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Latitud 23 de Julio de 2017

La guayabera, camisa que viste al galán del viento

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Tomás Rodríguez Rojas

Historia breve de una prenda icónica del Caribe.

Según la tradición oral cubana, a la antigua Villa de Yayabo, localizada en la provincia de Sancti Espíritu, en el centro sur de Cuba y a cuatrocientos kilómetros de La Habana, llegaron los esposos José Pérez Rodríguez y Encarnación Núñez García procedentes de España, quienes levantaron su residencia en la ribera del río Yayabo. Después comenzaron a vender unas camisas muy singulares. Eran unas prendas largas y de vivos colores, aunque de un solo tono, sin cuello y con grandes bolsillos a lado y lado de la parte inferior.

La prenda llamó la atención entre los naturales de la región, quienes de inmediato comenzaron a lucirla con verdadero entusiasmo. Como bien sabemos de la enorme facilidad de los nativos del Caribe latinoamericano para asignar nombres y sobrenombres, pronto las camisas fueron identificadas como yayaberas, por asociación de ideas con el río Yayabo.

Con el tiempo las camisas irrumpían con nuevas galas que las tornaron más vistosas y elegantes. Primero fue el cuello, luego los puños, más tarde las aberturas a lado y lado de la parte inferior. Y siempre los dos bolsillos grandes, que en ocasiones eran cuatro.

Si tenemos en cuenta que la zona de Sancti Espíritu es famosa por sus extensos guayabales, entonces las camisas, además de vistosas se tornaron útiles, pues los nativos guardaban la olorosa fruta en los bolsillos. Cambió la prenda y también cambió el nombre, porque los habitantes de la zona comenzaron a llamarla guayabera.

Primero fueron yayaberas por el río Yayabo. Después guayaberas por la fruta y la asociación sonora. Del campo pasaron a las ciudades entre los sectores populares. Luego entraron sin licencia
en los eventos sociales y culturales de alto coturno y finalmente se entronizaron en las ceremonias oficiales.

Sin embargo, existen otras versiones. Algunos estudiosos del tema sostienen que la vistosa camisa nació en el archipiélago de las Filipinas y parece ser una combinación de prendas españolas y chinas. Luego arriba a las Antillas en una carabela española procedente del archipiélago oriental. Tuvo gran acogida en Cuba, donde va adquiriendo características propias más acordes con el contexto de la isla.

Otra fuente afirma que en la antigua villa de Yayabo, las mujeres confeccionaron estas camisas para comodidad de sus maridos durante las largas jornadas laborales en los duros cañaduzales. Incluso las adornaron con dos bolsillos en la parte inferior, para que ellos guardaran allí tabacos y golosinas destinados a mitigar la fatiga.

El profesor Esteban Pichardo, en su Diccionario de voces y frases cubanas, sostiene que en algunas zonas urbanas de la Isla la palabra guayaba es sinónimo de mentira. Allí llaman guayaberos, vale decir, mentirosos, a los hombres que engatusaban a las jóvenes con fantasías de todo calibre. Las tardes luminosas, que en el Caribe lo son casi todos los días del año, cuando los señores en mención lucían las llamativas camisas, se tornaban más fantasiosos. Según esta versión así nace el nombre de la prenda, pues con suma frecuencia la lucían los guayaberos, tan parecidos en la manera de ser con los pachucos mexicanos y los bacanes del Caribe colombiano.

De todas maneras, la auténtica guayabera cubana es confeccionada en tela de lino blanco o beige, aunque hoy las confeccionan de distintos colores: azules, amarillas y marrones, siempre en tonos bajos. Llevan dos hileras de bordados en el pecho y tres más en la espalda, cada una con un botón no muy grande en la parte superior. Al principio no tenían bolsillos. Luego les insertaron dos en la parte inferior, después dos más en la parte superior. En materia de bolsillos ahora las confeccionan según el gusto.

La vistosa camisa comienza a ganar popularidad durante el gobierno del general José Miguel Gómez, 1909 -1913, quien era natural de la provincia de Sancti Espíritu. Fue tanta la notoriedad de la prenda y tan arraigado el sentido de pertenencia de los cubanos por ella, que el presidente Ramón Grau Sanmartín decretó, en 1944, que a partir de ese momento sería el traje de gala en las ceremonias oficiales. Así fue, hasta cuando Fidel Castro entroniza el uniforme verde oliva que le restó alegría y colorido a las mencionadas ceremonias. Porque según el gobierno socialista la popular camisa fue emblemática durante varias administraciones corruptas y antipatriotas.

Uno de los precursores en la exaltación de la singular camisa como símbolo de identidad y pertenencia cubana fue Juan Cristóbal Nápoles Fajardo, poeta popular cubano conocido como ‹el Cucalambé›, quien figura entre los más relevantes decimeros de la Isla. Así describe a la guayabera en sonoros versos:

¡Oh, guayabera! Camisa
de alegre botonadura.
Cuatro bolsillos, frescura
de caña brava y de brisa.
Fuiste guerrera mambista
con más de un botón sangriento
cuando el heroico alzamiento
y por eso la bandera
tiene algo de guayabera
que viste al galán del viento.

Tomás Rodríguez Rojas: miembro Correspondiente de la Academia Hispanoamericana de Letras y Ciencias.

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