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Testimonio 07 de Septiembre de 2016

“El diablo me tiene miedo”: padre Chucho

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Foto: Archivo particular

El papa Francisco cuenta con obispos y una Asociación Internacional de Exorcistas, que forman a quienes sirven a la iglesia Católica.

Sara Hernández C.

Nadie, absolutamente nadie, se imagina el dolor, la impotencia y la angustia tan grande que siente Jesús Hernán Orjuela, conocido como el padre Chucho, cuando está en un exorcismo. “Me saca lágrimas del alma cuando me encuentro con personas que están oprimidas, obsesionadas e infestadas (invadidas por algo)”, comenta con resignación, en diálogo telefónico. 
 
Para él, enfrentarse ante una situación de este tipo es “agotador”. “Los sacerdotes somos perseguidos por esa fuerza del mal”, dice con la convicción de no temerle al diablo. “Él me tiene miedo a mí, porque llevo la fuerza de Cristo para predicar el Evangelio. Por eso, si la iglesia me necesita aquí estoy para conjurar donde tenga que hacerlo”, dice el padre que con su equipo de trabajo recibe cada martes a unas 500 personas que creen poseer este problema, en Bogotá. 
 
Al conversar sobre casos puntuales aclara que estos procesos “son muy personales y hay cosas que estarán en reserva, pues no puede disfrutarse con el dolor ajeno”. Aunque no olvida uno puntual de hace pocas semanas. “Una niña, hija de la persona afectada, (que muchas veces su madre intentó matar) llegó a la iglesia, me abrazó llorando y me dijo que gracias a mis manos había vuelto a celebrar un cumpleaños con su madre. Eso me ratificó que si un exorcista tiene que envejecer haciendo lo que hace, yo lo haré”, contó.
 
Además de su experiencia local, el sacerdote también tuvo la oportunidad de conocer 140 padres de todo el mundo con sus respectivas historias, en el curso ‘Exorcismo y Oración de Liberación’, en la Institución Ateneo Pontificio Regina Apostolorum, en Roma. 
 
“Hay lugares donde se le ha dado mucha fuerza a la alianza con el demonio y a permitir la hechicería o el culto a Satanás. Esto me lo dijeron exorcistas de África, Cuba y Venezuela”, dice, y recuerda cómo en el Quindío, exactamente en Quimbaya, le hicieron una iglesia a diablo. 
 
El padre durante su estancia en Roma, Italia.
 
El curso. El padre Chucho fue uno de los dos sacerdotes escogidos por Colombia, hace cinco meses, para el curso que está orientado a formar  exorcistas y no a la obtención de un título particular. “Es poder abrazar a quienes están atormentados por el demonio. Más que ver la victoria de Cristo y del cielo sobre el diablo, es entender por qué una persona llega a una manifestación tan dura como lo es una posesión diabólica y, lo más importante, ayudarlas a salir de allí”, comenta.
 
Existen varias manifestaciones y, contrario a lo que muchos creerían, la posesión es solo una, según el sacerdote. Están los casos de infestación, dejación u opresión, obsesión y la sujeción diabólica. La primera, la infestación, obedece a que la persona esté en un lugar cerrado y se enfrente ahí a ruidos, luces, cosas en movimiento o la aparición de animales. 
 
Por otro lado, la dejación u opresión diabólica obedece a un estado en el que el cuerpo humano está bien de salud pero “en el cuerpo hay dolor”. Son momentos en los que la persona atraviesa ataques de ansiedad en su vida, crisis de pánico, es maniacodepresiva y no responde ante tratamientos que su psicólogo le dé.  En este punto, hay casos de personas que están “obsesionadas con el demonio”, resalta. 
 
La sujeción diabólica, por su parte, está enfocada en estados de desesperación o desconfianza hacia el amor y lleva a personas a buscar fuerzas en el mundo, como la adivinación, la magia negra y hasta la hechicería. 
 
No siempre es real. El sacerdote explica que se ha encontrado con situaciones en que las personas aseguran tener una posesión diabólica, pero allí no encuentra nada. 
 
“Es importante saber que se requiere de un proceso en el que se pueda discernir y mirar de la mano con la ciencia”, argumenta el cura exorcista. También se presentan situaciones en los que el sacerdote examina y llega a la conclusión de no requerir exorcismo, pero sí un tratamiento. Siempre se procede de la misma forma: se examina el caso, se busca ayuda médica y, al final, viene el proceso interno entre la persona y el cura.
 
Consejos del Padre. No visitar cualquier lugar para desarrollar esta actividad es una recomendación importante del padre Chucho, aquí lo clave es buscar al obispo o a quien tenga su bendición. Al verse en una situación similar, no acuda a lugares o personas que dicen hacer exorcismos, pues “podrían hacerle un daño mayor a la persona”. En este punto, recuerda casos de personas que llegaron a destruir su vida y su propia familia, que están ahora en cementerios o cárceles, pues no buscaron ayuda de profesionales.

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