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Latitud 12 de Marzo de 2017

Las tres vidas de Chirón

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Héctor Romero

Breve reseña de ‘Moonlight’, mejor película en la pasada entrega de los Premios Óscar, y de algunos aspectos de su línea argumental.

A primera vista la premisa argumental de Moonlight no expone mayor novedad al plantearnos la vida sentimental de un chico afroamericano que intenta buscar un sitio dentro del mundo marginal que habita.  

Ambientada en un violento barrio de Miami, somos testigos de la vida del pequeño Chirón y su escape constante a los problemas cotidianos que lo amenazan, ya sea a raíz de los acosos por parte de sus compañeros de escuela o por las adicciones de su madre en ese lugar que resume todos sus temores, Liberty City. Corriendo en contra de su dura realidad, Chirón conoce a Juan, jefe distribuidor de drogas, quien será un guía primordial en la formación del carácter ausente en los tempranos años del protagonista. 

Chirón es un niño débil, de escasas palabras, retraído, con el suficiente miedo para no poder sostener en alto su mirada, alguien que nada más ha visto el lado crudo de la vida. Juan y su novia, Teresa, le entregarán momentos de afecto y conocimiento, y ellos se convertirán en cierto sentido en los progenitores que nunca ha tenido.

Cargada de sutileza, en una de las primeras imágenes del filme Chirón y Juan van al mar. El momento es realmente simbólico y relevante. Es el encuentro con la belleza, tanto para Chirón como para los espectadores que seguimos a una cámara que flota sobre el agua y nos aproxima a un instante sobrecogedor: Juan entrega una lección de vida a Chirón y le enseña a perder el miedo, a ganar confianza, a sentir la libertad  y elegir un destino en su propio mundo.

Y aunque una somera lectura puede afirmar que Moonlight es una película sobre la homosexualidad, en realidad se trata de una obra que gira en torno a la vida de un personaje homosexual. Así como el filme centra muchas veces su discurso dentro del tema racial o el bullying, direcciona su rumbo hacia la condición sexual de Chirón. La incómoda conversación donde le pregunta a Juan qué es un marica y este le responde que es una palabra para ofender a los gays, es igual de relevante a las preguntas arrojadas posteriormente: ¿vendes drogas?, ¿mi madre se droga? El diálogo sintetiza cuál es el verdadero tema detrás de Moonlight: el aprendizaje emocional, la familia y la dura vida de la calle.

Barry Jenkins (Liberty City, Florida, Estados Unidos, 1979), su director, recurre a la elipsis para condensar la narración y dejar abiertos ciertos interrogantes. La estructura que emplea transita en tres tiempos: la infancia, la adolescencia y la adultez, deteniéndose especialmente en la infancia como forma de explorar a fondo la inocencia y el descubrimiento. Las otras dos etapas son abordadas desde la ambigüedad y el subtexto. Aquí surge uno de los mayores aciertos de Moonlight. Siendo originalmente la adaptación de la obra de teatro titulada Bajo la luz de la luna los chicos negros parecen azules (In Moonlight Black Boys Look Blue), escrita por el dramaturgo estadounidense Tarell Alvin McCraney, la película adopta el método dramático de la ‘acción indirecta’ desarrollado por Antón Chéjov en sus piezas teatrales. Muchos de los acontecimientos dramáticos en Moonlight tienen lugar fuera de la película, ocurren lejos de la cámara y lo que predomina es una idea que se construye a partir de conjeturas.

Todas las preguntas concebidas por Chirón cuando pequeño encuentran una respuesta a medida que va creciendo y nuevos interrogantes aparecen acrecentados dentro del mismo conflicto de identidad.

En su búsqueda, Chirón despierta un oculto instinto de supervivencia y termina por adquirir un aspecto rudo cuando llega a la adultez. Aquí las favorables contradicciones que observamos a lo largo de la película tocan su punto máximo: cronológicamente presenciamos el lado pobre de la ciudad que asociamos siempre al plácido turismo, vemos a un traficante de drogas con una particular educación, y por último a un Chirón trasformado en Black, un hombre que ha modificado su apariencia y que reafirma una masculinidad para infundir respeto, pero que en el fondo sufre por una debilidad sentimental que continúa intacta y lo trastorna.

Moonlight, ganadora de mejor película en la pasada edición de los Premios Óscar, condensa no solo el retrato del dilema interior de sus personajes, sino también la radiografía de un contexto que afecta paulatinamente lo que ellos son. La vida en el gueto nunca ha sido fácil y nunca lo será, mucho menos para un chico como Chirón. 

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