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Latitud 12 de Febrero de 2017

Rock peruano, ‘ceviche’ global

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Los Saicos, ‘punk’ latino una década antes de la aparición del ‘punk’ británico.

Laura Camargo

¿Puede asociarse el rock peruano con la vanguardia de este género? Quizá no, hasta que lea esta reseña sobre el rock inca, el tesoro mejor guardado del rock hecho en Latinoamérica.

Que la cuna del punk rock es Lima y no Londres es un secreto a voces del cual han hecho eco diversos medios de comunicación a través de los años. Basta solo con googlear “Los saicos padres del punk” para obtener entre los primeros resultados artículos en la página de BBC, The Guardian y El País, y tantos otros portales acreditados.

Si bien no es fácil imaginar que en una nación sudamericana se gestara antes que latitudes angloparlantes ese eco revolucionario, lo cierto es que un día de 1964, en una esquina del distrito limeño de Lince, se juntaron César, Pancho y Erwin, a quienes luego se uniría Rolando, para conformar la agrupación que inicialmente iba a llamarse Los Sádicos. Aunque finalmente modificaron su nombre por uno menos crudo, pero que a su vez tenía una pronunciación parecida a “Psycho” (psicópata en inglés), bautizándose entonces como Los Saicos.

Los Saicos no solo tendrían una banda con sonido punk más de una década antes de que surgieran en el Reino Unido The Clash y los Sex Pistols, sino que mientras en los sesenta la gran mayoría de los grupos de rock existentes en Latinoamérica cantaban en inglés, ciertamente es el idioma natural de ese género, Los Saicos escribían e interpretaban en español himnos como Demolición y Salvaje.

En una época en que la escena musical peruana estaba dominada por valses, boleros y otros ritmos tradicionales –y en cierta medida muy conservadores a nivel ideológico–, una banda de rock local pasó a la historia por ser pionera y crear un estilo cargado de irreverencia y frescura. Al mismo tiempo que ellos, también fueron protagonistas de la escena limeña Los York’s, con un sonido garaje y letras en español, y Los Belkings, que exploraron audazmente emparentar el surf rock con sonidos más tropicales, logrando consagrarse como una de las propuestas instrumentales más relevantes de aquel tiempo.

Ahora, Los Saicos son un gran referente y quizá la banda peruana más respetada de todos los tiempos, pero no hay que perder de vista que el rock y la música independiente proveniente de ese país ha seguido creciendo y diversificándose durante las décadas siguientes. Y es que a pesar de las fuertes prohibiciones que tuvieron vigencia en el Perú durante los años setenta, como consecuencia de las dictaduras militares ‘anti-imperialistas’ que entonces gobernaron, persistieron en la movida grupos como Tarkus (hard rock/heavy metal), Laghonia (rock psicodélico y progresivo) y Telegraph Avenue (fusión de rock y ritmos latinos), entre otros, que lograron no solo llevar un mensaje de libertad a sus compatriotas en tiempos de enorme opresión, sino explorar el mestizaje de los ritmos criollos para hacerlos parte de la vanguardia musical.

En el Perú de los años ochenta, el regreso de la democracia al poder y el crecimiento de la violencia por parte de grupos guerrilleros dieron paso a tiempos realmente agitados a nivel social. Todo esto generó el clima ideal para que la senda del punk rock fuese retomada con fiereza y sentido del humor por bandas como Narcosis, que al grabar y lanzar por cuenta propia su álbum debut Primera Dosis, no solo marcaron un precedente al ser realmente independientes, sino que consiguieron una acogida muy positiva en la escena gracias a sus canciones en las que abiertamente denunciaban la corrupción y represión por parte de los políticos de siempre. Después de ello y a pesar de las propuestas de distintas discográficas para firmar contrato, los Narcosis decidieron seguir por su cuenta, apegados a su filosofía de ‘hazlo tú mismo’.

Durante ese mismo período ganó popularidad el proyecto del español radicado en Perú Miki González, con canciones en las que mezclaba sonidos afroperuanos con reggae, ska y música electrónica. Es destacable también el uso del cajón peruano en su banda, con lo cual ayudó a rescatar este instrumento criollo del olvido. Su legado sirvió como influencia a infinidad de artistas contemporáneos, suscritos al llamado movimiento de ‘rock en español’, como Los Prisioneros, de Chile, así como a bandas de la siguiente generación en esta parte del continente.

Ya en los noventa y bajo el mandato de Alberto Fujimori como presidente durante diez años, surgieron inicialmente bandas con propuestas fuertemente influenciadas por el sonido grunge y furioso. Tal fue el caso de los Líbido y los Cementerio Club durante sus primeras grabaciones, agrupaciones que con los años se acercarían más al pop rock en sus trabajos discográficos. Así como Los Mojarras, por su lado, apostaron por mezclar sus contagiosas líneas de guitarra con géneros autóctonos como la chicha, abordando problemáticas sociales en muchos de sus temas.

A partir de los años 2000, con la llegada de internet, una ola de música más experimental y globalizada conquistaría el panorama del rock peruano, tal y como ha sucedido desde entonces en el resto de mundo interconectado en el que hoy vivimos. Es gracias a ello que se han tejido varios circuitos de artistas alternativos durante años recientes, logrando propuestas que cuesta clasificar como rock y a las que es difícil desligar de este género debido a su mensaje. Tal es el caso de Kanaku y El Tigre, Chico Unicornio y Tourista, entre otros que exploran lo electrónico, el folk (o corrientes de formato acústico) y diversos híbridos de ese tipo, consiguiendo un notable reconocimiento internacional que les ha permitido realizar giras por países vecinos.

Otra movida que ha ganado adeptos y espacio recientemente es la nueva psicodelia, emparentada con el rock playero. Entre los exponentes más destacados de aquella ola encontramos a los Banana Child, que retoman un poco el legado de los Belkings, aunque sus canciones sí tienen letras y son más allegados al indie rock; los Almirante Ackbar, con una propuesta más cercana al pop ruidoso, pero también inspirada en días soleados; Los Lagartos, con un sonido entre garajero y melódico, y Los Hijos del Culto, que si bien ostentan una estética bastante más punk y oscura, también hacen rock and roll con sonido surf, relacionando siempre sus canciones con elementos de terror y ciencia ficción. De igual modo, existen proyectos que se animan a dar un paso más allá respecto de lo conceptual y, como en el caso del dúo electrónico Laikamorí, tocan en vivo con sus rostros totalmente cubiertos con unas máscaras oscuras decoradas con piedras brillantes, luciendo un aspecto tan misterioso como sus canciones mismas. Mientras, el también limeño Rod Blur es acompañado de una banda a la que llama The Zombies from the Sun, con quienes creó un disco netamente conceptual que narra una historia protagonizada por un alienígena que llega para salvar a nuestro planeta de un cruel dictador, incitando a una revolución.

Cuando de trazar una línea y analizar la historia del rock de este país desde sus inicios hasta nuestros días, es precisamente esa vocación de recurrir a elementos fantásticos para interpelar asuntos de la realidad por medio de sus canciones lo que más puede resultar característico y valioso por parte del rock peruano. Además, a pesar de que algunos señalen que el rock es un género que se está agotando en cuanto a ideas, cada día es más auténtico lo que sus nuevos representantes nos ofrecen si se tiene en cuenta que las discográficas ya no tienen tanto poder de intervención sobre sus trabajos, lo que nos permite escuchar propuestas musicales más fieles y originales. Debido a toda esa variedad, proveniente tanto del pasado como de nuestros días, siempre es un buen momento para aventurarse a conocer el rock proveniente del país inca, un rock que indudablemente no tiene nada que envidiarle al británico. 

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