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Latitud 17 de Diciembre de 2017

La saga que lo cambió todo

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Álvaro Serje Tuirán

Esta semana se estrenó el episodio VIII de ‘Star Wars’, la franquicia cinematográfica que revolucionó el séptimo arte. El autor explica el éxito detrás del universo creado por George Lucas.

Hace mucho tiempo, en una galaxia muy muy lejana, un joven director llamado George Lucas luchaba por sacar adelante el ambicioso proyecto de una ‹space opera› conocida como Star Wars: A New Hope (La guerra de las galaxias: Una nueva esperanza). Una historia de ciencia ficción inspirada en clásicos como Flash Gordon y Buck Rogers e influenciada por el western y las películas de samurais. Lucas acababa de estrenar American Graffiti, un relato sobre las aventuras nocturnas de un grupo de jóvenes en un pequeño pueblo norteamericano. Esta película fue un éxito de taquilla y, sorpresivamente, obtuvo cinco nominaciones al Oscar, incluyendo una a mejor director. Esta situación dejó al joven creador en una buena posición para apostarle en grande a su ópera espacial. Luego de recorrer varios estudios, Lucas consigue finalmente la financiación para su proyecto y en 1976 comienza a filmar Una nueva esperanza. La cinta se estrenó un año después y de inmediato se catalogó como un éxito, sorprendió al mundo con sus revolucionarios efectos especiales y encantó audiencias con su historia tan sencilla como contundente.

Hoy, 40 años después, Star Wars estrena Los últimos Jedi, su novena película, la segunda de una nueva trilogía que reinventa los mundos de esa galaxia lejana. Pero más allá de este título, la saga es una megafranquicia que incluye películas, cortometrajes, series de TV, cómics, videojuegos y novelas. Es una de las marcas más reconocidas del mundo cinematográfico y ha creado una mitología propia de la que sus fanáticos participan con fervor casi religioso. Además, ha sido la inspiración para centenares de libros en todos los idiomas que analizan, desde las implicaciones filosóficas de la orden Jedi, hasta los roles de género en la trilogía original. Como si fuera poco, el universo de Star Wars ha sido recientemente renovado gracias a que el imperio de contenidos de Disney adquirió los derechos de la franquicia y ha hecho una apuesta millonaria para presentarla a una nueva generación de fanáticos. Probablemente, el joven Lucas jamás imaginó que su mezcla de vaqueros y samurais intergalácticos, se convertiría en un fenómeno masivo, un relato que sería visto en las pantallas de todo el planeta y, además, un hito en la historia de Hollywood, ya que Star Wars dejaría su marca en el cine de las próximas décadas.

El lado oscuro

Star Wars cambió el modelo de negocio de Hollywood, su esquema financiero inicial fue tan exitoso que, para bien o para mal, muchos analistas consideran que la trilogía original dividió la historia del cine como industria. La primera cinta inició su rodaje en 1976 con un presupuesto de apenas 11 millones de dólares y, hasta hoy, ha logrado más de 500 millones, solamente en taquilla. Además, inauguró una serie de películas que reportan ingresos brutos por casi 8.000 millones de dólares en todo el mundo. El éxito es tal que muchos críticos consideran a Una nueva esperanza como la cinta que inventó el fenómeno del blockbuster de verano.

Sin embargo, más allá del éxito de la taquilla, el modelo de negocios de Star Wars introdujo algunos conceptos novedosos que hoy son norma vigente. En primer lugar creó la idea de la franquicia cinematográfica, es decir, los productores no apostaban a hacer una sola película, sino a consolidar una marca y un universo fílmico que pudiera sostener varias películas y otros productos audiovisuales o de consumo. La idea de Lucas fue apuntar desde el principio a una trilogía y, si la primera cinta era exitosa, ya existía la garantía de un público cautivo para nuevas entregas y nuevos proyectos. Esta idea es lo que está detrás de sagas como X-Men, Rápido y furioso o el universo cinematográfico de Marvel, un fenómeno que ha patrocinado la profunda crisis de creatividad en el cine de entretenimiento actual.

Otra gran innovación de Star Wars fue la visión de Lucas para apostarle al mercadeo de juguetes y otros productos como una parte fundamental de los ingresos de la cinta. De hecho, Lucas acordó dirigir Una nueva esperanza por un sueldo reducido, a cambio de los derechos sobre los productos derivados y las secuelas. Lo que para los estudios sonaba como el delirio de un joven e inexperto director, fue realmente una sagaz y visionaria decisión que convertiría a Lucas en un multimillonario al instante. El concepto es simple: el negocio no estaba sólo en la taquilla de la cinta, sino en los juguetes, la ropa, las loncheras y, en general, todo aquello en lo que se pudiera poner la marca Star Wars. La película servía como un gran comercial que durante dos horas posicionaba una marca y una serie de personajes que luego, niños (y adultos) querían poseer en forma de modelos o figuras de acción. Obviamente esta idea ha sido copiada hoy hasta el absurdo, tanto, que actualmente muchos estudios anteponen el marketing sobre la historia.

La fuerza

Star Wars es hoy una de las franquicias más rentables en la historia del cine, sin embargo su importancia como fenómeno cultural no está en los números, ni en los márgenes de ganancias. Por el contrario, hay en ella algo intangible que va más allá de lo material, más allá de lo que se ve. La Guerra de las Galaxias ha logrado generar a su alrededor una mística indefinible que hace que ya no sea una película, ni una trilogía, sino algo más. Una amalgama de personajes e historias que le pertenece a los fanáticos. Un universo que cada quien puede reclamar como suyo y que espera presentar a sus hijos y a sus nietos. No en vano, se ha escrito mucho sobre la relación de la saga con los mitos clásicos, porque de alguna manera es una historia que resuena cercana, propia, como si fuera parte de la mitología de cada cultura con la que dialoga. Star Wars es la historia de todos los héroes, de todos los viajes, Yoda es todos los maestros y Han Solo, todos los amigos. Por eso cada espectador encuentra en ella algo propio. Un relato en el que cada generación puede reflejarse y en el que se pueden encontrar nuevas interpretaciones con cada visionado. Su potencia radica en esa familiaridad, una suerte de universalidad que la distingue y que se fundamenta en lo arquetípico de sus personajes. Es una historia atemporal con la que todos y todas se pueden conectar.

Sin embargo, a pesar de esa atemporalidad, ha tenido la habilidad de renovarse con el paso del tiempo. El reciente estreno del octavo episodio de la saga lo demuestra, se siente como una versión moderna de lo mitológico. Un lugar donde el mito cae en crisis, se cuestiona y es capaz de cambiar, de adaptarse al espíritu de la época. Los últimos jedis es una historia en la que Luke, Leia y Han pasan la antorcha a una nueva generación de rebeldes. Una generación que mantiene viva la ‹chispa› de la esperanza y con la que la cinta se ajusta al momento histórico y se moderniza sin perder el espíritu de las primeras películas. Ese mismo espíritu que ha dejado una marca indeleble en la historia del cine. Esa fuerza imparable que logró cambiar, para siempre, la historia del séptimo arte.

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