La pugna por el carbón de El Cerrejón en el siglo XIX

Sábado, Octubre 27, 2012 - 15:00

Uno de los grandes errores históricos que se persiste en difundir es afirmar que el escritor Jorge Isaacs descubrió la mina de carbón de El Cerrejón en La Guajira. Es de esos equívocos que se ignora de dónde salió o quién lo inició, pero sigue ahí, aunque huérfano, haciendo daño. Porque el propio Isaacs nunca lo dijo. Cuando el poeta recorrió La Guajira en 1884, ya la mina había sido descubierta 20 años atrás, el estudio del material estaba concluido y ese año se difundía en los Estados Unidos el primer proyecto empresarial para su explotación.

El descubridor oficial de la mina fue el ingeniero civil norteamericano John May. Contratado por el Gobierno Nacional, realizó la exploración en 1864, dos décadas antes de que Isaacs pisara esas tierras. May publica su informe en el Diario Oficial Nº 471 del 31 de octubre de 1865.

El análisis químico de la calidad de la piedra lo elaboró, en 1865, el científico bogotano Liborio Zerda, de la Universidad Nacional de Colombia. Posteriormente el estudio comparativo del carbón de El Cerrejón con los carbones de Escocia, que hizo John May en 1882, dio un sorprendente resultado: el mineral de La Guajira superaba en calidad al de cinco importantes minas británicas: más materia volátil y carbono fijo, y menos cantidad de ceniza, azufre y humedad.

John May lanza en Nueva York el primer proyecto de explotación comercial de El Cerrejón, se denominó “Proyecto de formación de una compañía americana para la explotación de las minas de carbón de la Goagira y el Valle de Upar asociada al gobierno de los Estados Unidos de Colombia”. La propuesta, traducida al español y publicada por la Imprenta de Padilla en Riohacha en 1883, incluía la construcción de una línea férrea desde la mina hasta el mar y un muelle.

Sin embargo, si se quiere hacer justicia a la verdad histórica, John May fue el denunciante de la mina, pero no fue el real descubridor. En los archivos de la Notaría Primera de Riohacha, en el tomo del año 1855 (29 años antes de la llegada de Isaacs y 10 antes de la llegada de John May), existe un documento que testifica a unos adelantados en esta historia; se trata de una sociedad comercial entre Juan Gómez Osío, propietario de las tierras, y el capitalista Antonio Cano, para explotar la mina de carbón en el sitio llamado Corazonal, jurisdicción de Barrancas.

La primera persona que plasmó en un documento notariado la existencia de carbón en La Guajira, sería el señor Gómez. Juan Gómez Osío, oriundo de Barrancas y residenciado en Riohacha, era casado con Luisa Daza, originaria de San Juan (Guajira), mujer viuda que trajo al nuevo hogar al joven Antonio Maya Daza, hijo del primer matrimonio. De la nueva unión nacieron Juan Gómez Daza, Domingo Gómez Daza, Juana Bautista Gómez Daza y Manuela Gómez Daza. Los Gómez Daza no figuraban entre los grandes ricos de la ciudad, pero era una familia de gran influencia política.

Para la época en que John May radica su descubrimiento en Bogotá, Juan Gómez Osío era un hombre mayor. Su hijastro Antonio, dedicado al quehacer político, se puso al frente de los negocios de la familia. Al propagarse la actuación del norteamericano, Amaya Daza demandó al Estado, pero no representando los intereses de su padrastro, propietario de las tierras, sino a nombre propio. Tal vez calculando que, más temprano que tarde, el anciano moriría y parte de las tierras las heredaría su madre y luego él.

René de La Pedraja, historiador que estudió el proceso jurídico, narra que Antonio Amaya Daza alegó que las minas de carbón estaban bajo su dominio y presentó unos títulos de 1778 y de 1782. Se ignora si el notario Juan José Brugés Escala tenía los instrumentos para verificar la autenticidad del documento de 80 años de antigüedad en esa época, sin embargo protocolizó sin reparos la escritura: “Antonio Amaya Daza presentó título original de propiedad que el gobierno español le entregó al señor don Nicolás Landaeta, en el año 1778, del globo de tierras nombrada El Cerrejón, y conocido también en el de tierras de Corazonal jurisdicción de Barrancas”.

En fallo de primera instancia en Riohacha, un juez le revocó a John May su reconocimiento como descubridor y se lo otorgó a Amaya. Sin embargo, Aníbal Galindo, secretario de Hacienda del Gobierno Nacional, sospechaba que algo andaba mal, al observar que los supuestos títulos que presentaron, curiosamente no fueron registrados en la Notaría de Riohacha sino hasta 1866, es decir después de anunciado el descubrimiento de las minas por May.
Dos años después de iniciarse el litigio, Gómez Osío fallece, inocente del proceso que adelantaba su hijastro. El 30 de diciembre del mismo año, Antonio Amaya Daza se presenta de nuevo a la Notaría y anexa otros documentos de propiedad; donde habla de El Cerrejón incluye ahora Los Corazonales y afirma: “en las cuales se halla la mina de carbón de piedras, descubierta, denunciada por el exponente”. Amaya ignora nuevamente el nombre de su finado padrastro.

La apelación a la Corte Suprema Federal no se pudo hacer porque el documento del fallo desapareció misteriosamente del Juzgado. Al final el Secretario de Hacienda volvió a declarar el 29 de agosto de 1883 que El Cerrejón pertenecía a la Nación.
Antonio Amaya Daza no se da por vencido, en los documentos elimina la palabra Cerrejón y mantiene Corazonal, terreno que pertenecía a su padrastro, –hoy parte del Cerrejón zona norte–, e intenta conseguir contratos y permisos para la explotación de la mina, con prestigiosos abogados como José Manuel Goenaga y Nicolás Esguerra. Así mismo, fue frustrado el intento de buscar financiación con el empresario François Víctor Dugán.

Por otra parte, la primera explotación de la mina tampoco fue la que inició el consorcio Carbocol-Intercor en 1985. En el siglo XIX se dio una pequeña explotación artesanal. Existe un documento que registra un embarque de carbón mineral desde Riohacha hasta Colón (Panamá) en 1883, realizado por el comerciante judío Samuel Pinedo, posiblemente para suministrarle al ferrocarril que unía ambos océanos. Los vecinos mayores de la zona de Barrancas dan fe de la existencia de por lo menos un socavón en Corazonal.

Jorge Isaacs apenas aparece en este asunto como un visitante más de estas tierras, miembro de una comisión científica que solo constató lo que John May había oficializado. Su interés en la mina era más de conseguir la concesión de explotación, quizás con la idea de recuperar la fortuna que su padre, minero de oro en El Chocó, le heredó, y que al autor de María se le esfumó de las manos.

Hace algunos años, la empresa Cerrejón bautizó su aeropuerto privado en la mina con el nombre de Jorge Isaacs, el personaje que menos tuvo que ver con el carbón de La Guajira en el siglo XIX. Se esperaba que una poderosísima empresa, que obtiene millones de dólares del suelo guajiro, se esforzara al menos en investigar un poco, y le hiciera honor al pionero del carbón en estas tierras, y no terminara contribuyendo a distorsionar la historia regional.

Cerrejón, una palabra del español antiguo, significa cerro pequeño. Ese “cerro pequeño” produjo el año anterior 32 millones de toneladas de carbón. Juan Gómez Osío, el verdadero descubridor de El Cerrejón, hoy se encuentra en el olvido. Parece que necesitáramos un padre famoso para sentirnos bien. Pero una cosa es tener la potestad, y otra, tener la razón.

Por Fredy González Zubiría

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