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Relaciones 20 de Mayo de 2015

Ser amigo del jefe, ¿apropiado o perjudicial?

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Foto: Shutterstock

Las personas que saben separar lo laboral de lo personal suelen tener mejores relaciones con sus compañeros de trabajo.

Melissa Zuleta Bandera

Entablar amistad con los compañeros de trabajo es completamente normal, al igual que departir con ellos fuera de las instalaciones donde se labora. ¿Pero pasa lo mismo si la amistad es con un jefe? ¿Qué tan apropiada es este tipo de interacción con alguien a quien en la oficina hay que rendirle cuentas?

“Son seres humanos, están ahí todos los días y los ves más que a tu familia. Son parte fundamental de la existencia de cada uno”, dice José Luis Torres Ordóñez, magíster en Dirección de Recursos Humanos y docente de la Universidad del Norte, quien cree que entablar amistades con jefes o supervisores es muy natural.

Especialmente –añade– porque los roles dentro de una organización no significan que “uno sea superior y otro inferior”: “cuando lo saludas en el supermercado ya no es tu jefe. Esas jerarquías existen dentro de la empresa porque son necesarias para la organización de la misma, pero desaparecen cuando sales, y socialmente no te excluyen”.

El lado positivo
Para Jean David Polo Vargas, doctor en Comportamiento Social y Organizacional, llevar una relación amistosa con un jefe puede fomentar “factores de desarrollo positivo dentro del contexto del trabajo, como lo es el engagement”, que se refiere a un estado de motivación intrínseca por la labor realizada.

Según el también docente de Uninorte, estas relaciones igualmente ayudan a aumentar la satisfacción laboral porque “las personas, en la medida en que sienten que tienen apoyo social (en otra palabras, que son queridas en la empresa), se ‘enganchan’ mejor al trabajo, y eso suele afectar de manera positiva el rendimiento”.

Con él concuerda Ángela María De Valdenebro, secretaria general de la Universidad de la Sabana, quien cree que estas relaciones tienen las ventajas normales de cualquier amistad. “Puede generar mayor confianza para el trabajo en equipo, la expresión de las ideas y la sinceridad en las opiniones”, señala.

Posibles problemas
Sin embargo, De Valdenebro considera que en algunas ocasiones, estas amistades pueden generar un conflicto de interés, causado cuando una de las dos personas no sabe diferenciar la relación laboral de la personal. “Puede lesionarse la relación de amistad cuando haya necesidad de actuar como jefe”, apunta.

Polo Vargas añade en este aspecto que es necesario mantener ciertas líneas divisorias entre las relaciones interpersonales y las laborales. De lo contrario, “el jefe o superior puede perder objetividad con el empleado” y un subordinado puede creer que la relación de amistad tiene que darle privilegios dentro del ambiente laboral.

Por su parte, Torres Ordóñez advierte que estas relaciones pueden hacer que algunos tomen como personales cosas que son exclusivamente laborales. Por ejemplo, “en el caso de que se haga una crítica a una iniciativa que alguien tenga y esta reaccione como si la crítica fuera a su persona y no a la iniciativa en sí misma”.

Mantener el equilibrio
Para los tres expertos consultados, la clave es encontrar un sano equilibrio entre la relación de amistad y la de trabajo.

“Es evidente que un jefe debe conocer bien a sus colaboradores y preocuparse por su bienestar personal y laboral”, señala Ángela María De Valdenebro, pero cree que en caso de entablar una amistad “es muy importante que se tenga presente que prima lo laboral y hay que saber diferenciar muy bien”. Para ella, la interacción que debe primar es la del trabajo.

Jean David Polo Vargas, por su parte, considera que la forma más apropiada de manejarlo es “trabajar en función de que se respeten los espacios laborales y tratar de minimizar las cargas afectivas en esos momentos”. Además, es clave saber que es más apropiado charlar e interactuar como amigos fuera del trabajo.

“En general la situación va a depender de una buena comunicación y de qué tan saludable sea la relación que se establece entre este superior y el empleado que tienen también esos roles de amigos”, apunta Polo Vargas.

José Luis Torres Ordóñez finaliza señalando que la inteligencia emocional de cada persona le permite discernir entre los momentos  meramente laborales y los exclusivamente personales. “Mientras uno esté en capacidad de mantener esa división en todo momento, yo creo que puedes desarrollar amistad con quien sea”, sostiene.

Diferencia de género

Lo ideal es econtrar un equilibrio entre los asuntos del trabajo y la relación de amistad con la persona.

Ángela María De Valdenebro explica que las amistades en el ambiente laboral son percibidas de manera diferente si las personas son del mismo género o de géneros distintos. “Si son personas del mismo sexo, se suele dar con mayor naturalidad que la amistad se extienda por fuera de la oficina. Si son de diferente sexo, depende más de las condiciones personales y familiares de cada uno, pero generalmente se guardan más los límites de la oficina”, dice.

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