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Testimonio 13 de Septiembre de 2017

Amor y compromiso por la labor, la consigna de Zoilo Asprilla

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Foto: Orlando Amador Rosales

“Siempre camina por el camino más iluminado de la vida”, traduce la camisa de Asprilla.

Daniela Murillo Pinilla

Con 50 años de vida, Zoilo Asprilla se concibe como un hombre de múltiples facetas. Pese a que siempre soñó con ser un futbolista profesional, el destino se encargó de trazarle un camino distinto: convertirse en un policía, conocido por ser “el salvador de vidas” de jóvenes colombianos en entornos vulnerables e inmersos en problemáticas de desigualdad social y económica. 
 
Nació en el municipio de Riosucio, ubicado en la zona de Urabá, en el departamento de Chocó. Estando allí, tuvo sus primeros acercamientos con el fútbol, pues perteneció a la selección del departamento en la categoría sub-15. 
 
“Como arquero, fui convocado para hacer parte del ese entonces Sporting Club de Barranquilla. Después jugué una temporada en el Magangué y otra en el Real Cartagena”, explicó.
 
Entusiasmado, viajó a lograr un puesto dentro del Cúcuta Deportivo. No obstante, una falta disciplinaria en un partido de Cúcuta contra Santa Fe, en Bogotá, lo dejó por fuera de las canchas con cuatro años de suspensión y $12 millones de multa, lo que significó para él, el fin de su carrera. 
 
Después de este difícil momento y trabajar un año en el sector privado, Zoilo, quien hace 32 años vive en Barranquilla, se dejó cautivar de las historias de su gran amigo, el policía Miguel Vásquez.
 
“Luego de cumplir con los requisitos,  vi en esta labor la oportunidad perfecta para vincular mi pasión, por lo que ingresé en 1991 a la Escuela de Policía Antonio Nariño, donde también me desempeñé como instructor de deportes”, expresó. 
 
Aunque sentía que había logrado varias metas en su vida, Asprilla supo que debía ir más allá de sus funciones como policía, y apostarle a misiones sociales para lograr impactos benéficos en la sociedad. Sin armas y con mucho positivismo, su experiencia comenzó en el barrio La Chinita, una zona donde predominaba la problemática social entre dos pandillas, ‘Los Malembe’ y ‘La Patrulla 15”. 
 
“Con la ayuda de auxiliares bachilleres, empezamos a hacer unas capacitaciones de prevención a los niños y adolescentes del barrio. Les conseguimos unas libretas y lápices y llegamos a tener más de 100 inscritos. Después, involucramos a sus padres, mediante un trabajo psicosocial, lo que nos permitió tener una mayor cercanía a las problemáticas del barrio”, explicó. 
 
Con el tiempo, el programa, que llevaba por nombre ‘En mi barrio viviendo como amigos’, se fue fortaleciendo. Con esfuerzos de la comunidad, compraron una casa para seguir con las clases y tocaron las puertas de la empresa privada para conseguir uniformes y kits escolares. 
 
“Hoy en día, me satisface saber que los niños que pasaron por este programa son grandes personas”, manifestó. 
 
Según Zoilo, en ocasiones las grandes enseñanzas llegan a la vida mediante situaciones difíciles. Prueba de ello fue la situación que vivió, y que fue descrita por él como “dulce y amarga”. En aquel tiempo, el programa llegó al barrio Santuario, donde comenzó un proceso de desarme con la pandilla ‘Los Careperro’, un grupo de jóvenes que soñaban con construir una cancha de fútbol en una loma de la zona, una meta por la que trabajaba Asprilla. 
 
 
“Un 13 de agosto yo iba manejando mi carro por Juan Mina. Allí, me di cuenta que estaban atracando un apartamento y vi en la esquina a un hombre con un televisor en sus manos y otro, frente al apartamento. En ese momento escuché que uno de ellos gritó “¡Asprilla!” y lo último que recuerdo fue haber escupido dos dientes y el plomo de la bala”, afirmó este padre de cuatro hijos. 
 
Milagrosamente, sobrevivió. Pese a que fueron dos de los jóvenes de ‘Los Careperro’ los que le dispararon, Zoilo no abandonó su labor. Tres meses después, la pandilla entregó voluntariamente sus armas. 
 
“Continué porque uno tiene que terminar lo que se empieza. Con amor y dedicación construimos este proyecto en el que muchas personas creyeron y continúan haciéndolo. Hoy, la iniciativa se llama ‘Jóvenes a lo bien’, la Policía le dio una figura jurídica y ya está distribuido por todo el país. Con ello me doy cuenta que todo lo que uno da, lo recoge”, agregó Zoilo, quien está pensionado, luego de 26 años de carrera en la institución.

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