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Latitud 09 de Julio de 2017

“La risa y la desgracia ocurren a la vez”: David Betancourt

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Foto: Alan David Gómez

Por Paul Brito

Aunque el primero en una editorial grande, ‘La vida me vive amargando la vida’ (Planeta, 2017) es el sexto libro de cuentos en la intensa carrera de este autor de 35 años que ha hecho del humor su mayor marca de estilo.

Como ningún otro autor colombiano en la actualidad, el escritor David Betancourt apela a lo cómico para construir sus excéntricas historias, y lo hace hasta que nos duele la barriga de tanto reírnos, pero también el alma, pues como pocos sabe convertir la risa en el mejor instrumento para conocer a fondo la naturaleza del ser humano, su épica y su tragedia vital.
Betancourt ha ganado diversos e importantes concursos. Con el libro Yo no maté al perrito y otros cuentos de enemigos (2013) recibió el Concurso Internacional de Escritura Creativa en Venezuela. Con Una codorniz para la quinceañera y otros absurdos (2014) ganó el concurso literario de la Gobernación de Antioquia. Con Ataques de risa (2015) obtuvo dos: el Décimo Concurso Nacional de Libro de Cuentos UIS y el XVII Concurso Nacional de Libro de Cuentos Jorge Gaitán Durán. En 2016 se hizo acreedor del V Premio Nacional de Cuento La Cueva, con el relato «Beber para contarla», incluido en el volumen Bebestiario (2016).

Latitud conversó con el joven autor antioqueño.
P  Has publicado seis libros y todos de cuentos. ¿Por qué tu interés exclusivo en este género?
Es un asunto que tiene que ver con mi personalidad. Yo soy como el cuento: corto, intenso, sin adornos y, según mi esposa y mis papás, muy difícil. Aunque a veces me da por pensar que yo escribo cuentos y no novelas para acabar más rápido y poder dedicarle todo el tiempo y toda la energía a leer cuentos.

P  Sin embargo, tus libros, en especial cada uno de los tres últimos, guardan mucha unidad, coherencia interna e intertextualidad: los atraviesan el mismo personaje o el mismo tema, como en el caso de ‹Bebestiario›. ¿Son indicios de que pronto pasarás a escribir una novela o es solamente una forma de desarrollarlos?
Varias veces me han pedido que escriba una novela, pero lo que me gusta a mí, lo que más me encarreta es escribir cuentos. Porque el cuento no me deja opinar tanto, me contiene; ni divagar, no me deja filosofar, ni reflexionar, no me deja hablar más de la cuenta, no me deja, y yo soy muy malo para esas cosas. Pero, te confieso, si me llegan a ofrecer una finquita por escribir una novela pues escribo hasta dos o tres. Y sí, como vos decís, mis libros tienen unidad temática o un mismo personaje es el narrador y protagonista, esto lo hago porque me facilita la escritura y me ahorra muchos errores y contradicciones y tener que cambiar de lenguaje y de narrador y de tono y de estilo y de lugares, y me evita tener que lidiar con diez personajes distintos por libro sabiendo que yo no me aguanto ni a mí y yo mismo me salgo de mis manos.

P  Algo que atraviesa todos tus libros es el humor. Todas las historias giran alrededor de situaciones y personajes cómicos. No hay mucha tradición de comedia en la literatura colombiana. ¿Alguna razón especial de esa necesidad de la risa en tu escritura?
R  Que el humor esté presente en mi literatura se debe únicamente a los personajes que escojo. Yo cojo un pobre de espíritu, por ejemplo, y lo meto en un cuento mío y lo dejo que se desenvuelva tal como es él y listo. Entonces el humor mío no es mío sino de mis personajes: del pobre de espíritu y del arrancado que tiene que animar una primera comunión disfrazado de zanahoria o repartir volantes metido dentro de una empanada de espuma para sobrevivir, y del ladrón honrado… Lo cómico es lo que esos personajes tienen que decir por el simple hecho de ser ese personaje y además lo que les toca vivir por mi culpa, lo que les invento de vida. Es decir: yo pongo a esos personajes en mis cuentos como los recuerdo o como me los imagino y ellos solitos se encargan de ser ellos, y ellos son cómicos sin querer. Porque, te aclaro, yo no soy chistoso ni me interesa hacer reír a la gente ni nada, pero, eso sí, lastimosamente yo digo algo, por más serio o trágico que sea y hasta sin mirar a la gente a la cara, y la gente se ríe. También a varios personajes de mis cuentos como que les gusta parecerse a mí.

P  A pesar de todo, en tus libros impera un tipo de humor negro, un trasfondo de amargura o de tragedia en muchas de las historias. ¿Toda historia cómica necesita ese contrapeso interno?
R  El humor negro, la ironía y el sarcasmo sí son míos. Yo nací con eso. Se lo heredé a mi papá. También es mía la maldad. Una maldad contenida que como no puedo utilizar en la vida cotidiana porque sería muy grave, para no desaprovecharla, la utilizo en mis cuentos. ¿Cómo la utilizo? A los personajes les pongo zancadillas, los pongo a fracasar, a perder, me los invento pobres y feos y de malas y llenos de problemas, les pongo enfermedades y se las quito y les pongo otras más graves, me desquito de algunos volviéndolos hinchas del Nacional o uribistas o filólogos, los mato y los resucito y los vuelvo a matar dos y tres veces más duro y cosas así por el estilo. Ese humor es de ese de las puras ironías de la vida: a mucha gente buena le va mal y a la que le va mal le va más mal de lo que se merece. Cuando parece que se asoma una luz llega el totazo más fuerte y barre con las esperanzas. La risa y la desgracia ocurren a la vez.

P  También hay otros elementos constantes en tu estilo: la oralidad, la exageración, los personajes o ambientes barriales y marginales. Cuéntanos de esas predilecciones.
R  No soy capaz de escribir con ciertas palabras, ni tonos, ni sobre ciertos temas. Me gusta escribir como hablo, con mis palabras y con mis exageraciones, con el lenguaje de la calle, del barrio, el que le escucho a la gente común y corriente. Me gusta escribir sobre los personajes que me encuentro en los parques, en las fiestas, sobre un ladrón propio que tuve en Medellín que me robaba todos los fines de semana y que me está haciendo como falta en México, por ejemplo. Sobre lo que conozco y me interesa me gusta escribir.

P  Si algo ha quedado patente al lado de la relevancia y el reconocimiento que has ganado con tus libros es el ambiente de inquina y envidia que reina en algunos círculos literarios del país. ¿Cómo acusa esos golpes bajos alguien que en otros círculos más nobles y justos lo han llamado el Mike Tyson del cuento colombiano?
R  Lo de Mike Tyson del cuento colombiano tal vez sea porque cuando iba al estadio en Medellín, a la salida pegaba para el puestecito callejero donde vendían pata, lengua, chunchurria, chorizo, chuzo y no perdonaba el mordisco a la oreja

P  ¿Qué sensación te dejó la selección de Bogotá 39 (una convocatoria que escoge cada 10 años los 39 escritores de habla hispana más destacados menores de 39 años) en la que no figuraron escritores como tú, que indudablemente debieron quedar, ni otros, ni siquiera una mujer dentro de los seis colombianos?
R  Los que quedaron se lo merecen, seguro, pero hay otros escritores muy buenos que no quedaron y que también se lo merecían. Faltó espacio. Mi esperanza es Medellín 69. 
 

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