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Latitud 16 de Abril de 2017

“La ficción es también un territorio lúdico”: Gloria Susana Esquivel

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Esquivel, la imaginación como resguardo.

Fabián Buelvas

La primera novela de la escritora, poeta y periodista bogotana Gloria Susana Esquivel, ‘Animales del fin del mundo’, cuenta la historia de una niña y su relación con su familia a través de una imaginación fértil.

Un día, Gloria Susana Esquivel (Bogotá, 1985) vio una fotografía en la que dos niñas estaban unidas por medio de su pelo trenzado. La imagen la impactó tanto que evocó a sus amigas de infancia y sintió nuevamente el deseo de estar junto a ellas. «Quise hacer un relato que terminara con la imagen de dos niñas que se vuelven una sola», recuerda, pero la idea resultó tan poderosa que terminó escribiendo Animales del fin del mundo (Alfaguara, 2017).
 
La novela describe el mundo de Inés, una niña de ocho años que vive con su madre y sus abuelos que tiene la certeza de que el fin del mundo ocurrirá pronto y no entiende por qué los adultos no se preocupan tanto como ella. Inés tiene una amiga, María, con quien juega por toda la casa a ser una planta, un tigre, un gato, un halcón, un tiburón, transformaciones que le sirven para quitarse por un tiempo el miedo que siente hacia su abuelo violento, la separación de sus padres, su intrépida amiga, su inevitable cumpleaños y, en general, el mundo que la rodea.
 
En el libro, consigna el escritor barranquillero Giuseppe Caputo: «La revelación del mundo llega con la revelación de la tristeza, resignificada con el descubrimiento del lenguaje, que crece y florece de manera incesante a lo largo de las páginas». 
 
 P  ¿Cómo fue el proceso de convertir aquel primer relato en ‘Animales del fin del mundo’?
 
 R  Con el primer relato me di cuenta de que quería indagar más en el mundo de Inés y su familia. Recuerdo una frase de la escritora norteamericana Emma Cline cuando le preguntaron cómo hizo para escribir su novela Las chicas, y ella respondió algo así como que llega un momento en donde la escritura deja de ser tortuosa porque uno piensa tanto en sus personajes que quiere pasar más tiempo en ese universo que en el mundo real. Bueno, algo así pasó con Inés, su familia y su casa. La forma breve los sobrepasaba y todo el tiempo me encontraba pensando en nuevos detalles sobre los que quería hacer zoom.
 
 P  Inés tiene una imaginación desbordante a la que recurre cuando afronta problemas o situaciones violentas. ¿Funciona la imaginación como un escudo protector?
 
 R  Sí, sobre todo en la infancia, que es una época de desprotección total frente al mundo. Los niños están jugando todo el tiempo, inventando, imaginando, intentando poner palabras y darles algún tipo de sentido a las situaciones en las que se ven inmersos y que no logran comprender del todo. Creo que, en mi caso, esa idea de jugar e imaginar fue impulsada mucho más por la literatura, pues encontré en la ficción un territorio lúdico que me permitía vivir otras vidas e imaginar lo que se sentiría ser otras personas. La lectura, desde entonces, se ha convertido en compañía, escudo y también diccionario de esos momentos extraños y difíciles que comprende la experiencia humana.
 
 P  Lejos de ser feliz, Inés es una niña temerosa. ¿Considera que la infancia es un periodo hostil?
 
 R  Hay una cita de Flannery O´Connor que me parece muy acertada: «Cualquiera que haya sobrevivido su infancia tiene información suficiente sobre la vida para el resto de sus días». Existe un lugar común y es pensar en la infancia como una época idílica y que se debe resguardar a los niños de las cosas terribles del mundo, sin reparar que las dinámicas familiares o escolares muchas veces están llenas de tristeza y crueldad. Recuerdo que alguna vez Yolanda Reyes comentó en su columna de prensa que la infancia es un momento lleno de secretos a voces, pues los adultos quieren silenciar el lado más duro de la vida para resguardar a los niños, como si esa censura sirviera de algo a la hora de enfrentar el mundo, y que es la literatura la que le da voz a esos agujeros negros. 
 
 P  Te refieres a la literatura y la lectura como una manera de nombrar el mundo. En Kafka, por ejemplo, esta idea es imposible, pues el lenguaje es incapaz de develar la realidad. ¿Puede reflejar la literatura la totalidad de la experiencia humana?
 
 R  Precisamente ese es el juego en el que entra la novela. La intención de nombrar el mundo, de darle un orden al caos por medio del lenguaje que, se supone, es un sistema compuesto por X cantidad de letras que se combinan para generar X cantidad de palabras capaces de dar razón de lo que se quiere nombrar, y que, finalmente, es imposible. Inés es una narradora adulta intentando darle sentido a su infancia y fracasando constantemente, pues esos silencios y esos secretos están más allá del lenguaje. Por eso se recurre a la metáfora, deja su condición humana y se transforma en animal. Las metáforas muestran constantemente esos intentos fallidos por intentar explicar su experiencia. Por más que la narradora quiera nombrar ese mundo, este se le escapa a las palabras. Al final el lenguaje es solamente un balbuceo, un ensayo por intentar comunicar ciertas experiencias que no llega a buen puerto, pues los silencios impuestos sobre esta experiencia en particular son mucho más pesados y elocuentes.
 
 P  Hay párrafos del libro que parecen poemas en prosa. ¿Cómo es tu relación con la poesía?
 
 R  Mi relación con la poesía está mediada por la lectura y la escritura. Por la escritura, porque fue el primer género al que me acerqué de manera creativa, y el primer libro que publiqué fue un poemario llamado El lado salvaje, con la editorial independiente Cardumen, que salió el año pasado gracias a una beca del Ministerio de Cultura. Por la lectura, porque siento que aprender a leer poesía es también aprender a entender el peso de las palabras y sus múltiples significados. En un poema cada una de las palabras cumple una función y no existe de manera gratuita, existe para decir algo sobre la experiencia humana, y esa es una de las lecciones más valiosas que puede recibir cualquiera que se acerque a la escritura desde cualquier género. 
 
 P  ¿Qué viene después de ‘Animales del fin del mundo’?
 
 R  Seguir trabajando como periodista freelance y seguir escribiendo. Tengo en la cabeza ampliar un relato que saldrá pronto en una antología de nuevos narradores colombianos, y que me gustaría que se volviera novela. 
 
Fabián Buelvas (Corozal, 1985). Ha escrito los libros de cuentos ‘Espacios’ (publicación independiente, 2011) y ‘La hipótesis de la Reina Roja’ (Collage, 2017). Su novela ‘Tres informes de carnaval’ será publicada en 2017 por Lugar Común.

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