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Actualidad 27 de Julio de 2016

En la piel de una atlanticense quemada con ácido

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Foto: Shutterstock y archivo particular y AR

Alejandro Rosales Mantilla

Yarleny Bermejo Mendoza dormía con sus cuatro hijos un lunes 12 de julio cuando se encontró con su compañero sentimental, Uberlando de Jesús Rojas Carreño, parado frente a su cama. Hacía un mes ella le había pedido que se fuera para siempre de su vida. Habían convivido durante 10 años y de la unión nacieron dos hijos.
 
Una vez –narra– le cortó el pecho y la espalda. En ese momento ella llevaba en su vientre a su último hijo, pero eso a él pareció no importarle. 
 
Ahora, nuevamente, tenía de frente a la pesadilla viviente que vestía jean, camiseta y una mochila portadora de la desgracia. Yarleny recuerda que se le había perdido un juego de llaves para entrar al pequeño apartamento y solo hasta ese momento constataba sus sospechas: Uberlando se las había llevado.
 
“Yo me levanté, me pidió que habláramos. Yo pensé que le iba a dejar algo a los niños, para la alimentación. Me levanté, me recogí el cabello y salí. Empezamos a hablar en el pasillo que llevaba al apartamento, es como un callejón que lleva a varios apartamentos, todo el mundo estaba dormido. Me empezó a decir que por qué había optado por dejar las cosas así y yo le expliqué nuevamente que no quería volver a vivir con él, que no podíamos vivir juntos. Me dijo que si yo no iba a ser para él, no sería para nadie, que se las iba a pagar ahí mismo. Se metió la mano en una mochila que llevaba, sacó un tarro de litro con el ácido, lo destapó y me lo lanzó, antes de eso forcejeamos, me intentó abrazar, yo lo empujé y me cogió por el cabello, metió la mano en la mochila y me arrojó el ácido en la cara, el pecho, los brazos, las piernas y salió corriendo. Yo grité y unas vecinas me auxiliaron, me bañaron con agua, la ambulancia no llegó y me llevaron al hospital en una moto”, contó valientemente la mujer que hoy tiene más del 60% de su cuerpo quemado. Su rostro, incluido el ojo izquierdo, cabello, manos y cuello son las partes más afectadas.
 
Así, en poco más de un minuto, Yarleny pasó de ser la mujer alegre que había bailado con amigas y familiares la noche anterior en un quinceañero, a engrosar la penosa lista de colombianas atacadas y quemadas con ácido. 
 
Cifras del Instituto Nacional de Medicina Legal muestran que entre 2004 y marzo de 2014, en Colombia se presentaron 926 ataques con ácido. De esa cifra, 565 víctimas fueron mujeres. Según el portal feminicidio.net, Colombia lideró en 2011 la cifra en el mundo de féminas víctimas de estos ataques con ácido y líquidos inflamables con 42 casos, por encima de Pakistán y Bangladesh.
 
Este dato lo confirma el especialista en Cirugía Plástica Jorge Gaviria, que cuenta con 22 años de experiencia trabajando en la unidad de quemados del Hospital Simón Bolívar, en Bogotá. Afirma el galeno que muchos profesionales de la medicina en Colombia van a otros países a entrenar otros colegas y enfermeros en casos de quemaduras con ácido, por la experiencia que han adquirido en el país.
 
Yarleny fue la única mujer que en el Atlántico fue atacada con este tipo de sustancias, en 2015. En 2016 ya va otra víctima, Carmen Sofía Torres, presuntamente a manos de su expareja, Gustavo Rafael Barrios.
 
Su vida ahora. Uberlando de Jesús Rojas Carreño, el agresor de Yarlenis, fue capturado siete meses después de que se dio a la huida. Un juez lo envió a la penitenciaría del Bosque y espera una condena por los delitos de homicidio en el grado de tentativa y tortura que le imputó la Fiscalía General de la Nación. “Al menos eso es algo y ahora se espera que la condena sea ejemplarizante, que su acto no quede impune”, pide Yarlenis, quien teme que se venzan los términos legales y su victimario salga libre.
 
Aparte de la situación legal de su victimario la mujer vive una pesadilla aparte. Duró cinco meses hospitalizada y ya perdió la cuenta  del número de cirugías que se le han practicado, vive en la casa de una cuñada donde las necesidades económicas son desgarradoras y en el momento ninguno de sus cuatro hijos está estudiando.
 
Agradece el apoyo que algunos familiares le han dado, como la cuñada que la recibió en su casa o las eventuales ayudas económicas de un hermano de su primer esposo. Asimismo, la Secretaría de la Mujer de la Gobernación del Atlántico que le está dando acompañamiento psicológico y jurídico. Este último ha sido necesario para lograr que se le realicen a tiempo algunos procedimientos médicos.
 
Zandra Vásquez, secretaria de la Mujer, se sincera y dice que es inevitable no llorar ante casos como el de Yarleny. 
 
“Como funcionaria pública estoy comprometida en toda la gestión y el apoyo. No es justo lo que le pasa a ella, con cuatro hijos, sola, maltratada desde el corazón, su estética, su físico, hay una serie de situaciones muy complejas y eso duele”.
 
Agrega la funcionaria que entidades como la Defensoría del Pueblo y la Fiscalía están empezando a coordinarse con su oficina para evitarle a víctimas como Yarleny ir de un lado para otro en el proceso de instaurar la denuncia.
 
“Tenemos la muy grata de noticia de que tendremos una funcionaria de la Defensoría en la Secretaría tres días a la semana, lo mismo va a pasar con la Fiscalía, cosa que desde aquí podremos atender a la mujer y no va a tener  que desplazarse a otras entidades y oficinas. Muchas veces ocurre que la mujer no llega a las otras oficinas y terminan revictimizadas en sus casas (…) También les estamos abriendo las puertas a los hijos de las víctimas. Ellos necesitan un acompañamiento psicológico”, anuncia Vásquez.
 
Fallas del sistema. El cirujano plástico Jorge Gaviria, famoso por realizarle varias cirugías a Natalia Ponce de León –también víctima de un ataque con ácido y que promovió la aprobación de una ley que endurece las penas contra estos agresores– asegura que en el país hay una notoria falencia de recursos para atender a las víctimas.
 
“A nivel de unidades de quemados tenemos un déficit muy importante, casi no hay y las que están tienen muy pocas camas, generalmente 10. La única unidad grande es la del hospital Simón Bolívar (en Bogotá), que tiene 53 camas, pero básicamente recoge toda la población de todo el país. Siempre estamos insuficientes porque el hospital casi siempre está al 100% de ocupación”.
 
Añade Gaviria que en los países asiáticos, europeos y en Estados Unidos se utilizan algunas sustancias que son capaces de neutralizar el ácido o el químico en general. “No solo lo neutraliza, sino que es capaz de sacar, a manera de una bomba que succiona todo el químico que entró a la piel. De esa forma el daño es mucho menos, igual que las secuelas y las deformidades”.
 
“Esa sustancia no la tenemos en Colombia, en otros países sí la hay y hemos tenido problemas para su importación, no hemos tenido un apoyo real y efectivo de las autoridades. La sustancia es una solución anfótera, significa que actúa en ácidos y álcalis. Hay una sustancia comercial que se produce en Francia que se llama Diphoterine y es la que hemos querido importar y no se ha podido”. 
 
Al respecto, la oficina de Dirección de Medicamentos del Ministerio de Salud señala que en el caso del Difhoterine la Dirección de Promoción y Prevención de la entidad encontró que “no había evidencia suficiente, sobre todo en lo que se refiere a quemaduras con ácido”, que soporte su eficacia.
 
“Creo que hay una parte importante de sesgo, porque sí hay estudios hechos a animales y otras experiencias con pacientes, pero más en la parte industrial (…) A nivel de publicaciones importa mucho quién financia el estudio y parte de esos estudios los había financiado el laboratorio que produce el medicamento”, comentó Érika León de la Dirección de Medicamentos. 
 
Llamado. Yarleny Bermejo es enfática al decirles a las mujeres que no duden en abandonar a su pareja si detectan que esta es violenta. “Es preferible aguantar cualquier necesidad económica antes de que la vida corra peligro como me pasó a mí”, advierte la atlanticense que infortunadamente protagoniza esta historia.
 
Yarleny Bermejo Mendoza mientras estaba en la Secretaría de la Mujer.

 

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