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Latitud 16 de Julio de 2017

La explicación de la Verwandlung

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Un cuento de Leonardo Escobar

Esta vida mía es realmente dura. Es más, sé que muchos de ustedes leerán mis palabras como las de un ser humano quejumbroso, pero, créanme, todo va más allá de las simples quejas de un hombre aburrido y harto de sus días. Esta tristeza mía llega mucho más lejos, llega hasta ese punto donde ya no se puede ni se desea vivir, ese estado en el que se siente que se vive para otros, cuando las razones para existir no son las propias: no es el alimento, una vivienda o las preocupaciones de un hombre cualquiera. No, la vida se ha convertido en una totalidad obsequiada a otros.

Desde que mi padre enfermó debo mantener a mi familia, la cual lo incluye a él, a mi hermana y a mi madre. Lo peor es que no lo ven como el gesto caritativo de un hijo interesado en el bienestar colectivo. No, lo ven como una obligación que ni siquiera puedo dejar de cumplir, aunque sea nada más con una simple actitud de despreocupación. Creo que si algún día dejase de trabajar, o me levantara tarde o me resistiera a viajar de ciudad en ciudad y los mirara fijamente al rostro diciéndoles: «es la última vez», me lanzarían una gran variedad de improperios y me pondrían de patitas en la calle de inmediato.

Ya ni puedo leer tranquilo. Si estoy leyendo, mi padre dice: «Gregor, creo que lo mejor que puedes hacer es ver qué clientes están atrasados en sus pagos». Yo nunca le digo nada, lo único que hago es mirarlo de soslayo y asentir de manera silenciosa. Ni siquiera puedo ir a ver cuadros en alguna galería del centro de la ciudad. Apenas llego, mi madre me da razón de todas las cartas que han llegado, de las deudas que debemos pagar, de la mensualidad de Grete para el profesor de violín, de tantas cosas juntas… Y para rematar, agrega la frase: «Si trabajaras más y no gastaras el tiempo viendo cuadros sin valor, las deudas serían menos y viviríamos más tranquilos».

Tal cual es mi vida hasta hoy. Pero creo que ya he encontrado el remedio para esta crisis que me está llenando la vida de un tedio insoportable. La solución llegó una mañana en que leía un artículo de una revista de entomología. El artículo decía:

En las cercanías de los bosques ubicados entre la Selva Negra alemana y los territorios del actual reino de Prusia se hallan estos insectos asombrosos. Son escarabajos de hasta un metro sesenta de largo y hasta setenta centímetros de ancho. Es, hasta ahora, el insecto más grande que habita sobre la tierra, al menos descubierto. Dentro de su dieta se ubican las hojas de los árboles, llegando a comer un tronco grande de abedul de un solo mordisco. Viven en grandes grupos dentro de fosas.

Si usted quiere ser tocado por la naturaleza, solo llámenos y sea testigo de una de sus tantas maravillas.  

Desconozco hasta qué punto lo anterior resulte cierto. La verdad es que llegó en una jaula enorme, a eso de las cuatro de la mañana. Nadie se dio cuenta. Lo dejé allí en mi habitación, tomé mis cosas y me fui de casa. ¡Que ellos se las arreglen con su nuevo huésped! Mientras tanto, yo voy en un tren hacia París.

Leonardo Escobar: escritor e investigador radicado en México. Es autor de ‘Corto metrajes’, serie de cuentos breves en los que se fusionan las fronteras de la prosa y la poesía. 

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