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Latitud 15 de Octubre de 2017

Poética del artificio fragmentado en ‹Los cuentos de Juana

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Adolfo Caicedo – Universidad de los Andes (Extracto)*

A 45 años del fallecimiento de Álvaro Cepeda S., publicamos un ensayo crítico sobre su segundo libro de cuentos y dos de los relatos que contiene.

Eduardo Pachón Padilla divide el cuento colombiano del siglo XX en cuatro grandes clasificaciones: a) el cuento regional, que calca diversos detalles y complejidades de la provincia, aunque examina ciertas relaciones y complejidades espirituales de sus pobladores; b) el cuento de realismo social, cuyo fundamento básico es la crítica hacia los dirigentes políticos, los regímenes dictatoriales, las revoluciones internas nacionales, el estado de sometimiento del indígena y las discriminaciones raciales de diversos grupos sociales subyugados; c) el cuento neorrealista, aquel que sin supeditar el ambiente autóctono colectivo indaga más sobre las introspecciones; y d) el cuento cosmopolita (y universal), que linda con lo imaginativo, fantástico, misterioso, policiaco, exótico, el vanguardismo y el existencialismo (531-32). Esta clasificación, que se basa en las mismas denominaciones que utiliza el crítico Seymour Menton en su conocida antología El cuento hispanoamericano (1982), resulta poco funcional. 
 
Los cuentos de Juana (1972), del escritor Álvaro Cepeda Samudio, comparten rasgos de cada una de las cuatro categorías enunciadas y las rebasa, pues su nuevo modo de representación artística pone en crisis la mimesis del realismo ingenuo que busca «reflejar la realidad». La suya es una escritura que constantemente descentra los cánones establecidos como se evidencia, por ejemplo, en la dislocación de la coordenada espacio-temporal, en la construcción sui géneris del personaje central de la historia, en la ausencia del principio logocéntrico de causa-efecto de la esfera de las acciones, entre otros procedimientos narrativos. Este tipo de realismo o, mejor aún, de neorrealismo, en una acepción diferente de la usada por Pachón Padilla, nos permite incursionar en un mundo guiado por una forma heterogénea de expresiones culturales, por un modo plural de ver la realidad que, sin ser «copia» del original extraliterario, tampoco anula el referente histórico-cultural. Los modos del realismo literario suelen llevar por lo general diversos adjetivos diferenciales, según las posibilidades de asumirlo. 
 
Hay un realismo empírico (monológico, disyuntivo, tradicional, basado en la antigua «manera de ver la realidad», «tomada del natural, sin idealizar en nada la realidad de la vida», o sea, positiva, pretendidamente objetivista y cientificista externa), que incluye el realismo costumbrista, regionalista, rural, etc., etc. Y hay los «nuevos» realismos (otras maneras de ver las infinitas facetas de la realidad, otro concepto, dialógico, no disyuntivo, más amplio y pluralista, desde una perspectiva  fundamentalmente interna) frente a lo puramente fantástico (que es, también, un realismo, si no es mera ociosidad). Tal vez podría decirse que los estudiosos de la narrativa nos movemos entre dos extremos: el realismo tradicional y lo/(el) (realismo) fantástico. Entre estos dos extremos, otros realismos, los neorrealismos: el mitológico, «mágico», etc. (Camacho 129 – 130)
 
El neorrealismo, así entendido, expresa la búsqueda diferente de una realidad no convencional, invisible, a veces no perceptible por medios empíricos o racionalistas, pero de ninguna manera «mágica» ni «maravillosa». 
 
*El artículo completo fue publicado en ‹Colombia: tiempos de imaginación y desafío› con el título «Neorrealismo en el cuento colombiano. La necesaria heterogeneidad del artificio en ‹Los cuentos de Juana› de Álvaro Cepeda Samudio».

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