia, no hay emoción y sin emoción no hay pasión”. 
 
Y no es para menos. Al pisar una pasarela, la mente se pone en blanco, el corazón se agita y los flashes de los asistentes se encargan de nublar tu vista. Al llegar mi turno de salir, traté de recordar la famosa frase que había aprendido hace una semana (pose, paso derecho, paso izquierdo…) pero fue imposible. Solo me limité a caminar, sonreír y sentir la magia de la pasarela. Eso sí, durante 40 segundos entendí que los sacrificios y las horas de espera valen la pena. 
 
Al finalizar la jornada, empiezas a entender que nada queda al azar en el mundo del modelaje. Todos los días, los jóvenes modelos de la ciudad se levantan viendo en la disciplina, la paciencia y el empeño el motor de sus vidas que los impulsará, como aseguran ellos, a “conquistar capitales de la moda como Nueva York, Milán y París”. 
 
“Hay que proyectar cada propósito cuando sales a desfilar y solo debes concentrarte en hacer lo que verdaderamente te apasiona, por encima de las críticas y de los señalamientos de las demás personas que no entienden la esencia de esta labor”, recomendó la modelo porteña de 17 años, Luisa Reyes. 
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