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Actualidad 09 de Agosto de 2013

A la ola de calor, la sombrilla le quedó pequeña

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Huyendo, así se encuentran los barranquilleros que desde hace poco más de dos meses afirman sentir con mayor intensidad los rayos del sol, producto de la técnicamente llamada ola de calor. Huyendo en busca del refugio urbano, que con su sombra les permita apartarse de la picante sensación, del incómodo ardor y del pegajoso sudor que les escurre por la piel, cada vez que se asoman a darle la cara. Intentando rememorar los días en los que la brisa les arrullaba los hombros, y las mejillas sonrojadas eran muestra de la caricia del astro rey del Caribe.

Del elemento que décadas atrás solucionaba el problema de los ciudadanos, cuando de enfrentarse al sol se trataba, la popular sombrilla, que en su función de “escudo solar” reavivaba la dicha de sentirse capaces de repeler los rayos y de permanecer invulnerables, quedan hoy las ganas de que no muera, porque su caparazón de plástico ha quedado pequeño, por lo menos para resistir las temporadas secas.

Pero no todo se ha perdido, pues de acuerdo con Adolfo Ahumada Graubard, médico psiquiatra, esta es una oportunidad para concentrarnos en cómo recuperar las actividades que nos proporcionan bienestar. “Medidas mecánicas que debemos tener en cuenta en un clima tan caliente como el nuestro, es darnos un baño para enfriar el cuerpo, acompañado de una bebida helada 40 minutos antes de irnos a dormir”, explicó.

El cómico deseo de querer vivir dentro de un congelador, o de pensar en salir cada vez menos, es la consecuencia de la falta de lo que el experto denomina como psicoeducación, es decir, del conocimiento de los hábitos que debemos tener en cuenta para sobrellevar este tipo de episodios.

Para gozar de una noche de descanso, en la que concentrarnos en la temperatura local no sea impedimento para dormir bien, Ahumada recomienda no consumir sustancias que contengan xantinas, por lo menos seis horas antes de ir a la cama. “Las xantinas se encuentran en la cafeína, los compuestos del chocolate y del té”, comentó.

Uno de los casos internacionales mencionados por el especialista, es el que se registró en el antiguo Hospital de Nueva York, el actual Hospital de Harlem, donde fueron entregados en su momento más de 500 equipos de aire acondicionado en la época de verano, y para sorpresa de muchos, a raíz de ello el estado del 50 por ciento de los pacientes que asistían a consulta mejoró.

“Lo ideal es que el aire acondicionado esté durante la noche entre los 18 y los 19 grados centígrados, para que perdamos aproximadamente un tercio de grado de calor y al bajar ese nivel, la dopamina, que es el neurotransmisor que nos mantiene activos y despiertos durante el día, salga del organismo y que la serotonina, responsable de la sensación de bienestar, aumente”, dijo.

La ingesta de jugos naturales en horas de la noche, especialmente de frutas que no sean ácidas, y que tengan pulpa como la guanábana y la papaya, es lo aconsejable, para que el cuerpo se sienta recompensado, ante la pérdida de líquido en la sudoración.

“Los osos polares duermen hasta siete meses porque se ‘serotonizan’ en un 98 por ciento, y dejan un 2 por ciento solamente para que funcionen el corazón y los riñones. Eso quiere decir entonces que es la serotonina la que tenemos que buscar. Cómo hacerlo, manteniendo el nivel de calor bajo”, es lo que argumenta Ahumada.

Evitar el choque inmediato de climas, el salir del frío de la oficina para exponerse al sol directo, o el no guardar un momento de reposo antes de entrar a una temperatura más baja que la habitual, es una de las principales causas de resfriados inesperados en la ciudad, ya que por el afán de querer refrescarnos, no tenemos en cuenta que nuestro cuerpo puede estar en riesgo, escenas en las que la mesura debe ser primordial.

“El baño en el Caribe no debe ser con agua caliente, debe ser al clima o un tanto fría. Incluso, darse un masaje con hielo sobre el cuero cabelludo ayuda a que la dopamina que quede suelta, que es la que produce el estado de hiperalerta tanto en niños como en adultos, baje; porque lo único que provoca esto es el frío”, concluyó.

Las contraindicaciones de costumbres cotidianas como estar descalzos, sobre superficies frías luego de un día de calor, o ubicar los ventiladores frente al rostro, son aún más complejas de lo que se cree. Parálisis faciales, congestiones nasales y alergias respiratorias, son en algunos casos, el final lamentable del desespero que esta caliente ola ocasiona.

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