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Latitud 28 de Enero de 2018

Ilustrando el feminismo

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Valeria Fuenmayor

Una conversación con Raquel Riba Rossy y Ana Penyas acerca de sus proyectos gráficos sobre las mujeres.

Antes de que existiera la escritura estaba la imagen. Los dibujos siempre han sido un método usado por el hombre para comunicarse y han ido evolucionando con el paso de los años. Cada vez lo visual toma más fuerza, motivo por el que se ha llamado al nuevo hombre como ‹homo videns›. No es extraño que mensajes fuertes y potentes se valgan de ilustraciones para llegar a públicos más amplios, y las razones estén ampliamente documentadas en diversos estudios.

Es apenas lógico que una salida efectiva para hablar de feminismo sea a través de imágenes, con las que se pueden expresar un sinnúmero de ideas acompañadas de trazos simples. A través de una ilustración se pueden comunicar conceptos complejos que se convierten inmediatamente en accesibles, cercanos, humanos y reales. Todos nos volvemos un reflejo de lo que consumimos.

Las ilustradoras que se han valido de lo que mejor saben hacer, que es dibujar, para hablar libremente sobre feminismo son varias. Pero este artículo se centra en dos de ellas, ambas españolas: Raquel Riba Rossy y Ana Penyas. Por un lado, Raquel inventó a Lola Vendetta, un personaje que se ha convertido en un símbolo de empoderamiento femenino y amor propio. Por otra parte, Ana entrevistó a sus abuelas y construyó un relato sobre cómo era la vida de las mujeres de esa generación.

Lola Vendetta

Raquel a veces no sabe si ella fue quien dibujó a Lola Vendetta o si fue su personaje quien la creó a ella. «De cierta manera yo tengo la sensación de que Lola me dibujó a mí», dijo. Cuenta que desde que esta chica de camisa de rayas que va cortando la cabeza de los hombres que la acosan apareció, al igual que ella, empezó a llevar las uñas y los labios pintados de rojo.

Lola era la forma que Riba tenía para descargarse cuando sentía el peso del patriarcado en sus hombros. Bien fuese porque le decían algún ‹piropo› en la calle o porque algún hombre se pasaba de la raya. A cada uno de ellos le fue cortando la cabeza... al menos en papel.

Sus amigos y compañeras de piso que conocieron los dibujos la empezaron a motivar y le decían cosas como «esto es muy bueno, hay que publicarlo» o «no sabes lo que me pasó, deberías cortarle la cabeza a este tipo», y ese divertimento tan intimo poco a poco fue creciendo hasta convertirse en el fenómeno que es hoy.

«Una de las cosas que me suceden cuando arranco con Lola Vendetta es que me doy cuenta que yo hablo libremente de sexualidad. Y estaba viviendo en un apartamento de cinco mujeres y muchas me decían ‹ah, yo no me toco o me miro porque me entra la risa y me da vergüenza› y yo les digo, ¡pero es que eso es tuyo!», explica Raquel, al tiempo que agrega que gracias a eso entendió que no todas las mujeres tenían la misma relación que ella tenía con su propio cuerpo –aclarando que no consideraba que en un principio fuese la mejor, porque también se maltrataba mucho–.

A través de su personaje fue redescubriendo ese amor propio y motivando a todas las mujeres a que también comiencen a quererse así mismas. Fue abrazando su propio ciclo menstrual, al tiempo que lo normalizaba a través de sus dibujos. Lo mismo ocurrió con la vagina, que convirtió en un mandala ilustrando al clítoris con una flor.

Todo el trabajo de sus viñetas no es más que otra forma de hablar de feminismo. Para Raquel el feminismo es tener opción. Es decir, tomar las propias decisiones sobre qué se quiere o no hacer con el cuerpo propio. Así pasa con su personaje. Lola es una chica que expresa libremente cómo se siente con respecto a su cuerpo, a sus relaciones de pareja o su soltería, a sus amistades, frente al acoso callejero, el sexo, en fin, frente a la vida misma.

En cuanto a porqué el dibujo, Raquel lo resume de la siguiente forma: es su mejor manera para decir aquello que no se puede traducir en palabras. «Yo aprendí a dibujar mucho antes de aprender a hablar y nunca he dejado de hacerlo. No es que yo escogiera el medio, sino que era mi método de expresar absolutamente todo. Cuando hay cosas que superan tu léxico y vocabulario, la música, la pintura, las ilustraciones, la danza y todas esas extraexpresiones del ser humano, son las que consiguen terminar de definir eso».

Raquel estuvo en Barranquilla, en donde inauguró una exposición en la Galería La Scola de Bellas Artes. Fue una de las invitadas del XII Carnaval Internacional de las Artes, evento en el que habló con Daniella Cura sobre su personaje y feminismo el pasado jueves 25 de enero.

Todas estamos bien

Ana es diseñadora industrial, pero muy pronto de dio cuenta que realmente esa carrera no era a lo que quería dedicarse. Empezó a estudiar en la escuela de Bellas Artes y descubrió en la ilustración un camino para contar historias.

Primero se encargó de hacer memoria histórica, luego comenzó un proyecto en el que contaría la historia de sus abuelas y a través de ellas hablaría de feminismo. Esta vez la protagonistas no serían chicas jóvenes y modernas, sino mujeres quienes vivieron tiempos más complejos y más machistas.

«A mí lo que me pasaba es que yo también colaboro en una revista feminista que se llama Pikara, y notaba que se habla mucho en el feminismo de lo que nos pasa a la gente joven, pero esa generación que por lo menos en España es el pulso máximo del machismo que ha educado a nuestros padres y a nosotros, no se ha tratado excesivamente», explica Ana.

Comenta a su vez que no fue un trabajo fácil, porque retratar la vida de sus abuelas sin que el machismo que vivieron durante toda su vida se viera como algo denso y difícil de digerir fue laborioso.

Hubo un libro que le ayudó en ese camino, Usos laboriosos del franquismo, del cual saca una cita con la que empieza su propia obra. El texto explica cómo la guía del amor romántico fue la ideología que educó a todas las mujeres de la generación de su abuela. La misión de su vida era ser buenas esposas y cumplir con los deberes del hogar.

Cuando le contó a sus abuelas que quería entrevistarlas para un libro, una de ellas, Maruja, le dijo: «¿Por qué no escribes mejor una historia de amor?», sugiriendo que su vida era aburrida. Contrario a eso, Hermina, su otra abuela, se alegró mucho, puesto que es más extrovertida y le gusta hablar de su vida.

El resultado fue una novela gráfica que se mueve entre el presente, en el que está ella haciendo sus preguntas, y el pasado, reflejado en los recuerdos de ellas.

Lo del dibujo para Ana fue algo que se dio por azar. «Lo de hacer cómic salió por casualidad. Un profesor de la carrera nos pidió un ejercicio de hacer un cómic y así fue como empezó este libro. Pero yo no sabía nada de cómic, ni me veía tampoco ahí», relata.

El proyecto logró materializarse porque Ana fue la ganadora del Premio Internacional de Novela Gráfica Fnac-Salamandra Graphic, que cubría la publicación del libro.

Penyas estuvo participando en el Hay Festival Cartagena, en donde fue una de los más de 150 autores que se tomaron La Heroica por varios días. Espera volver a tener dinero y tiempo para hacer otro cómic.

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