EL HERALDO
Facebook Twitter Instagram You Tube Google+
SUSCRÍBETE
El id es:node/146664
Latitud 10 de Diciembre de 2017

¡La comicidad es el alma del Carnaval!

El usuario es:

Foto:

Valter Rado, cómico italo-alemán.

Efraim Medina Reyes

El autor hace un repaso por la historia de la comedia, a la vez que reivindica su importancia y revela los nombres de los invitados de ese género al XII Carnaval de las Artes.

La comicidad, y por ende el cómico, parecen haber existido desde siempre. Al menos era ya una manifestación humana antes de que se le considerara un arte o un oficio. Se desconoce su origen y los nombres de quienes la ejercieron por primera vez. La comicidad simplemente surgió y ya en los primeros indicios que se tienen de ella, se nota su espíritu transgresor. La inclinación natural de quien la encarna es ser una respuesta a la modorra, el abuso o la exaltación. Una leyenda cuenta que hace aproximadamente cuatro mil años un bufón llamado Yuste, que servía a Chiu Shih huang-ti (el emperador que hizo construir la Muralla China y ordenó quemar los libros para que la historia empezará con él), realizó un espectáculo que contenía un mensaje sutil para su poderoso amo. Lo que pretendía Yuste con ese mensaje era persuadir a Chiu Shih huang-ti de suspender los trabajos de pintura que se estaban realizando en la Muralla y donde ya habían muerto miles de obreros. El plan de Yuste tuvo el efecto deseado y de esa forma el humilde bufón logró salvar a otros miles de una muerte segura. También se dice que Yuste suplicó al emperador, durante la quema de libros, poder conservar aquellos que contenían relatos de bufones ya que, aparte de ser inofensivos, no tenían ningún valor histórico. De nuevo Chiu Shih huang-ti complació a su bufón ignorando que en esas historias de bufones estaba descrita el alma y la vida de su pueblo con mayor rigor y exactitud que en todas las enciclopedias que había quemado y que, curiosamente, esos libros inofensivos salvados por Yuste de la quema, contenían el germen de inconformismo y anarquía que acabaría destruyendo su trágico reino de terror.

La figura del bufón aparece en todas las grandes culturas de la antigüedad. En algunas tumbas egipcias se han encontrado textos sobre el arte de los bufones y los sátiros. Sobre el mismo argumento ha habido hallazgos en China, el Tibet, Japón, África y la América precolombina. En Oriente, por ejemplo, existían los lubyet, especie de bufones que se dedicaban a imitar a los miembros de la familia real. Y en Grecia los bufones y farsantes aparecían durante la pausa de una tragedia o comedia, para burlarse de los artistas y hacer estrambóticas versiones de lo que el público estaba viendo. Al igual que sus subversivos antepasados el clown contemporáneo, el auténtico clown, sigue enfrentándose a cualquier tipo de poder o autoridad. El clown es el artista por excelencia y, a diferencia del intelectual, el escritor y demás comparsas que se toman en serio a sí mismos y reproducen las mismas mañas del sistema que critican ferozmente, jamás hace concesiones. El clown es la anarquía del espíritu y la libertad absoluta de expresión. En la lápida del matemático francés H. G. Topinard están grabadas sus últimas palabras: «Mientras exista un clown existirá el Carnaval y esto significa que podemos tener esperanza. Me pregunto si puede haber algo más cómico que un francés, al borde de la muerte, hablando de esperanza».

Abismos invertidos, considerada por muchos la obra maestra de J. Corolla, empieza con una pregunta que, a priori, cualquier hijo de vecino estaría en grado de responder: ¿Por qué lloran las personas? Según Corolla todas las personas lloramos más o menos por los mismos motivos y en general las razones del llanto son egoístas, insensatas y miserables.

El llanto, afirma, mide el temple emocional y la sensibilidad del mismo modo en que la risa refleja la fortaleza de espíritu y el nivel de inteligencia de un individuo o una comunidad. Por su parte el sociólogo guatemalteco Urbano Herrera sostiene en Profundidad aleatoria, su aclamada tesis doctoral, que el Carnaval transfigura el llanto de lo cotidiano y lo funcional en gesto, mofa y pantomima aniquilando así la lúgubre realidad que el poder nos impone como norma. El elemento activo de cualquier carnaval, incluso en aquellos más graves y adustos como podría ser el Carnaval de Venecia, es la comicidad. Y lo es por su capacidad de corroer y deformar el orden establecido y las mal llamadas buenas costumbres. En una entrevista que un periodista gringo le hace al cómico italo-alemán Valter Rado, este afirma que su oficio no es provocar la risa sino combatir el miedo a la muerte. Creo, decía Rado, que la muerte y su extrema seriedad se ha robado nuestra inocencia, nuestras ilusiones y futuro. La idea de la muerte nos subordina, vivimos para ella. Lo natural es que fuéramos serios, sumisos y disciplinados cuatro días al año y el resto fuera un largo carnaval.

–Significa esto que todos deberíamos convertirnos en payasos– replica el periodista a Rado.

–Payaso es usted o su amigo Trump –responde Rado–. Yo soy un clown.

La respuesta de Valter Rado no es simplemente una ocurrencia, a menudo las personas confunden la comicidad con chiste, humorismo o burla gratuita y nada en el arte cómico es tan banal o casual como podría parecer al espectador desprevenido. Schopenhauer ha escrito que la comicidad es la más alta forma de filosofía y que un gran cómico es más importante para una cultura y una sociedad que mil aburridos intelectuales. Desde el inicio la comicidad ha sido uno de los ejes fundamentales del Carnaval Internacional de las Artes, no solo por las grandes personalidades del arte cómico que han sido invitadas sino por la estructura misma del evento, su carácter y puesta en escena . El evento reúne en cada edición a representantes de todas las artes y oficios, incluso escritores, pero el público se ha ido familiarizando y espera con expectativa al nuevo cómico invitado. Por los escenarios del Carnaval Internacional de las Artes han pasado un puñado de los mejores clown y cómicos que existen en el mundo: Leo Bassi, Django Edwards, Cristi Garbo, Ennio Marchetto, Donati & Olesen, Paul Morocco & Olé… Cada uno de ellos, con sus distintas propuestas y su alto nivel estético, ha dejado una huella imborrable, como la del elefante de Obregón en La Cueva, en el público de Barranquilla. En el 2018 los cómicos invitados al evento son el ya mencionado Valter Rado, la temida bestia del teatro inglés Chris Lynam y el, literalmente increíble, acróbata, cómico y contorsionista belga Bart Van Dyck. Una trilogía que reúne formas muy diversas del arte cómico y que nos garantiza un divertido e imperdible XII Carnaval Internacional de las Artes. 

Etiquetas

Más de revistas